No es una gatomaquia
lo que aprendemos de los gatos Paloma Díaz-Mas Barcelona, Anagrama, 2014. 120 páginas.
No es, en efecto, ni mucho menos, esta obra de Paloma Díaz-Mas, una imitación de la obra de Lope de Vega. Presentado en tapa dura y con sobrecubierta, el libro sorprende por su brevedad: 122 páginas en los que la autora narra su convivencia con tres gatos: Tris– Tras, una gata (a cuya muerte asistió y la que dedica sesenta y seis páginas) y dos gatos, Tris y Tras, que ocupan el resto de la obra.
Como tantas personas, y muchos escritores en especial, Paloma Díaz-Mas se acerca al mundo de estos animales, misterioso en algunos aspectos. Sea uno o sea la pareja, la autora observa con admiración y afecto el comportamiento de estos animales y ofrece una hipótesis de lo que ellos pueden pensar del hombre, un tipo extraño que utiliza el cuerpo de forma muy peculiar. Tal vez, piensan los gatos, todo sea debido a la utilización que el humano hace «de la enfermedad Razón». La autora ofrece observaciones curiosas: el gato es el único animal que el hombre no ha conseguido domesticas y, paradójicamente «los gatos nos educan», lo que explica las páginas dedicadas a la forma peculiar en que los felinos van colonizando el espacio humano
Si el primer bloque culmina en el sentimiento de dolor por la muerte de la gata, en el segundo, la autora adopta un punto de vista distinto, prosopopéyico: piensa en qué será de ellos cuando les falte esa alegría de vivir. Pero el sentimiento de pesar desaparece al reflexionar en la condición humana:«Somos nosotros, una vez más, los que, enfermos de Razón, producimos sin cesar ideas lúgubres» (p.120). Están libres de estos temores: «Pero ellos son inasequibles a la angustia. Su miedo dura solo un momento: el momento en el que se produce». Mientras la autora reflexiona de forma existencialista,…»los gatos se atusan mutuamente con largos lengüetazos rosados».