Diario de León

«León merece mejorar la vida cultural»

Miguel Ángel Recio, exdirector del Inaem, publica una novela de suspense, ‘La oficina de la cuarta planta’. Filandó n El leonés Miguel Ángel Recio, Que no Pudo reabrir el emperador durante su etapa como director del inaem, publica su primera novela, ‘La oficina de la cuarta planta’, Un libro de suspense que presenta el viernes en Eutherpe. «En el libro siempre quise que hubiera referencias a Salientes, que es el pueblo de mis abuelos»

Miguel Ángel Recio en un acto del Inaem

Miguel Ángel Recio en un acto del Inaem

Verónica Viñas
León

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AMiguel Ángel Recio es difícil seguirle la pista. Al menos, en el terreno laboral. Este leonés de Salientes —el pueblo de sus abuelos al que considera su patria— ha sido director general del Inaem, de Bellas Artes, de Archivos y Bibliotecas, ha trabajado en el Museo Nacional del Prado, en el Teatro Real, en el Liceu, en el Auditorio Nacional, en el Museo Thyssen y en Patrimonio Nacional y sus Palacios Reales. Ahora ha vuelto al Tesoro Público. Lo que impresiona, con semejante currículum, es que tenga tiempo para la literatura. Acaba de publicar la novela de suspense La oficina de la cuarta planta, que presenta el viernes, a las 19.00 horas, en la Sala Eutherpe de León.

—¿De qué va ‘La oficina de la cuarta planta’?

—Es una novela que algunos han calificado de histórica y que yo considero más bien intimista. Aborda la historia de dos abuelos desde el prisma del nieto. Uno de ellos, Antonio, tiene su trabajo en el Palacio Real de Madrid y entra a trabajar en la Oficina Pro Cautivos, que creó Alfonso XIII, y de ahí es de donde viene el título de la novela. Luego se desarrolla con el misterio de unas monedas. Hay muchos personajes, porque la novela es también un homenaje a mucha gente.

—¿Gente real?

—Sí. Cuando presenté la novela en Madrid estuvieron los que habían sido mis jefes de la comunidad administrativa y se llevaron una sorpresa cuando les dije: «Estáis todos en la novela». Evidentemente, con nombres ficticios, hay muchos personajes de mi entorno y hay retazos de personajes de Salientes.

—¿Entonces, León aparece en el libro?

—Muchísimo. De hecho, las primeras páginas las escribí hace más de diez años y siempre quise que hubiera referencias a Salientes, que es el pueblo de mis abuelos, en la montaña de León. Es el pueblo de mis orígenes. Ha cambiado mucho. Los personajes que vivieron allí fueron personas rudas, recias, que tuvieron que sobrevivir en un pueblo de la alta montaña de León, con inviernos duros y aislados por la nieve y veranos en los que había que trabajar mucho para recoger la hierba de los prados. Siempre quise hablar de mis abuelos. Así que la novela nació allí.

—¿Cómo fraguó la novela?

—Había dos elementos históricos que quería que estuvieran reflejados: la Oficina Pro Cautivos y la salida de los cuadros del Museo del Prado durante la Guerra Civil hacia Valencia. Esos dos temas estaban vinculados a mis puestos de trabajo; el primero, en el Palacio Real, donde fui director gerente durante ocho años; y el segundo, como director de Bellas Artes. Todo eso fue conformando la novela, además de mi propia vida.

—¿Por qué una novela de suspense, es amante del género?

—Decir novela de suspense es demasiado; ya me gustaría que lo fuera. Hay una parte, que es la búsqueda de unas monedas que están escondidas y que todos quieren, que genera cierto suspense. Yo quería que hubiera ese suspense en la trama, para llevar a los lectores hasta el final, además de reflejar un Madrid de principios de siglo o la montaña de León y Salamanca. Siempre hay que crear un poco de suspense para que las novelas tengan gancho.

—¿Qué hace un gestor cultural en el bando de los creadores?

—Siempre he defendido que todos tenemos una parte artística, lo que pasa es que no siempre la podemos desarrollar. Yo dibujaba en mi juventud, pero es algo que he abandonado. Escribir es algo que he hecho siempre. Cumplir años y tener experiencias y menos miedo a romper la intimidad y mostrarse uno por dentro, me ha ayudado a tomar la decisión de escribir y de publicar.

