Diario de León

Ourense, escenario de novela

LA CATEDRAL Y EL NIÑO Eduardo Blanco Amor Prólogo de Andrés Trapiello. Libros del Asteroide, Barcelona, 2018. 520 páginas

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ALFONSO GARCÍA
León

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A unque en la consideración y en el imaginario gallego A esmorga (‘La parranda’) sea la obra más emblemática de Eduardo Blanco Amor (Ourense, 1897-Vigo, 1979), el hecho de haber vivido durante la mayor parte de su vida en Buenos Aires quizá sea el motivo de que La catedral y el niño no haya sido valorada en su justa medida, a pesar de que merece ser reconocida como una de las mejores novelas españolas del siglo XX, que, además, no pudo ver a luz en nuestro país hasta 1976, publicada en la capital argentina en 1948. Andrés Trapiello, que escribe un prólogo esclarecedor, anota: «Ourense, la Auria de Blanco Amor, en los tiempos en que transcurre la novela, era una ciudad de quince mil habitantes: una catedral, una Audiencia, mucho clero, militares, el agro metido por todos los rincones, fuerzas vivas, gentes de orden y un puñado de liberales para dar colorido. Está todo visto y contado por un niño».

El niño, Luis Torralba, tiene ocho años. Sus padres están separados y habitan mundos completamente distintos: su madre pertenece a los ambientes burgueses y clericales de la ciudad; su padre es un pequeño aristócrata librepensador, un poco calavera, que vive en un destartalado pazo en las afueras. La infancia de Luis se desarrolla entre estos dos ambientes tan contrastados y tan ricos en personajes y situaciones que irán encaminándolo hacia un futuro muy distinto al que todos tienen pensado para él.

Coincidencia a la hora de considerar la obra como novela de aprendizaje, a modo de saga, con profunda conciencia social y civil, un punto de ironía y una enorme capacidad para contar. Realista y barroco. Buenos motivos y momento, sin duda, además de leer la excelente novela, para encajar a Blanco Amor en el espacio que merece ocupar en la historia de nuestra literatura.

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