Contra la crisis de valores. 'Nuestro reflejo', de Diego García Paz

Diego García.
Lleva ya unas 700 páginas dedicadas a la saga de la justicia a través de personajes. Y sigue ahora con Nuestro reflejo, en el que da un paso más en cuanto a una exposición amena y literaria de la ética. Diego García Paz es autoridad en la materia tanto a nivel profesional como en la inquietud de un intelectual volcado en el saber filosófico y su utilidad. Dicen frases que parecen material necesario para estos tiempos. Es letrado jefe del Servicio Jurídico de Civil y Penal de la Comunidad de Madrid. Allí vive pero con el corazón siempre latiendo en leonés. Y define así este nuevo trabajo: «En este nuevo libro sigo con el camino de traer a la actualidad personas y personajes de todos los tiempos, con la finalidad de demostrar que un mundo sin ética (personal y pública, tanto del ciudadano como de los dirigentes) nos lleva a la destrucción de aquello en lo que nos hemos construido durante siglos: una civilización. Porque el Derecho (verdadero, asentado en la ética) y la Justicia son los pilares de nuestra vida. Hay un detalle que quizá marca bastante el carácter de Nuestro reflejo, y que en los anteriores libros de la saga también estaba, pero más velado: lo emocional, los sentimientos. Esta una faceta más de la humanidad, y tiene su muy importante papel: cómo los buenos sentimientos, y los malos o los muy malos, han marcado el devenir de la historia. No hemos cambiado mucho.
—¿Qué has buscado y encontrado en cada personaje que te ha servido para continuar esta trama?
—Como decía antes, lo que pretendo es hacer muy próximo al lector algo que parece técnico y muy especializado, y no lo es realmente, como es la idea de Justicia y la utilización del Derecho para un fin noble o malvado. Porque el Derecho, como herramienta de la Justicia —siendo ésta una virtud, y por lo tanto ubicada en el plano ético— puede pervertirse hasta tal extremo que se utilice para fines espurios, totalmente separados de su razón de ser. En el fondo, detrás de quien emplea el Derecho hay un buen o un mal sentimiento, que o bien conduce a utilizarlo, con objetividad, para plasmar un resultado justo, o bien para otra cosa, haciendo de la ley un arma o una forma de justificar intereses personales de quien la promueve. Cuando en el libro analizo a ciertos personajes protagonistas de películas cinematográficas, esto se ve a la perfección; lo mismo que cuando traigo a héroes históricos o legendarios de España y les contrasto con algún que otro personaje ciertamente depravado y en su tiempo además revestido de poder, lo que fue una combinación ciertamente terrible.
—Eliges un propuesta literaria, para hablar de filosofía, ética, derecho... además de tu vocación de escritor, ¿te permite añadir un punto de vista que te acerque al lector?
—Por supuesto, claro que trato de ponerme en el lugar del lector, y no es difícil hacerlo, porque todos hemos tenido la sensación de injusticia. Cuando hablamos de algo que se siente, nos movemos en un plano que no es el de lo material, el de lo positivo. Va más allá y en eso precisamente todos nos hermanamos en cierta forma. Así, con esa rabia que genera el sentimiento de injusticia, el relato de cada personaje que obra en el libro se vuelve muy cercano, y me sirve para explicar cuál es el origen de esa emoción y lo que se puede hacer para que no sea tan predominante.
—Dices que en este nuevo libro a través de los personajes planteas el reflejo de la realidad de nuestro presente y orientar los pasos hacia un destino menos ominoso. ¿Crees que el contexto actual requiere más que nunca esa atención a la ética?
—Desde luego. Por desgracia el mundo actual está sumido en una crisis terrible de valores. Hemos empezado 2026 de una forma ciertamente preocupante. Yo lo veo como un regreso al medievo, con la diferencia del contexto tecnológico. Necesitamos un renacer del humanismo, un Neo-Renacimiento, por así decir, que vuelva a priorizar la formación filosófica, la ética, la cultura, como premisa mayor de nuestra convivencia. Justo lo contrario estamos viviendo hoy, y esto se revela desde el mismo momento en el que las inteligencias artificiales prácticamente están ya dominando el mundo, con la aquiescencia humana. ¿Por qué? Pues esencialmente por falta de conocimiento de que lo primero no es la tecnología, sino unos derechos humanos y fundamentales que nacieron hace mucho tiempo de la mano de grandes intelectuales y filósofos y que pasaron al Derecho a través de movimientos claramente filosóficos, luego sociales y finalmente cristalizados en las normas jurídicas. Estamos en un tiempo de formas, no de fondo. E incluso ya las formas ni tan siquiera se respetan.
—¿De qué tradición literaria, filosófica y autores bebes como fuentes de inspiración y aprendizaje?
—Pesa mucho en mí mi condición jurídica, y esto me facilita ver más allá de las apariencias, porque la norma tiene un sustrato que no se ve a primera vista, y que es lo más importante de ella. De hecho, todos sabemos que se construyen realidades aparentes que encubren otras aún peores donde anida el delito. En lo intelectual, soy muy próximo a ese humanismo clásico de Erasmo de Róterdam, de Tomás Moro, con su fina y punzante ironía, y en Nuestro reflejo me he volcado especialmente en una figura del arte capital, como es Velázquez, a quien además está dedicado el libro, junto con Madrid. El capítulo de Velázquez ejemplifica muy bien ese carácter sentimental que tiene este libro. Solo diré que se trata de una carta escrita del puño y letra de un gran personaje español que se refiere a un momento de su vida que el pintor plasmó en un cuadro inmortal y entre ambos se genera una conexión, una reflexión, que llega al día de hoy haciéndonos partícipes. El título del libro es el del capítulo dedicado a Velázquez.
