POESÍA
Bajo el embozo de las sábanas
LA LENGUA DE LOS OTROS José Manuel Ripoll Premio Loewe, Visor, Madrid, 2017. 106 pp.
E n mi lectura del anterior libro de José Ramón Ripoll, Piedra rota (2013), fui anotando el aire conciso, concentrado en la meditación sobre el ser y sus heridas y vacíos. La piedra rota me parecía el símbolo de otras quiebras más hondas. La realidad perceptible servía de pista de despegue hacia otras realidades esenciales, como el tiempo o el vacío del ser. Concisión y concentración son también aspectos del nuevo libro del poeta gaditano, La lengua de los otros , organizado en tres partes, de las cuales la primera se configura como una reflexión sobre las «grietas de la memoria que duelen y supuran» y que retrotraen a la infancia con el ánimo de desvelar el origen de las cicatrices y heridas del curso vital. No hay un solo rasgo de bienquerencia hacia esa etapa inicial que suele mirarse con ternura. No hay una mirada indulgente, sino la agitación promovida por el miedo y la noche. Hasta la mano misma de la madre, acaso protectora, parece taxativa, acaricia y ahoga. Es la visión del adulto, el retorno a la casa vacía que también es la memoria, o mejor, con verso afortunado, el retorno a «las ruinas del recuerdo».
A esta poesía le va mejor la desnudez que el adorno, lo de dentro que lo de fuera, la sustancia reflexiva que la apariencia y mejor el centro que lo periférico. No hay en ella la menor concesión a la complacencia o la fruición, ni la hoja de un árbol que nos saque del ensimismamiento de aquel que «bajo el embozo de las sábanas» se autoflagela con un pensamiento inquisitivo sobre lo que significa el quevedesco «morir naciendo», acechado por contrarios como el ser y el no ser, el ser que no se es, el ser y la nada, el no saber «si he nacido o soy desde siempre» o, en breve trabalenguas, «un sin ser siendo». En esta segunda parte del poemario, estamos en uno de los límites de la existencia, en la fina línea entre el no ser y el nacer. Las «figuras del sueño» de las que habla el poeta son traídas por el pensamiento y por la angustia de una memoria imposible, pues habla de aquel momento sin memoria o solo con memoria de futuro que es el nacer. No es un asunto de fácil poetización, como no lo es el de la parte final, sobre el momento en que algo «brota de los labios / antes de ser palabra» y delimitar las cosas con un nombre. En todo caso son los poemas últimos más abiertos y expansivos, menos ensimismados, más atractivos, con un poema final en el que el poeta muestra su resistencia a «la lengua de los otros».