La memoria de la infancia
te alquilo el cielo Aurelio Loureiro Eolas Ediciones, León, 2015. 172 páginas

E n la cuenca minera donde había nacido y crecido, como en la vida misma, la muerte estaba al cabo del día…», escribe en un momento el autor, que narra en tercera persona, en esta deliciosa recuperación de la infancia de un niño de la mina y sus circunstancias. En estos recuerdos, estructurados en torno a dieciocho historias y un epílogo, se observa la independencia de cada una de ellas, que, sin embargo, han de entenderse como un mosaico unitario argumental e intencionadamente. Por eso, me atrevería a decir que tiene no poco de novela, con la reiteración o aparición inesperada de personajes, situaciones, hechos y circunstancias que marcan un hilo conductor que atrapa durante todo el recorrido narrativo. Es verdad que los recuerdos se diversifican, se universalizan por tanto –la vieja escuela y algunos maestros, los abuelos y la familia en su lucha por la vida, la posguerra, los primeros amores, casi siempre platónicos, las iniciáticas y solitarias experiencias sexuales…-, aunque sobre todo se singularicen en el contexto minero de unos años especialmente difíciles: el permanente temor de un accidente o del grisú, la sirena anunciadora de la fatalidad, el hospitalillo, el ambiente de los bares, el pozo y el castillete… Todo, en fin, un contexto social en que los temores eran la verdadera conciencia de las gentes, teniendo en cuenta también, como subraya Loureiro, que es un regreso a «la infancia, ese mundo impreciso, donde se cruzan la realidad y la ficción, lo vivido y lo soñado». Soñaba ya entonces con ser escritor: «No le iba a resultar sencillo dilucidar el origen del seísmo que ha de producirse en el cerebro de un muchacho tímido y amedrentado por la realidad para que decida ser escritor en un mundo sin libros». Una sucesión de situaciones, personajes, parajes, realidades y durezas de su infancia, aderezadas con hechos dramáticos y el tono de ternura que imprime en no pocos momentos. Con un vocabulario justo y preciso, parte del cual inicia el proceso del olvido en «el valle», la intensidad de las emociones, los descubrimientos y las advertencias conducen a una intensidad narrativa que Loureiro sabe imprimir al relato, siempre en un tono sostenido de belleza y atracción.