Diario de León

«¿Hay que disculparse por vender millones?»

l. Julia Navarro publica ‘Dispara, yo ya estoy muerto’, un viaje a la revolución bolchevique.

jesús f. salvadores

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Publicado por
miguel lorenci
León

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Con seis años leía La dama de las camelias’ a su abuela costurera. Con doce había devorado El conde de Montecristo. La adolescente que soñaba con ser bailarina entre Madame Bovary y Ana Karenina lleva una década facturando long-sellers. Julia Navarro (Madrid, 1953) ha vendido mas de cinco millones de libros y no piensa disculparse por ello.

Vuelve a la carga con Dispara, yo ya estoy muerto ( Plaza & Janés). Recorre en un millar de páginas parte de los horrores del sigo XX, de la revolución bolchevique al enquistado conflicto árabe-israelí, para romper lanzas en favor del dialogo, la amistad y la empatía. «Estamos obligados a entendernos», resume su viaje de un siglo a través de dos sagas familiares confrontadas que confluyen en Tierra Santa. Comienza en San Petersburgo, donde la escritora presentó su quinta novela, con escalas en Jerusalén, Varsovia, Toledo, Madrid y París.

—No hay quinto malo ¿Es la mejor novela de Julia Navarro?

—La mas complicada, costosa y difícil. Con Dime quién soy hubo una ruptura y continúo en esa línea. Celebra la amistad y a la solidaridad a lo largo del terrible del siglo XX.

—No es política ni histórica.

—Refleja cómo los humanos venimos al mundo con un ‘pack’ que no pedimos: una religión, unas coordenadas socioeconómicas, familiares y geográficas determinantes. Es orteguiana. Explora cómo las circunstancias determinan nuestras vidas y Oriente Medio es casi el paradigma. Es una novela de personajes, de seres humanos en un laberinto, enfrentados a sus circunstancias que marcan la existencia o destroza millones de vidas. Hay dos familias confrontadas, obligadas a ponerse los zapatos del otro como única vía para comprenderse.

—¿Ningún personaje tiene las riendas de su vida?

—Nadie es dueño de su destino. Otros han escrito el guión y somos a menudo actores involuntarios de acontecimientos en los que no tenemos ni voz ni parte. Somos libres en apariencia para tomar las riendas de la vida y cambiarla. Pero romper con las circunstancias y el entorno es difícil. Genera angustia y no sabemos cómo hacerlo. Eso está en la novela.

—Es orteguiana, pero se mira en los espejos de Tolstoi, Balzac y Dumas.

—Me fascinan desde siempre. En esta novela son mi modelo más que nunca.

—Se remonta varias generaciones para buscar las raíz del conflicto árabe-israelí.

—Inglaterra y Francia trazaron tras la Primera Guerra Mundial un mapa de Oriente Medio que están pagando con sangre millones de humanos.

—Otros decidieron su futuro. Están condenados a entenderse y vivir juntos.

—Han de aceptarse o acrecentarán su sufrimiento. Deben sentarse, hablar, y tratar de entender las razones del otro. El Estado de Israel es irreversible pero es moralmente inasumible vivir a costa del sufrimiento y la desesperación de los vecinos.

—Las religiones, ¿son un veneno? ¿Seguiremos matándonos en nombre de Dios eternamente?

—Debían promover el respeto al otro pero durante siglos ha alimentando el odio y la enemistad. O convences o aplastas y destruyes a quien no cree lo que tú. Perturban la vida del ser humano y son lo más alejado de la idea de Dios.

—Los políticos, la corrupción, Bárcenas y compañía. ¿No dan para una novela?

—No. No me inspiran nada. Ni los políticos ni los chorizos dan para una buena novela. Imaginar otros mundos es mas sugestivo y agradecido.

—Abomina del término ‘best-seller’. ¿Prefiere hablar de ‘long-seller’?

—Tiene una connotación peyorativa. Long-seller, no. ¿Un best-seller es un libro que se vende y que se supone que por eso ha de ser malo? ¿Lo son El nombre de la rosa o Las memorias de Adriano ? ¿ Cien años de soledad ? ¿Hay que pedir perdón por vender millones de libros? No. Es un prejuicio. Léame y valore, pero no me prejuzge ni me critique por vender muchos libros.

—¿Qué le han enseñado sus lectores?

—El camino. Son más sagaces que yo. Muy generosos. Tienen la última palabra y hay que plegarse a su criterio. Me gusta que sean de todo tipo. Durante un tiempo creí que me leían más las mujeres y ahora sé que mayoritariamente mi publico es masculino. Y joven.

—Cinco novelones en diez años. ¿Cuántos millones de libros y de tonelada de ego?

—Ni un gramo de ego. Son más de cinco millones en una treintena de idiomas. Cifras mareantes que no me han cambiado. El periodismo te permite ver caer a plomo torres muy altas y relativizarlo todo.

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