Ramillete de remedios inútiles
Tratado de culinaria para mujeres tristes Héctor Abad Faciolince Alfaguara, Madrid, 2012. 136 páginas.

Conviene hacer alguna observación a «este manual de nimiedades» de Abad Faciolince. Publicada en 1996, reaparece ahora sin alteración aparente de su texto ni de su contenido. Dirigido a «mujeres tristes» y sin entrar en la delicada ironía de la dedicatoria (A mis cinco hermanas, mejor dicho, a mis seis madres) es evidente que la obra pretende ser poco más que un juguete literario. Elaborado con un ingenioso procedimiento de acarreo cultural, carece de estructura precisa: junto a aforismos ingeniosos surgen textos de una docena de líneas y capítulos de varias páginas.
El comienzo suscita la lectura: «Nadie conoce las recetas de la dicha. A la hora desdichada vanos serán los más elaborados cocidos del contento». Escritos con un ritmo literario muy bello, sobre todo en la primera mitad aproximadamente de la obra, el escritor sugiere remedios para los males del cuerpo, sin olvidar las enfermedades del alma. No falta el aviso para caminantes: «Mi fórmula es confusa. He hallado que en mi arte pocas cosas se cumplen. Desconfía de mí, no cocines mis pócimas si te salta la sombra de una duda». Con estos planteamientos, las páginas avanzan descubriendo remedios ignotos, productos exóticos, como misteriosas son muchas de las afecciones referidas. Todo ello veteado con opiniones diversas respecto a la mujer, a la que siempre se dirige en función afectuosa, apelativa: «No te enojes si pienso que tú no eres igual todas las tardes». Pero esta condición cambiante no es un reproche: «También la luna crece y las mareas bajan». Y, como epílogo para asuntos de amor, el consejo de la cocinera: «Ha sido tradición de cocineras hábiles que el banquete mejor no sea lo primero que se da». Pero nunca el escritor está seguro de sus afirmaciones: «No sigas estrategias, no hagas el sacrificio de esperar, también tiene su encanto dar el menú completo desde la primera vez». Sólo falta el verso famoso: Esto es amor, quien lo probó lo sabe.