Diario de León

POESÍA

La única certeza es lo inestable

Biología, historia Antonio Jiménez Millán Visor, colección Palabra de Honor, Madrid, 2018 118 pp.

Publicado por
josé enrique martínez
León

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D e los últimos libros de Jiménez Millán dimos cuenta en Filandón; se trata de Inventario del desorden (2003) y Clandestinidad (2011). Por ellos y otros anteriores se le suele incluir en la corriente de la poesía de la experiencia, al que claramente se asocia el nuevo, Biología, historia, dedicado al poeta más laureado de aquella tendencia, Luis García Montero, y cerrado con un largo poema que evoca al ideólogo y maestro de la misma, el profesor granadino Juan Carlos Rodríguez.

Biología, historia es un libro de poemas diversos, como de acarreo, pero de marchamo semejante. Al poeta nacido en Granada en 1954 le llegan imágenes del adolescente que recorría la ciudad de la Alhambra fascinado por los nombres de sus calles, afanado por conocerla y así descubrir no solo la ciudad, sino el mundo; pero son imágenes elaboradas poéticamente por el hombre maduro que empieza a sentir el peso del tiempo y que disiente del portugués Pessoa y su famoso aserto sobre el poeta, un fingidor capaz de fingir hasta el dolor que de veras siente. En el joven —señala Jiménez Millán— tal vez el dolor fuera exagerado y fingido, pero no cuando «los años sólo aportan / sentimientos de pérdida, / falsa serenidad, calma aparente». No extrañará, por ello, que el recuerdo del descubrimiento de la ciudad natal y del mundo por el lejano adolescente tiña de melancolía los poemas. La edad, el flujo temporal y la certidumbre de la muerte van trabando los poemas en cuanto al contenido, porque formalmente no se diferencian mucho unos de otros, como si estuvieran hechos por el mismo patrón. Hallamos una serie de poemas alusivos a la guerra civil y sobre circunstancias actuales que recuerdan aquella; el mejor resumen pueden ser estos dos versos: «Crecí sobre el recuerdo de una guerra: / hoy he de confesar que tengo miedo». Otra serie se compone de homenajes a poetas como Gil de Biedma, el mentor de los poetas de la experiencia, Miguel Hernández y Antonio Machado, evocando una vez más el episodio de su destierro y muerte, con el conocido último verso que escribió: «Estos días azules y este sol de la infancia». El cine puede encender algunas nostalgias, así como ciertos viajes a ciudades como Venecia, cantada por enésima vez como síntesis de belleza y muerte. No faltan tampoco los poemas en prosa en un libro de materiales diversos, con versos que cuentan tanto como cantan, gris y llano, sin lomas ni altibajos apreciables.

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