—Son cinco libros ya al respecto. Supongo que sería un filón para toda la vida. ¿Pero tienes previsto algún número redondo?
—Así es, se trata de una saga, y lo que pretendo es que continúe sine die. Tengo en mente hacer de la Saga de la Justicia un proyecto de vida, de corte enciclopédico, porque me gustaría que estos libros, el día que yo falte, puedan servir a los lectores para tratar de ver la realidad con la mirada adecuada y evitar un futuro que, por desgracia, yo no lo veo muy luminoso dado el camino por el que nos conducen. El límite será mi salud y mi vida. Y hoy por hoy estoy a pleno rendimiento y con fuerte inspiración.
—Puede que cuanto más se apele a la ética más se la ignore en la actualidad. Yo pienso por ser optimista que hay ciclos y este no es muy allá... ¿Tú te atreverías a hacer un diagnóstico?
—Es cierto que la historia de la humanidad no es lineal. Coincido en que en el día de hoy estamos en la pendiente descendente. En bajada a gran velocidad. Se ha dejado atrás lo que es verdaderamente importante, que no es precisamente ni lo material ni lo económico, porque estas cuestiones como no vengan precedidas de un sumo respeto a la condición ética del ser humano se convierten en monstruos que devoran como Saturno a sus hijos. Y con el Derecho lo mismo. O cambiamos de perspectiva y priorizamos la cuestión de los valores éticos y morales o —ojalá me equivoque— esta humanidad llegará a un punto en el que no podrá levantarse, y, es más, ni querrá hacerlo porque se verá cómoda así y desarmada culturalmente para darse cuenta de lo que pasa, privada de una crítica elemental.
—Volviendo un poco al contexto. ¿De dónde hay que sacar el optimismo para que de alguna manera se revierta esta ausencia de ética que de alguna manera se ha impuesto como forma de actuar?
—Ese optimismo que nos lleve a un cambio de rumbo creo que pasa, necesariamente, por el conocimiento, por la cultura. La vuelta al humanismo. Se trata de saber qué pasó en nuestra historia, conocer el pensamiento de grandes hombres, tomar noticia de las hazañas de nuestros héroes y estar al tanto, también, de lo muy malo que se ha hecho en el pasado y se sigue haciendo en el presente. Así se construye lo fundamental para salir de la oscuridad: la crítica, el espíritu de emulación, el querer parecerse a esos grandes ejemplos y evitar ser como aquellos que no son ejemplares en nada, solo a contrario.
—En cuanto a literatura y demás, ¿qué libros te han atrapado en la actualidad?
—Me ha gustado especialmente El túnel, de Ernesto Sábato. De hecho, mi visión sobre esta novela —cuyo protagonista es un ser oscuro— desde un prisma filosófico y jurídico está en Nuestro reflejo. No es un lanzamiento actual, pero lo leí recientemente y me ha llamado mucho la atención, precisamente por esa perspectiva desde un lado tan particular. Y, como gran admirador del mundo clásico, desde luego la trilogía del ascenso de Julio César de Santiago Posteguillo está en mi librería.
—Independientemente de novedades, ¿tienes lecturas o autores o así como siempre presentes, que de vez en cuando cae alguno?
—Desde luego, y en este ámbito no sujeto a la novedad, sobre todo de filósofos. Obras de Albert Camus o el Manual de Vida de Epicteto los tengo muy presentes. También —por la amistad que tuvo con mi abuelo— los libros dedicados de Camilo José Cela. Y, por supuesto, la joya de mi biblioteca es un original de 1911 de la novela que escribió mi bisabuelo, el médico gallego Manuel Paz Varela, titulada De la comedia lusitana. Tuve la gran suerte de encontrarme este original (de hace más de un siglo) en una librería de viejo y para mí es muy especial verlo y tocarlo. Ese nexo de unión familiar a través de las letras entre generaciones tan distantes. También «nuestro reflejo» en cierta forma.
—Y luego en cuanto a tí. ¿Cuál es tu buen rito para ponerte a escribir unos días de esos que tienes tiempo? ¿Por la mañana, por la noche, estricta soledad, música, etc?
—En cuanto a esto, aquí prima mucho la disciplina. Tengo una vida muy atareada, pero dentro de esas tareas (en las que intento hacer el mayor bien que puedo) siempre está pensar, filosofar y escribir. Forma parte de mí, soy yo. Y me sirve de vía de escape, además. Construyo en mi mente antes lo que quiero decir, a través de conexiones de ideas, y tal vez el mayor trabajo es el de esa construcción intelectual previa. Creo que esto además puede ser de utilidad hoy y tal vez el día de mañana.
—¿Cómo te llevas con tus lectores?
—Estoy encantado. La respuesta de los lectores a esta Saga de la Justicia es sorprendente, porque su estilo —que es sui generis— creo que ha encajado mejor que bien y los libros me consta que se agotan. En las presentaciones se llenan las salas y en la última Feria del Libro de Madrid en cuestión de una hora los libros volaron. Por cierto, Nuestro reflejo se va a presentar en Madrid, en la librería Tercios Viejos (Calle María Panés 4) el martes día 10 de febrero a las 19.00 horas.
—¿Hay previsto algo de ficción?
—Puede que haya sorpresa a largo plazo en forma de novela (negra).
—Y por último. ¿León es tierra de inspiración para ti?
—Soy de León, capitalino, y mis vivencias están ahí conmigo. Claro que me inspira y quiero ser un valedor de mi tierra en Madrid. Muy orgulloso. De hecho, en la saga, entre los 150 personajes que hasta ahora la componen, están Alfonso IX, Gumersindo de Azcárate, la Catedral, San Isidoro y la Institución Libre de Enseñanza a través de la figura de Krause. Siempre en mi corazón.