POESÍA
Solo como ficción el ser perdura
Galería de rara antigüedad Jaime Siles Visor, Madrid, 2018. 48 pp.
E l prólogo de Jaime Siles a su Galería de rara antigüedad explica su pasión por la Antigüedad Clásica, que la ha vivido e investigado con ahínco: «Este libro resume muchos años de estudio, pensamiento, contacto y experiencia de, con y sobre la Antigüedad». El poemario es un testimonio de fidelidad y amor, «un libro de ficciones y figuras que no tienen otro objeto que mi interiorizada vivencia de aquel mundo como lo imaginé». Lo que importa al fin es si estamos ante un buen libro de poemas, y así es. Conozco bien la poesía de Siles, singular dentro del grupo de poetas que sobrevivieron a los novísimos (Colinas, Carvajal, Carnero, Cuenca...); la conozco lo bastante para afirmar que Galería de rara antigüedad es uno de sus poemarios de mayor enjundia.
Los títulos de los poemas («Odisea, nueva versión del canto XI», «Antístenes el cínico», etc.) pueden hacer pensar en narraciones en verso; hay narración, pero sobre todo pasión y poetización del mundo de la Antigüedad encarnado en los sucesivos yos del poeta; también reflexión sobre los hechos poetizados y su aplicación moral o vital, algo que de algún modo evoca el viejo exemplum retórico. El primer poema, pongo por caso, alude a las lecturas de la Ilíada desde los dieciséis hasta los sesenta y cinco años del poeta. El yo ha contemplado la muerte de familiares y amigos, mientras los héroes de ficción perduran en la mente de los lectores, condenados estos «a un oscuro y anónimo morir». No trata el poeta, por lo tanto, de resucitar un mundo que está vivo, sino, como él dice, de entrelazar pasión, vida y cultura en el amor a la Grecia antigua y al ejemplo que representa. Aquellos hechos y aquellos héroes no son ajenos a nuestras vidas; de ellos aprendemos, además de complacernos con sus encontradas aventuras. Así ocurre con «Meránides el frigio», que mira embelesado los caballos tracios y disfruta de una momentánea visión en la que los vio ascender al cielo transparentes y azules, instando el poeta a que contemplemos esas fugaces visiones que los dioses nos conceden, que veamos las cosas como el frigio vio a los caballos, «estatuas de bronce / fundidas para siempre en un aire sin tiempo / transparente y azul».
Los poemas de Siles narran, instruyen y deleitan, como quería Horacio; manifiestan la fe del poeta en la palabra, que es vida y transcurso, que genera en las sucesivas generaciones placer y pasión, que «está empezando siempre cada vez».