Diario de León

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Con la inmensa mayoría

LA PEREZA HABITUAL DE QUIENES ETIQUETAN LA CULTURA CONGELÓ A BLAS DE OTERO (1916-1979) COMO POETA SOCIAL. UNA ANTIGUALLA SIN POSIBLE REDENCIÓN HASTA QUE LA EDICIÓN DE SU POESÍA COMPLETA RESCATÓ SU AUTÉNTICA DIMENSIÓN COMO UNO DE LOS MÁS GRANDES POETAS DEL SIGLO. EL MARTES 15 se celebra SU CENTENARIO. divergente

Retrato del poeta  Blas  de Otero (Bilbao, 1916- Madrid, 1979)

Retrato del poeta Blas de Otero (Bilbao, 1916- Madrid, 1979)

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ERNESTO ESCAPA
León

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M arcado en sus inicios por San Juan de la Cruz, Fray Luis y Santa Teresa, Blas de Otero publica en 1942 Cántico espiritual, que recoge sus poemas de veinteañero, mientras trabaja como asesor jurídico en la empresa metalúrgica Forjas de Amorebieta. Acaba de volver del frente levantino y las penurias de la menesterosa posguerra se alían en su infortunio con los agobios de la ruina familiar. Su padre había fallecido en 1932, después de padecer el derrumbe de su empresa consignataria de la marina mercante y trasladarse a Madrid como representante de la bailbaína Industrias Reunidas. Así que el joven Blas había salpicado sus estudios en el parvulario de los Maeztu, en los jesuitas de Indauchu y en academias de Madrid, donde se examina por libre en el Instituto Cisneros. En 1935 se licencia en Derecho, acuciado por las necesidades de la familia. Después de un par de años como asesor metalúrgico, publica en agosto de 1943 sus Poesías en Burgos en la revista Escorial y en el otoño se traslada a Madrid para cursar Letras. Reside en el colegio mayor Cisneros, donde coincide con Eugenio de Nora, que lo recuerda como «un hombre profundamente religioso, de una piedad extraordinaria». La angustia económica familiar lo acaba doblegando y le obliga a abandonar los estudios y a ingresar en el psiquiátrico de Usúrbil. La crisis religiosa, avivada con sucesivos ejercicios espirituales, prolonga sus avatares durante la segunda mitad de los cuarenta y se expresa en poemas como Déjame , aparecido en el número 47 de Espadaña , cuyo estruendo precipita la desaparición de la revista leonesa.

NOS QUEDA LA PALABRA

Un préstamo de Góngora sirve a Blas de Otero para titular el libro con el que entra, ya treintañero y no sin tropiezos, en la poesía española. Ángel fieramente humano (1950) fue rechazado en el Adonais de 1949 y publicado por Ínsula. Un año más tarde ve la luz Redoble de conciencia (1951), nuevo libro de su etapa existencial galardonado con el Premio Boscán. Ambos universos se abrochan en Ancia (1958), premio Fastenrath de la Academia, cerrando un ciclo de tensiones radicales entre expresión y silencio: «Escribo y callo».

Poesía metafísica y desarraigada, en la órbita de Hijos de la ira, atormentada por la angustia, que presenta al individuo como ‘ángel caído’ y alcanza el respaldo académico inmediato de maestros como Dámaso Alonso o Emilio Alarcos. Pero no sacude su cadena de cíclicas depresiones, con ingresos en sanatorios y tratamientos de electroshock. A partir de Ancia, la poesía de Blas de Otero releva la mirada a un Dios que llega a increpar, por la atención al «hombre concreto, social». Una poesía depurada y con dominio de la técnica, que engrasa su fluir con recursos como aliteraciones, préstamos literarios, frases hechas, increpaciones, juegos de ingenio o encabalgamientos abruptos. En 1952, se traslada una temporada a París, donde vive en casa de Manuel Azcárate y traba amistad con Jorge Semprún, quien recuerda en Autobiografía de Federico Sánchez (1977) la «frenética angustia» de Otero ante la publicación en Seghers de un nuevo libro «explosivo». En 1954, se implica con los mineros de La Arboleda, en cuyo tajo ingresa con los pintores Ibarrola e Ismael Fidalgo.

Poco después, emprenden un viaje de descubrimiento por Santander, Palencia, León y Zamora, que resultará pródigo en contactos y en versos: «Camino Tierra de Campos, torno a mi villa de hierro al rojo». En el verano de 1955 asiste al cantamisa del poeta Maruri en Santander y a finales de año Piti Cantalapiedra le publica Pido la paz y la palabra, conectado a la estrategia de reconciliación nacional del partido comunista. En Navidades viaja a Barcelona, al reclamo de José Agustín Goytisolo. Una vez allí, el pintor Guinovart le presenta a Alberto Puig Palau, millonario de izquierdas que protege a Ridruejo y edita Revista, quien le ofrece hospedaje y diez mil pesetas mensuales. En junio de 1958 le edita Ancia, galardonado con el premio de la Crítica. En febrero de 1959 asiste en Collioure al homenaje a Machado, con largas estancias en París, donde publica Parler claire. A finales de año, viaje a Moscú, donde conoce a Neruda, y a China. En 1960, aparece en México y Argentina como En castellano. Que trata de España (1964) completa su trilogía social «a la altura de las circunstancias». La aparición de estos libros y de varias antologías de su obra (Hacia la inmensa mayoría, 1962, y Esto no es un libro, 1963) supone un revulsivo en la poesía española. «Blas de Otero es él solo una entera clasificación», escribió Valente.

LA GALERNA

Entre 1964 y 1968, vive en Cuba, donde se casa con Yolanda Pina. Una temporada convulsa de hallazgos, desavenencias y depresiones. A su vuelta a Madrid, se reencuentra con la profesora Sabina de la Cruz, con quien había roto en 1963, que será su tutela hasta la muerte. De aquel trasiego surge Poesía e historia, inédito hasta las Completas de 2013. Sus mejores libros, que recogen su obra última y más madura, son las prosas poéticas de Historias fingidas y verdaderas (1970), y los versos de Hojas de Madrid (1969) con La galerna (a partir de 1974). El 19 de julio de 1979 treinta mil personas le rindieron homenaje en la plaza de las Ventas de Madrid.

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