«Como una sepultura sin fondo que no se llena jamás»
l. Camilo José Cela recordó la tragedia ferroviaria de Torre del Bierzo en su ‘Mazurca para dos muertos’.

Una de las escasas imágenes tomadas en Torre del Bierzo el día del choque de trenes
Es conocida, y reconocida, la vinculación ferroviaria de Camilo José Cela. Por buena parte de su obra literaria ( Judíos, moros y cristianos , Viaje a la Alcarria , Viaje por la España negra ,…) asoman personajes ferroviarios con un mayor o menor entronque en la ficción. Al margen del asunto central que nos ocupa en este artículo, en Mazurca para dos muertos hay otras alusiones dentro de tono de la obra. Por citar algunos casos, aquel cuyos padres «murieron en un choque de trenes, no aplastados sino asfixiados», o el marido que «murió por falta de condiciones, el tren lo aplastó porque no tenía condiciones», el pobre «‘tatexo’ al que mató un mercancías en la estación de Orense».
«Llueve sobre la piel y los corazones»
«Llueve —escribe Cela en las páginas finales de la novela— ahondo sobre los pecadentos y los virtuosos, los sabidentes, los inocentes y los corrientes, nosotros, los leoneses y los portugueses, los hombres y las mujeres, los animales, los árboles y plantas y las piedras, llueve sobre la piel y los corazones y el alma, también el alma, llueve sobre las tres potencias del alma».
Las muestras de cercanía con lo leonés se dispersan a lo largo de las páginas de la obra. «… a Lázaro Codesal —escribe—, yéndole de frente, no lo hubiera matado nadie, ni un moro, ni un asturiano, ni un portugués, ni un leonés, ni nadie». O cuando afirma que «las ranas de la laguna de Antela son más antiguas que las demás ranas de Galicia, León, Asturias, Portugal y Castilla». La cercanía geográfica, bajo ese concepto que, sin nombrarlo, responde básicamente a la idea de noroeste, entronca con el hecho de tratarse de una novela que podríamos denominar gallega. Pero, al mismo tiempo, dados los parámetros cronológicos en que se mueve, supone, en la realidad, una distancia notable. «Crego de Comesaña gasta un carallo descomunal, famoso en todo el contorno y del que se habla incluso más allá de Ponferrada, en el reino de León». O al hablar de los Carroupos, que «no se sabe de dónde salieron, del país no son, a lo mejor vinieron de la Maragatería, más allá de Ponferrada, vinieron escapando del hambre o de la justicia, cualquiera sabe».
Mazurca para dos muertos es, a mi juicio, una magnífica novela en que aparece un amplísimo retablo cíclico de vidas señaladas por la sexualidad, la barbarie y la violencia física. La guerra civil es la referencia histórica de la novela, de excelente recreación tanto técnica como lingüística y estética. En ese magnífico y extenso retablo de personajes, que a uno le trae a la mente su Tobogán de hambrientos , no pocos son leoneses. Cela ha dibujado una extensa e interesante galería de personajes leoneses en esta novela. Desde ese «leonés vagabundo» a los perros de «tan buena casta», son, sin duda, los ponferradinos los de más nítida identidad, especialmente «Maruja Bodelón, la ponferradina de Celso Varela»: «Marujita Bodelón sentó cabeza y casó con un moro de la escolta de Franco que se llamaba Driss ben Gauzzafat. —Es muy bueno conmigo y en la cama se comporta como si fuera cristiano, lo que tiene mi Driss es un magué que parece el burro de San Fernando que, cuando descapulla, se caga el mundo».
Hay también personajes maragatos (Manuel García Prieto, el padre de «la familia del muerto que mató a mi difunto» era de Foncebadón, o aquel «vendedor ambulante, natural de Astorga», con quien se escapó la mujer de Pepiño Xurelo), de otros lugares (del santo Fernández «la enciclopedia Espasa dice que nació en Cea, provincia de León, lo que no es verdad…»).
«Como una sepultura sin fondo…»
La reciente y tristemente famosa tragedia ferroviaria de Santiago (23 de julio de 2013) llevó a no pocos periódicos a buscar en sus hemerotecas otros accidentes ferroviarios de cierta magnitud. En León se recordó uno de los mayores de la historia, acaso el mayor, con fecha de 3 de enero de 1944, que se produjo en Albares, Torre del Bierzo (túnel de El Lazo), y sobre el que se ha escrito en abundancia: en el interior del túnel colisionaron un tren correo, una locomotora en maniobras y un tren de mercancías.
Un terrible desastre fuera de lo normal al que no pocos añaden, además, la presencia, tres días antes, de un extraño revisor al que nadie conocía y cuyo rostro nadie pudo ver bien. Él anunció la tragedia. La cifra que se baraja oscila entre los 500 y los 800 muertos, cifra que ocultó siempre la dictadura franquista, muy atenta a minimizar siempre el accidente.
Mazurca para dos muertos alude a este accidente, alusión que aparece en las primeras páginas y que ahora reproducimos como testimonio para los interesados, con la advertencia previa de que estamos ante una obra de ficción:
«Afouto nació en 1906, cuando fuera la boda del rey Alfonso XIII, y casó a los veinte años con Loliña Moscoso Rodríguez, mujer que tenía tanto temperamento que había que sujetarla a palos. Loliña murió de una manera tonta, pisada por un buey espantado que la aplastó contra la puerta de la corte. Loliña era ya viuda cuando murió, llevaba cuatro o cinco años viuda. Afouto no tiene más que hermanos, ninguna hermana. Los padres de los nueve Gamuzos, o sea Baldomero Marvís Casares, Tripeiro, y Teresa Ventala (o Fernández) Valduide, Cachife, murieron en 1920, en el famoso choque de trenes de la estación de Albares, murieron más de cien, nada más salir medio abafados del túnel del Lazo, que es como una sepultura sin fondo, como una sepultura que no se llena jamás; por el contorno se dijo que a muchos los enterraron vivos aún, para ahorrarse papel de oficio, pero a lo mejor no es verdad».