Como comienzo, el epílogo
LA PRINCESA Y LA MUERTE Gonzalo Hidalgo Bayal Tusquets Editores, Barcelona, 2017. 188 páginas

H ay que advertirlo: la lectura de la obra puede comenzar por el Epílogo. «¡Oh Ko-si! ¡O Ko-si!» es una contraseña familiar y literaria persistente desde la infancia en la hija del autor. Significa «¡Cuánta agua! ¡Cuánta agua». De ahí el milagroso sentido de la expresión, explicable por la confesión del novelista: «Esta última frase formó parte de nuestras complicidades familiares…», que el lector debe comprobar en el libro. Esta lectura compartida se convierte en una devoción bibliográfica (adquieren y comparten docenas de libros de cuentos tradicionales) y, especialmente, oral: el narrador cuenta a su hija, en la playa por la mañana, un texto creado de forma casi espontánea. Por la tarde, padre e hija deciden si merece el honor de la composición escrita. Pero hay una cuestión temática que no debe olvidarse: «Nunca, sin embargo, el amor, la lealtad o las paradojas del poder precedieron a los dragones, los juglares o los mercaderes:». Y se nos advierte: «Siempre he partido del personaje en situación». Con estas observaciones se ennoblece lo descrito. Recogiendo el término y el significado de «fábula», las narraciones impresas fueron, justificadamente, veintiuna, con la particularidad de que se establecieron también los procedimientos narrativos: en todas las narraciones aparecería ‘la’ princesa y en todas las fábulas rondaría la muerte (la muerte a secas, no su personificación»). Así crece el contenido alegórico.
De este planteamiento, tan inesperado y original, surgen las veintiuna narraciones elaboradas desde la creación adulta y la imaginación infantil, sin olvidar el sentido bíblico. Algo orientador ocurre en el último relato, El espejo , que facilita a la princesa la realidad y el misterio de su vida. Un planteamiento sencillo, sólo al alcance de un autor con la creatividad e ingenio de Hidalgo Bayal, injustificadamente acaso… un poco desconocido.