—Dejó la dirección del Inaem sin dar una salida al Teatro Emperador, ¿tiene una espina clavada?

—El Emperador es un proyecto que no hay que dejar. León merece ese teatro y mejorar la vida cultural. No hay que esperar a la demanda, que la hay, sino hacer una mejor oferta. Creo que hay suficientes recursos. El Auditorio funciona muy bien, pero se le puede sacar más partido. Es verdad que las épocas de las inversiones en teatros han pasado. Ahora hay que hacer proyectos sostenibles. Hay que buscar que el Emperador tenga un proyecto sostenible detrás. Estaré encantado de ayudar a quien tome las riendas de ese asunto.

—Entre usted y Margarita Moráis fraguaron el proyecto MusaE, ¿se lo han agradecido?

—Ha sido un proyecto de éxito y salió muy bien porque había muchas personas vocacionalmente interesadas en que saliera bien. Margarita y yo hemos sido, quizá, más visibles, pero todos los directores de los museos, el equipo de gestores que había detrás y los músicos lo han hecho tan bien que es un proyecto que ha creado marca y una línea de trabajo. La prueba de que ha salido bien es que continúa, que ha habido hasta tres ministros después y sigue en marcha.

—¿Qué opinión le merece el actual ministro de Cultura, José Guirao?

—Le conozco porque tiene una tradición en el mundo de la cultura. Le llamé al poco de ser nombrado para felicitarle y para decirle que contase con mi colaboración para lo que necesitase. Es un gestor cultural que sabe de cultura y cómo se gestiona y las dificultades que hay. Estoy seguro de que lo va a hacer muy bien.

—Ha pasado por el Inaem, Bellas Artes, Acción Cultural... ¿cuál funciona mejor, con cuál se queda y a cuál no volvería?

—Es difícil. Tengo esa visión general de la gestión cultural en España. Además de esos sitios, también fui director gerente del Thyssen y, previamente, de los Museos y Palacios Reales. Afortunadamente, tengo una visión de muchos proyectos culturales. Todos funcionan muy bien, sobre todo, gracias a las personas que hay detrás. El mundo de la cultura funciona por la vocación. Yo me he sentido a gusto sobre todo cuando las personas estaban implicadas en el proyecto. Yo me he implicado también en los proyectos. Algunas tienen mayor agilidad. Las fundaciones, como Acción Cultural o el Thyssen, son más ágiles; pero la política cultural se realiza en el ministerio, por lo tanto es ahí donde hay que estar. Así que, desde distintas ópticas, todas son estupendas.

—Tras romper el hielo con ‘La oficina de la cuarta planta’, ¿piensa seguir escribiendo?

—Sí. Anteriormente ya publiqué una edición no venal de un libro de relatos cortos titulada Los cuadernos imaginados y otros relatos de la musa luna. La próxima novela ya está escrita y he hablado con una editorial. Espero que a finales de año podamos tener una segunda novela. Y estoy escribiendo otra. Cuando uno coge el entusiasmo de las cosas, se lanza.

—¿Cómo se titula la próxima?

—La seducción de la niebla. Los personajes son muy diferentes. En este caso, las dos protagonistas son dos chicas jóvenes muy amigas y una de ellas desaparece, porque acaba vinculada a una organización yihadista de Siria. La novela surge porque me impactó una noticia: había aparecido una chica alemana, cuando las tropas iraquíes entraron en Alepo, que había estado del lado de los terroristas. Además, porque estoy trabajando en el Tesoro Público en temas como este.

—¿Cómo acabó un hombre de la cultura en el Tesoro Público?

—Es mi segunda etapa. Ya estuve hace diez años. Es cierto que el mundo financiero está muy alejado del cultural, pero en el Tesoro lo que yo hago está más vinculado al servicio público, me dedicó a la prevención de la utilización del sistema financiero con fines como el blanqueo de capitales o a la financiación del terrorismo. Una de las primeras cosas que me tocó hacer estaba directamente vinculada con el mundo cultural, que era la protección de los bienes culturales que podían ser utilizados por los terroristas para financiarse. Así que el mundo cultural no se me escapa, porque además sigo vinculado a varias fundaciones, y ayudando cuando puedo.

—Como leonés, ¿tiene especial predilección por algún autor local?

—Me gusta mucho Luis Mateo Díez. A Julio Llamazares también le he leído muchísimo y me identifico mucho con él porque somos casi de la misma quinta.

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