poesía
Leopoldo María Panero en prosa
prosas encontradas LEOPOLDO MARÍA PANERO Edición de Fernando Antón, Visor, Madrid, 2014. 560 pp.

Leopoldo María Panero es fundamentalmente poeta, un poeta que suscita por igual fervor e incomprensión, admiración y desdén. Pero no sólo escribió poesía, páginas lúcidas y deslumbrantes junto a poemas que rozan el sinsentido, sino relatos y artículos que nunca dejan al lector indiferente. En distintos medios de prensa publicó Panero textos ensayísticos que ha reunido con arduo esfuerzo Fernando Antón con el título de Prosas encontradas: unos 200 artículos para los que ha arbitrado tres secciones: la primera acoge prosas diversas (poéticas, conferencias, reseñas, manifiestos, etc.); la segunda la componen los artículos publicados en ABC entre 1987 y 1993; y la tercera, los publicados en el clausurado Egin entre el 96 y el 98, cuando el poeta estaba recluido en el psiquiátrico de Mondragón. Prosas encontradas concluye con un apéndice de textos que fueron más o menos polémicos en relación con la poesía o la política. En total más de 500 páginas de prosas con el mismo aliento transgresor que caracteriza la poesía de Leopoldo María, el loco genial que parecía escribir con las llamas de un particular infierno en la cabeza.
Son muchos los textos de Prosas encontradas como para intentar ofrecer aquí unas breves ideas que sirvan de resumen. Puede afirmarse, con el editor, que muchos lectores de la poesía de Panero probablemente no conozcan sus textos en prosa, tan turbadores como su lírica, abrumado con temas como la psiquiatría o el psicoanálisis, la filosofía o la cábala, la sexualidad, la identidad o la poesía, taraceados con citas y alusiones de todo tipo en las que descubrimos sus devociones y obsesiones: Freud, Jung, Lacan, Hegel, Marx, Nietzsche, Derrida, Wittgenstein, Deleuze, Kafka, Mallarmé, Pound, Artaud, que forman, en el caso de los poetas, «una tradición de proscritos que, al igual que él, han sabido construir una obra moviéndose siempre en los límites».
No son textos cómodos: «en demasiadas ocasiones su lectura resulta casi imposible, pues emplea un lenguaje baroco, tortuoso cercano muchas veces al delirio». Pero la dificultad o la complejidad es el riesgo que ha corrido la gran literatura: Góngora o Mallarmé, Pound o Joyce, Eliot o Celan. En cualquier caso, y sea cual sea el asunto, lo que vierte el poeta es un pensamiento disidente que el «sistema» ha ido asimilando y domesticando, como ha hecho con el de otros genios malditos, sean Baudelaire, Artaud o Genet, pongamos por caso.