Diario de León
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«Muchas gracias, Jorge Guillén, por su carta y por su poesía, muchas gracias por su amistad». El Octavio Paz más íntimo, el que se expresaba así en cartas a su amigo Jorge Guillén, es al que propone acercarse la Biblioteca Nacional de España en una exposición por el centenario de su nacimiento. Organizada con fondos de la institución en colaboración con la Aecid, la muestra es pequeña en su formato —«cuatro pinceladas» en forma de cartas, primeras ediciones, un grabado y un retrato, apunta a Efe el director cultural de la Biblioteca, Carlos Alberdi— pero no solo descubre al escritor, sino también al amigo, al pensador pendiente de la escena intelectual. Las dos cartas que se exhiben están dirigidas a Jorge Guillén, manuscritas a pluma, con algún tachón. La primera la escribió el 25 de abril de 1950 desde París, en respuesta a la que recibió del poeta de la Generación del 27, y que le asegura guardar «como un exorcismo y un talismán contra las malas horas y las malas obras, contra las malas lenguas y las inteligencias tibias». Porque, además de amistad, entre ellos hubo admiración. Tanta que el escritor mexicano le confiesa estar molesto por la «notícula» que le dedican «sus amigos de Insula», una crítica en la que le atribuyen influencias de Whitman «y el inevitable Neruda» y olvidan «las verdaderas. Y entre ellas (...) la suya». No olvida su posición crítica sobre México, «país enmascarado y tatuado», aquella que le llevó a renunciar a su puesto como embajador en Nueva Delhi.

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