«Mis personajes se merecen sufrir»
l El genio del comic Frank Miller proyecta una historia sobre Superman y otra sobre el rey de Persia.

luca piergovanni
F rank Miller (Olney, Maryland, 27-1-1957) puede presumir de ser quien empezó a mostrar que los golpes de los superhéroes eran más profundos por dentro que por fuera (Daredevil ). O lucir el título de padre del Batman moderno (que más tarde encumbró a Christopher Nolan). O sacar pecho por recuperar la Batalla de las Termópilas para la conciencia de Occidente. Sin embargo, Miller disfruta simplemente porque es un joven conductor de autobús que cumplió su sueño de hacer cómics. No obstante, para valorar a Miller hay que mirar a su capacidad para transferir a ídolos juveniles disfrazados a ensayos del mundo adulto. Su toque particular es la oscuridad física y mental que rodea al cómic de DC desde que su Frank Murdock (Daredevil) viviera atormentado casi cada viñeta.
«Mea culpa», comienza socarrón en el Heroes Madrid Comic heredero del Salón del Cómic. Después, se aparta del rumbo actual de unos personajes que incluso en el cine se adentran en la cueva de las tinieblas: «Yo puedo responsabilizarme por lo que hice, pero no por lo que vino después».
Pero no puede ocultar un legado de héroes inundados por la noche. De la mente y de las manos del autor que ahora camina encorvado y con pasos pequeños surgieron el abogado que se plantea repartir justicia con mano dura en La Cocina del Infierno (Daredevil) , el Batman más al límite (El Caballero Oscuro ), el Leónidas que trascendió a la mitología en Grecia (300) y la ciudad más pecadora (Sin City ). Por supuesto, siempre con torturas de Miller a los protagonistas. «Mis historias representan mis propios miedos, seguro», concede. Pero, ¿por qué hace sufrir tanto a sus personajes? «Porque se lo merecen», contesta con su ambivalencia juguetona. «Es el tipo de imaginación que tengo, es cómo me lo imagino yo. Parte de la trayectoria de los héroes es superar obstáculos», justifica sobre sus obras una de las leyendas vivas del cómic.
A Miller, por supuesto, le encanta recrearse con la sombra que proyecta su personaje de carne y hueso, el autor de trazos duros como la mandíbula de Batman. ¿Tiene pensado un tebeo para el público infantil? «No quiero contestar algo siniestro», devuelve al tiempo que inclina su cabeza y bajo su sombrero de ala ancha se dibujan una sonrisa y una mirada que podrían ser el pilar de una trilogía de Wes Craven.
Después, sorprende al pedir a sus seguidores que aguarden un año para una posible obra para los más pequeños. No es la única obra que ahora ronda la cabeza de Miller. Quiere regresar a su lugar más querido entre viñetas, al lugar que gracias a la libertad le proporcionó más satisfacciones: la Hélade. «Ahora mismo no estoy leyendo muchos cómics, lo que más leo son libros de Historia sobre los que quiero hacer cómics, especialmente para hacer la segunda parte de ‘300’, que irá sobre el rey de Persia ,que quiere conquistar el mundo. Es una gran historia», revela. «Me inspira mucho lo que ha ocurrido en el pasado, como cuando hice ‘300’ y lo que estoy haciendo ahora (la continuación). Voy a contar otras historias, pero lo que ocurre hoy en día lo reflejo en mi trabajo. Ahora, con las elecciones presidenciales en Estados Unidos, es un momento muy confuso, bueno para los artistas porque se inspiran, pero no necesariamente para los personas», analiza un ferviente defensor de los derechos de autor que envió a Batman a «patear el culo a Al Qaeda» en Batman: Holy Terror . La última pieza de sus proyectos es Superman, quien cumplirá 80 años de su primera publicación durante el año 2018. «Tengo muchas ganas, lo estoy deseando. Es uno de los cómics que leí cuando era un niño. He hecho mucho de Batman, sería fascinante ir en la dirección contraria y darle un par de palizas a Batman», dispara.
Miller abandona el edificio y esta vez lo deja en pie. Ya no es el hombre duro que deploraba las películas de su Batman porque sus experiencias dirigiendo en el cine han sido opuestas (éxito con Sin City y fracaso con The Spirit ). «No hay ninguna adaptación que no me haya gustado», asegura sobre los que han proyectado en pantallas a los personajes que él moldeó con lápices y palabras. Sólo desliza una opinión ante futura la tercera temporada de Daredevil en Netflix, que se basará en una de sus historias. «Espero que hagan un buen trabajo», lanza otra vez enigmático. Para despedirse, uno de los autores más reconocidos por la crítica recuerda que dos leyendas del cómic le mostraron el camino de manera cruel: «Neal Adams me dijo que no sabía dibujar y Will Eisner que no sabía contar una historia. Entonces, procedieron a enseñarme». Luego llegó la oscuridad.