Echenoz: «La novela es una moda cíclica»
l El escritor francés vuelve a la ficción con ‘Enviada especial’, cercano a la novela de espías . ENVIADA ESPECIAL Jean Echenoz Anagrama, Barcelona, 2017. 256 páginas
ALEJANDRO GARCÍA
E l escritor francés Jean Echenoz, que ha vuelto a la ficción con Enviada especial , una suerte de pastiche de la novela de espías, considera que la novela es como «una moda cíclica que sube y baja cada treinta años».
Echenoz, que participó esta semana en el festival barcelonés de literatura Kosmópolis, señaló que la novela y el aprecio del lector «es como una ola que sube y baja, y cada treinta años alguien dice que está muerta o cuando menos agotada, como si fueran ciclos regulares que hablan de la devaluación de la novelística».
Esa opinión lleva al autor francés a los años 70, cuando él comenzó su carrera literaria: «La ficción literaria estaba entonces sin aliento en Francia, a excepción de Patrick Modiano, que desarrollaba ya entonces una obra viva, singular y fuerte». Ese carácter cíclico hace que Echenoz no sea pesimista sobre el futuro de la literatura y por eso ha descubierto con sorpresa recientemente que los índices de lectura están aumentando en Francia.
Por las páginas de Enviada especial (Anagrama/Raig Verd) asoman un secuestro, un general conspirador, una moderna Mata Hari, una vieja gloria del pop con un pasado oscuro, un atracador vengativo, un hombre misterioso con una mancha en la cara en forma de mapa de Nueva Guinea, un asesinato, un dedo amputado y un complot contra Corea del Norte.
Para Echenoz, esta novela es «un punto de inflexión, pues desde hacía diez años había escrito libros más cortos, de corte histórico», y con este libro vuelve a la ficción del mundo actual.
La literatura de espías, en concreto, y la novela negra, en general, especialmente la norteamericana, han tenido mucha presencia en su vida como lector y esa influencia se traduce en su obra. «En los años 70, cuando comencé a escribir mi primera novela, la forma de la novela negra fue muy importante para mí, fue como una puerta de salida en un momento en que la literatura de ficción novelesca acusaba cierta fatiga, no sabía hacia dónde iba», dijo Echenoz, quien también confesó que no se encontraba cómodo en aquel paisaje literario.
En su propia evolución, el autor de El meridiano de Greenwich siente que, «a partir de los años 80 y 90, ha cambiado el margen de libertad», se siente «más libre para jugar con la narración, para escribir con menos rabia y adoptar más distancia del relato». Reconoce Echenoz que en un momento en que estaba en un callejón sin salida, hace diez años, fue una salida «escribir sobre cuatro vidas, desglosadas en tres personajes (Ravel, Zatopek y Nikola Tesla) y un período histórico (la Primera Guerra Mundial), como también fue una salida recurrir a las formas de la novela negra en los inicios». Escribir sobre temas históricos era al principio difícil, confiesa, porque era «un terreno virgen que no había explorado», pero, a medida que escribía, el camino se fue allanando, aunque también «aumentó el riesgo a repetirse», la principal razón de volver a la ficción: «Necesitaba un cambio, un desafío nuevo, y que volviera a ser difícil y peligroso».
Si en la novela de espías Lago hablaba sobre el comunismo, justo en el momento en que cayó el muro de Berlín, en Enviada especial , otra novela de espías, el comunismo vuelve a aflorar, aunque con un enfoque diferente, a partir de la utilización de Corea del Norte. «Es un país horrorosamente singular porque es una dictadura terrorífica, aislada, pero que está muy presente con titulares en la prensa a propósito de sus ensayos nucleares o los desvíos bancarios», sostiene.