el territorio del nómada |
Escritores a la greña
LA EVOCACIÓN DE JOHN DOS PASSOS Y SU INTENSO VÍNCULO CON ESPAÑA DESTAPÓ EL DESENCUENTRO CON HEMINGWAY, A RAÍZ DEL ASESINATO DE SU TRADUCTOR JOSÉ ROBLES PAZOS EN 1937. AQUEL CRIMEN IBA A TENER REPERCUSIONES EN LA OBRA DE AMBOS ESCRITORES Y REVIVE UNA TRADICIÓN DE CHOQUES Y PELEAS LITERARIAS CON EJEMPLOS TAN ILUSTRES COMO LOS CLÁSICOS GÓNGORA Y QUEVEDO O CERVANTES Y LOPE DE VEGA. divergente

Hemingway, de sobremesa con Frank Capra
E ntre otros muchos, no tan remotos ni distantes, aunque también célebres. Del bibliotecario de las Cortes de Cádiz, Bartolomé José Gallardo (1776-1852), padre de la crítica literaria española, al Nobel Pablo Neruda, que le cantaba coplas soeces por teléfono al también Nobel Juan Ramón Jiménez cuando España estalló en guerra. Tampoco fueron las únicas ni las últimas grescas literarias del siglo veinte. Es verdad que los poetas suelen tener la piel más sensible, pero no sólo los versolaris se tiran de los pelos. Si Juan Ramón se abroncó por tiquismiquis líricos con sus colegas Cernuda, Salinas y Guillén, el destierro le dio oportunidad de comprobar la naturaleza de otros agravios: en abril de 1939 asaltaron su casa madrileña de la calle de Padilla los falangistas Carlos Sentís, secretario del entonces ministro Sánchez Mazas, Carlos Martínez Barbeito y Félix Ros. Sentís alcanzaría, ya en la Transición, a convertirse en diputado centrista. En el asalto, apañaron centenares de libros e incluso el retrato de Juan Ramón firmado por Vázquez Díaz en 1916.
TIROS Y BASTONAZOS
Sin llegar al extremo mortal protagonizado hace 93 años, en el teatro Eslava de Madrid, por el luego doctor en Metafísica y catedrático de Literatura y Filosofía Alfonso Vidal y Planas (1891-1965). Vidal había nacido en la gerundense Santa Coloma de Farners, pero su familia paterna era leonesa. En 1913 le pegó un tiro a su amigo y colaborador Luis Antón Olmet, por el que fue condenado a doce años, de los que sólo cumplió tres. Catorce años antes, en 1899, Ramón del Valle-Inclán perdió su brazo izquierdo a causa del bastonazo que le arreó el periodista Manuel Bueno en el café de la Montaña. El golpe le incrustó el gemelo, produciéndole una infección que obligó a dos cortes: primero, por el codo; y luego, remontando el cercén hasta el hombro.
DIVORCIO AMERICANO
En el otoño de 1936, Dos Passos y Hemingway se asociaron para producir la película documental Tierra de España , que dirigió el holandés Joris Ivens, colaborador de la fundación Rockefeller. Ya entonces, muchos consideraban trotskista a Dos Passos, mientras Ivens era militante comunista. Él creía tener con Hemingway el control de lo que se iba a rodar. El anarquista Carlo Tresca le había advertido: «Si en España a los comunistas no les gusta alguien, le pegan un tiro».
Entonces ocurre algo que derriba a Dos Passos de sus convicciones. Al llegar a Valencia, donde está el gobierno de la República, acude a presentar sus credenciales ante la Oficina de Prensa Extranjera, que dirige Luis Rubio Hidalgo, con quien trabaja desde Madrid el novelista Arturo Barea. Rubio había anticipado un mes antes a Coco, el hijo de Robles, la más que probable ejecución de su padre. Pero no había confirmación y podía ser uno más de los rumores que enturbiaban entonces Valencia. Dos Passos aborda en un almuerzo al ministro Álvarez del Vayo, quien alega ignorancia sobre su preocupación por Robles. Desde Valencia se dirige a Madrid, dispuesto a seguir indagando lo ocurrido a su amigo y traductor. Esta pesquisa la relata con maestría Ignacio Martínez de Pisón en su libro Enterrar a los muertos . En Madrid, busca a su amigo Hemingway en el hotel Florida y sigue preguntando por la suerte de Robles, con creciente disgusto de sus interlocutores.
Los colaboradores en el documental rechazan su preocupación por la vida de un hombre en aquel momento histórico. También recibe el desdén molesto de Hemingway. Sólo lo entiende entonces el novelista Barea, que tiene reciente una amenaza de fusilamiento de Koltsov. Desde luego, no Bergamín, Alberti o María Teresa León. En el relato de Pisón aparecen como cómplices de sus pesquisas los leoneses Carlos García-Alix y Andrés Trapiello. También ilustran el desencuentro por Robles las memorias de Hemingway París era una fiesta (1964). Aparece Dos Passos como el «pez piloto a quien no hay forma de pescar, mientras a quienes confían en él se les apresa y se les mata». Un retrato inspirado por el rencor. La deriva ideológica de Dos Passos tampoco ayudó a su redención.
LA GRESCA DOMÉSTICA
Cualquier intento de agotar el asunto en una sentada choca con la profusión de ejemplos. De ahí, mi pretensión de abrochar la polémica desvelando tensiones cercanas, de las letras leonesas. En dos tragos, sin ánimo exhaustivo y menos de molestar. Dejando a un lado los dicterios de Cernuda, el ingenio lenguaraz de Borges, las insidias de Lorca y demás atropellos de tipos alérgicos a la discreción.
Neruda mantuvo enfrentamientos con su paisano Huidobro y con el nuestro, su viejo amigo Leopoldo Panero, a raíz de la réplica a su Canto general , dando suelta al desahogo contra Dámaso Alonso y Gerardo Diego. También los grandes amigos americanos, ambos premios Nobel, Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa llegaron a los puños en público hace cuarenta años. Como en el caso de Dos Passos y Hemingway, tampoco faltan palanganeros que atestigüen que el trompazo no cortó su contacto privado. Las pasadas Navidades cumplió la cuarentena el Parnasillo provincial de poetas apócrifos , recopilado por Agustín Delgado, Luis Mateo Díez y José María Merino, cuya edición original corrió a cargo del luego ministro Manuel Núñez Pérez. En su baraja de líricos figuran Victorino Crema, Isito Anglada y el pulcro Desiderio Carretero, trasuntos de Crémer, López Anglada o Pere Gimferrer. Entre otras maldades.