POESÍA
Sangre de la mujer, cáliz abierto
Poesía soy yo. Poetas en español del siglo XX (1886-1960) Raquel Lanseros y Ana Merino Visor, Madrid, 2016. 980 pp.

L a poesía escrita por mujeres va teniendo cada vez mayor visibilidad en un mundo en el que lo masculino ha venido rigiendo secularmente el pensamiento, las costumbres, el arte y la literatura. Aunque se ha avanzado mucho en el hecho de dar cuerpo a la escritura femenina, aún hay espacio para hacer que las voces de las poetas resuenen en un ámbito, el de las antologías, acogedor de voces masculinas en muy alta proporción. El canon de la poesía en español siempre ha adolecido de la ausencia de mujeres poetas, reducidas a un mínimo para salvar cierta cuota. De ahí la necesidad de las antologías de género, a fin de construir un canon equitativo. No puede soslayarse una tradición antológica que no quiero remontar aquí más allá de 1985, con Las diosas blancas de Ramón Buenaventura. En este ámbito hay que situar la nueva antología elaborada por dos mujeres poetas de ascendencia leonesa, Raquel Lanseros y Ana Merino: Poesía soy yo. Poetas en español del siglo XX (1886-1960) . Tras un prólogo justificativo y reivindicativo, la antología acoge voces de 82 mujeres poetas del siglo XX nacidas entre 1986 (Delmira Agustini, uruguaya) y 1960 (Ana Istarú, costarricense): poetas de uno y otro lado del Atlántico. De los 82 nombres, (introducidos por una breve referencia biobibliográfica), 28 son españoles desde el grupo del 27 al momento actual: Concha Méndez, Ángela Figuera, Elena Martín Vivaldi, Julia Uceda, M. V. Atencia, Clara Janés, Ana Rosetti.... Nombres de Hispanoamérica, universales, como Gabriela Mistral, premio Nobel en 1945, y Gioconda Belli y otros ineludibles, como —por citar algunos— Alfonsina Storni, Lydia Dávila, Yolanda Pedregal, Idea Vilariño, Ida Vitale, Olga Orozco, Alejandra Pizarnik, Diana Bellessi... Es inevitable echar en falta algunos nombres (Olvido García Valdés, por ejemplo, «invitada a participar»).
Tanto en América como en España, uno de los temas tradicionales de la poesía, la naturaleza, ha desaparecido casi por completo, en favor de las vivencias urbanas; el cuerpo y la sexualidad reclaman su espacio y sus derechos; es frecuente la presencia familiar, singularmente de los abuelos; persiste el interés por transmitir un pensamiento, acaso más que una subjetividad sentimental; hay, finalmente, libertad rítmica y vuelo imaginativo, más patente en la poesía del otro lado del Atlántico.
Son mil páginas de poesía de una variedad y una riqueza formidables.