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HACE SESENTA AÑOS, UN GRUPO DE JÓVENES ESCRITORES ABANDONÓ EL PAISAJE DE CASCOTES BÉLICOS PARA LABRARSE UN PORVENIR. SU CAMPO DE FOGUEO FUE ‘REVISTA ESPAÑOLA’, UNA PUBLICACIÓN MINORiTARIA E INDEPENDIENTE. SU MONITOR era MOÑINO, EL TÍO ROJO DE MARIANO RAJOY . divergente

La casa de Ignacio y Josefina Aldecoa era sede informal de la revista

La casa de Ignacio y Josefina Aldecoa era sede informal de la revista

Publicado por
ERNESTO ESCAPA
León

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En aquel grupo de jóvenes, que surte lo mejor de la literatura del medio siglo, figuran varios leoneses: Josefina Rodríguez de Aldecoa y Jesús Fernández Santos, además de Juan Benet. También entre los tutores, que arropan al depurado Antonio Rodríguez-Moñino (1910-1970), se encuentra Miguel Pérez Ferrero, el abuelo secreto de Alberto García-Alix. Tanto Josefina como Jesús ya han escrito sus primeras novelas, trastabilladas en las votaciones finales del Nadal. En el caso de Jesús, por dos veces: Los bravos , en 1952, y En la hoguera , en 1953. Benet publica en la revista Max (1953), una pieza teatral que rescatará desde León el Grupo Margen de Carlos Suárez en 1981.

En aquellos días cenicientos del medio siglo, Moñino sobrevive con un empleo en la fundación Lázaro Galdiano. Perdió su cátedra después de la guerra, mientras su mujer, María Brey, era desterrada, tras cuatro años de castigo, a Huelva. Se habían casado en la Valencia bélica, en el despacho de María Moliner, que fue su madrina. Moñino colabora con la Tipografía Moderna, a cuyo amparo funda en 1945 la Editorial Castalia. Allí imprime los boletines clandestinos de la Unión de Intelectuales Libres, para los que el historiador Tuñón de Lara hace el relato de la represión en León, donde sobrevive un par de años como panadero. Ya en Madrid, deja la costumbre del Café Gijón y se traslada al Lyon, entre Cibeles y la Puerta de Alcalá, donde tiene su tertulia con hispanistas extranjeros, colegas represaliados y jóvenes escritores que evitan los escaños oficiales.

BABIA, PARAÍSO DESCONOCIDO

La sede informal de Revista Española (1953-1954) será la casa de los Aldecoa, mientras el primer número lo bautizan con un porrón de vino en Salamanca, donde Ignacio remata la mili. Enseguida, Ignacio y Josefina Aldecoa emprenden su viaje Babia, paraíso desconocido , con el que inician la serie El camino al alimón . Nunca llegó a ver la luz y su segunda etapa ya apareció sólo con la firma de Ignacio: Cuaderno de godo (1961). La dirección de la revista la comparten Aldecoa, Ferlosio y Sastre. En año y medio, se publican seis números que suman 636 páginas, en un formato orteguiano, como Revista de Occidente . La edición corre a cargo de Altabella, el historiador del periodismo español, Gaya hace la crítica de arte, Luis Meana y Lola Aguado la de música, Miguel Pérez Ferrero la de cine y Sastre se ocupa del teatro.

Pérez Ferrero (1905-1978), a quien los colegas llaman Pérez Féretro por su carácter triste, fue poeta, periodista cultural y actor vanguardista antes de la guerra. Luego hizo biografías literarias y crítica de cine. Casado con la abuela de los García-Alix, se divorciaron con la ley de la República y ella se casó con un protésico de León. Haro Tecglen lo describe enviando dinero a la Rota para su anulación eclesiástica, pero cuando le llega, la novia lo deja por viejo. Su hija, que se casa con el oculista García Alix, lo conoce cuando ya es estudiante universitaria, por mediación de Berlanga.

LA MONTAÑA DE LOS BRAVOS

En la revista, Josefina Aldecoa publica dos relatos y traduce un cuento de Truman Capote, mientras Jesús Fernández Santos estrena su magistral Cabeza rapada y prosigue con Hombres y El sargento . Textos trizados de dolor y dotados de una poderosa alegoría: el niño que va a morir; el portugués asesinado que vino a tallar entre hoces la carretera del Curueño, y el viejo militar de la guerra de Cuba. Los recogerá en Cabeza rapada (1958), que recibe el Premio de la Crítica como mejor libro narrativo del año. También los relatos de Josefina los agrupa A ninguna parte (1961). En el último número, Josefina incorpora a su amiga de Espadaña Pilar Vázquez Cuesta, con la traducción de un relato del portugués Fernando Namora.

A la vez que va saliendo la revista, que apenas consigue 27 suscriptores, Moñino abre en Castalia la colección Prosistas Españoles Contemporáneos, donde aparecen libros de Cela, de Gaya Nuño, de Jorge Campos o de Díaz-Cañabate y se rescata Los bravos , de Jesús Fernández Santos, la novela de Cerulleda que antes de su tropiezo en el Nadal se había publicado como folletón en Ateneo , a lo largo de 1952. La revista fue sin duda una experiencia prematura, pero su plataforma resultará decisiva para el lanzamiento del grupo de narradores que firmará la mejor literatura del medio siglo. La revista desaparece pronto, por su escaso eco y por la falta de tenacidad de aquellos jóvenes, que poco a poco se desmandan cada uno a su bola. Pero quedará en la historia literaria como embrión de una generación importante. Un libro modélico de José Jurado Morales rescata su aventura.

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