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La chispa de bordillo
CUANDO PASÓ POR LEÓN, UN OTOÑO DE ESTRENO DE LOS OCHENTA, JUAN GARCÍA HORTELANO (1928-1992), QUE ESTE MIÉRCOLES HUBIERA CUMPLIDO LOS 90, LIMITABA SU INGENIO A REFRENDAR CON LEVES ESCOLIOS LOS SUCEDIDOS DE UN BENET EN RONDA EVOCATIVA. divergente

El escritor Juan García Hortelano
Y sin embargo, aquel hombre ingenioso, chaparro y bonancible, ya había acreditado en sus novelas precedentes un manejo resuelto del humorismo para diluir solemnidades. «El hombre más grato que España ha dado en el siglo», según Juan Benet, aquel «tipo con cara de pájaro» a quien conoció en 1969, «veinte años después de lo debido». Niño de la guerra en Cuenca y Madrid, al morir su padre, en 1941, ingresa en el internado de los escolapios de Getafe, que recordará en su cuento El cielo palurdo . Cursa Derecho en la universidad y lecturas en el Ateneo, que combina con veraneos familiares en Segovia. En 1953 ingresa como funcionario en Obras Públicas, donde coincide con el poeta Ángel González. Militante comunista desde 1950, será uno de los tertulianos y viandantes madrileños que ponen de moda la contraseña Cultural leonesa para esquivar seguimientos y vigilancias políticas.
Su primera novela, Barrio de Argüelles , figura en el tropel de finalistas que arroparon la milagrería maragata del cura Martín Descalzo en el Nadal 1956. Cuando gana el premio Biblioteca Breve en 1959, con Nuevas amistades , Barral se asusta al recibirlo en Barcelona y confundir el semblante de su bigotito con aspecto de guardia civil. La novela destaca por la destreza de sus diálogos, que será siempre seña distintiva del novelista Hortelano, en combinación con su propósito crítico sobre un ambiente universitario sacudido por la urgencia de un aborto, que se queda en falsa alarma, pero dará pie a la conmoción de una estafa perpetrada en el mundo marginal de las chabolas.
Tormenta de verano (1962) recibió el premio internacional Formentor. Su publicación simultánea en doce lenguas y diversos países forzó el permiso de la censura en España. Varios matrimonios burgueses veranean en la Costa Brava y la aparición de una mujer muerta en la playa desata las pesquisas policiales y genera suspense entre los habitantes de la colonia. Al cabo, resuelta la intriga, queda como una simple tormenta de verano más y todos vuelven a la impostura. La BBC inglesa adaptó la novela como serie de televisión, mientras Nuevas amistades llegó a las pantallas en 1963 como película bastante digna, dirigida por Ramón Comas. Precisamente, la escritura de guiones cinematográficos vinculará a Hortelano con Marsé durante unos años de sequía narrativa, haciendo alarde de humorismo fluido e ingenio coloquial. La aparición de Tiempo de silencio y la llegada de las primeras novelas del boom decretó cautela en la narrativa española, que en el caso de Hortelano se prolongó durante una década hasta el otoño de 1972, cuando ve la luz El gran momento de Mary Tribune, «obra maestra de su narrativa», según Marsé, formando parte de un lanzamiento fallido de nueva novela española, en el que Barral y Lara mezclaron autores nuevos con rescates del pretérito, resultando un menú de difícil digestión. Sagarra apuntó irónico que toda aquella operación (en la que iban del brazo Carnicer con Ana Moix o Vaz de Soto con Félix de Azúa) era un lanzamiento con palmeros de El gran momento de Mary Tribune, novela esperada con sumo interés. Habría que aguardar a 1976, cuando surge el Savolta de Mendoza, y 1981, en que ve la luz el Belver Yin de Ferrero, para que novelas de nuevos autores españoles se conviertan en éxitos de lectores y prestigio.
En realidad, Hortelano llevaba trabajando en las más de 800 páginas de Mary Tribune desde 1963. Casado en 1964, en esa década dejó la militancia comunista, a raíz de la expulsión de Semprún, y publicó los cinco relatos de Gente de Madrid (1967), todavía cercenados por la censura. El salto de Mary Tribune sobre las dos novelas anteriores es la aparición de un humor con tinte de sarcasmo, que sigue vegetando en la abulia, pero con una conciencia incontenida de hartazgo. El protagonista detesta su empleo de funcionario y surte sus horas libres con veladas alcohólicas y galanteos, de los que trata de sacarlo la americana Mary Tribune (con traslado a una casa de la sierra a su cargo), sin conseguirlo del todo, pues sigue con la bebida y con sus escarceos. Así que el «gran momento» se queda en episodio efímero. Y Mary Tribune, en una novela tan conversada como bebida. El avance más llamativo se produce en su escritura, que pasa del diálogo desnudo al torrente expresivo sembrado de meandros.
En 1975 aparece su libro de relatos cervantinos Apólogos y milesios, que concluye con el titulado El día que Castellet descubrió a los Novísimos . De 1977 es su primer libro poético: Echarse las pecas a la espalda , que se reclama en la estela existencialista, y de 1978, su estudio y antología El grupo poético de los cincuenta , con un prólogo muy significativo. De 1979 es su cuarta novela, Los vaqueros en el pozo, donde aguza el taller idiomático en un escenario impreciso. Novela breve y a mi juicio fallida. Aquel mismo año ven la luz sus Cuentos completos en Alianza, que agrupan sus libros anteriores del género sin cortes de censura. Volverán recrecidos en 1997, mientras Mucho cuento (1987) reúne relatos de la década anterior. Su quinta novela, Gramática parda (1982), premio de la Crítica, consiste en una ficción metaliteraria. Sus capítulos se presentan como lecciones gramaticales que reflexionan lúdicamente sobre la actividad literaria y sus géneros. La novela erótica e irónica Muñeca y macho (1990) verá la luz con su nombre póstumamente, junto a otros textos que tenía en el taller, como el poético La incomprensión del comercio (1995) o páginas de sus memorias inconclusas.