Diario de León

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Un pueblo de novela

EL 5 DE MARZO SE CUMPLEN LOS SESENTA AÑOS DE LA PUBLICACIÓN DE LOS BRAVOS, LA NOVELA DE JESÚS FERNÁNDEZ SANTOS (1926-1988) QUE INAUGURÓ EL NEORREALISMO ESPAÑOL. SU ACCIÓN TRANSCURRE DURANTE UNA QUINCENA VERANIEGA EN CERULLEDA. . divergente

Jesús Fernández Santos y su familia

Jesús Fernández Santos y su familia

Publicado por
ERNESTO ESCAPA
León

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Las casas de Cerulleda se cobijan al abrigo de La Gabancera, entre la peña y el río. El pueblo quedó destruido durante la guerra y todavía hoy se ven, al lado de la carretera, los muñones de varios edificios de buena cantería destrozados. Los puentes son muy hermosos y están bien arreglados, pero resultaban incómodos para el tránsito rodado, así que en medio han construido otro paso moderno, práctico y sin gracia. Los antiguos se llaman la puente de abajo y la de arriba. En la de abajo está la zona de baños que contemplaba el médico al final de Los Bravos : «El médico salió al balcón. Colocó en él una silla y, sentándose, contempló el pueblo a sus pies: la iglesia hueca, la fragua y el río. Tres niños nadaban bajo el puente, en el postrer baño del verano». Al otro lado de la puente de arriba de Cerulleda, asoma la galería del escritor adosada al viejo molino que convirtió en su refugio. La placa de su nombramiento como hijo predilecto en los ochenta ha perdido bastantes letras, aunque el último verano le pusieron otra por los veinticinco años de su muerte. Más abajo asoma la casa del tío Bernardino con un escudo situado entre dos ventanas. Es la inconfundible cantina nueva que aparece en las primeras secuencias de la novela.

LOS BRAVOS DEL CURUEÑO

Jesús Fernández Santos nació en Madrid. Su padre, como tantos argollanos, había emigrado a la capital, siguiendo el rastro emprendedor del patriarca de los Fierro de Valdelugueros. Huérfano de madre desde los dos años, al morir también su padre en 1939, se acabaron los veraneos en los pinares de la sierra segoviana. A partir de 1940, pasará las vacaciones de su adolescencia en Cerulleda, en la cabecera del Curueño. Los bravos es la novela decisiva en el cambio de rumbo de la narrativa española de los cincuenta. Quizá por eso, fracasó en el Nadal, que no estaba para audacias y aquel año premió el folletón de una maestra asturiana. Parece broma, pero se trataba, sin duda, de una anticipación excesiva; un retrato neorrealista de la vida estancada de Cerulleda resuelto con una prosa moderna y una estructura secuencial, de ritmo cinematográfico, marcada por el recuerdo de la guerra, tan presente en las vivencias de aquellos confines.

La novela vio la luz en entregas de la revista Ateneo y fue recuperada para la literatura por Moñino, el tío rojo de Rajoy, en las ediciones valencianas de Castalia, con una portada del ilustrador Celedonio Perellón. A partir de entonces, se convirtió en la referencia inaugural de la literatura española del medio siglo y para los leoneses en la primera novela moderna que tomaba como escenario un lugar de la geografía provincial. Luego, vendrían otras, algunas de las mejores también de Jesús Fernández Santos. La bravura del título no equivale en este caso a valentía, sino a capacidad de encaje. Sus protagonistas son los vecinos, unos tipos doblegados que se adaptan al sometimiento.

UN RELATO ACTUAL

Ese conformismo colectivo, que tutela el cacique don Prudencio, se ve alterado por la llegada del nuevo médico y por el paso de un timador, que busca los ahorros de la gente «para formar un capital que asegure una vejez tranquila». Sesenta años atrás, otra vez el mismo engaño, que tantos abusos ha perpetrado en nuestros pueblos: Sofico, Forum Filatélico, hasta llegar a las preferentes de ahora mismo. El estilo es terso, directo y sin adornos. La estructura del relato teje con fluidez historias y estados de ánimo con una clara voluntad documental. Cuando se descubre el timo del viajante, el médico lo libra del linchamiento para entregarlo a las autoridades. Luego, se queda con la casa del viejo cacique y con su amante. El relevo garantiza la continuidad del sometimiento colectivo en un espacio aterido por el miedo.

Entre 1954 y 1964, Jesús Fernández Santos publicó otras dos novelas, un magnífico libro de cuentos, filma varias docenas de documentales y estrena su primera película: Llegar a más (1964), basada en uno de sus relatos. Le sirvió para matar el gusano y regresar a la literatura con más empeño. En 1956 alcanza con su novela En la hoguera , casi un libro de viajes por la geografía segoviana del Duratón, el premio Gabriel Miró. Dos años más tarde, los relatos de Cabeza rapada le valen el premio de la Crítica. Su tercera novela, Laberintos (1964) dibuja el tedio de un grupo de pintores y artistas durante una Semana Santa segoviana. Con estos libros, cierra el primer ciclo de su obra. Los relatos de Cabeza rapada (elegido mejor libro narrativo español de 1958) recrean el escenario de la montaña del Curueño, donde palpita la huella doliente de la guerra. Textos trizados de dolor y dotados de una poderosa alegoría, que anticipan el segundo ciclo de su obra, que culminará Libro de las memorias de las cosas (1971), la novela sobre los protestantes leoneses de Jiménez de Jamuz distinguida con el Nadal de 1970.

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