Diario de León

Que vuelvan los estoicos

Joseph Piercy lanza su 'Pequeño libro de la sabiduría estoica'

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¿Por qué el estoicismo? Bajo esta pregunta, Joseph Piercy lanza su publicación bajo el título de Pequeño libro de la sabiduría estoica.

El estoicismo es una filosofía que se originó en la antigua Grecia. Zenón de Citio la desarrolló por primera vez hacia el año 300 a. C. Enseñaba en una columnata o pórtico (stoa en griego antiguo) pintado en el centro de Atenas, de donde deriva el nombre de esta corriente filosófica. Sin embargo, fue en Roma, un par de siglos después, donde florecieron los principios y las ideas del estoicismo. Los promovieron el senador y dramaturgo Séneca; Epicteto, un antiguo esclavo que se convirtió en filósofo, y el emperador Marco Aurelio. Al principio, el estoicismo incluía diferentes disciplinas, como la lógica formal, la gramática, la física, la meteorología y la retórica; hasta que, como filosofía, encontró su medio de expresión en el desarrollo de un código ético sobre cómo vivir una vida buena. Aplicar los pensamientos de tres filósofos tan diferentes de la antigua Roma a la sociedad moderna puede parecer extraño. Podrías pensar que los problemas cotidianos que le preocupaban a Epicteto, que nació esclavo, eran infinitamente distintos a las preocupaciones que tenemos a diario tú o yo. Pero ¿lo eran? Tal vez debamos dar un paso atrás y analizarlos desde una perspectiva más amplia; «mirarlo desde arriba», como dicen los estoicos. ¿De verdad ha cambiado la cuestión rudimentaria sobre cómo vivir la vida en los últimos dos mil años? Las personas siguen infelices, frustradas, dolidas, enfadadas, deprimidas, con miedo y llenas de ansiedad; quizá hoy más que nunca. Por tanto, ¿cómo puede abordar una filosofía antigua estos problemas básicos que nos afligen a todos de vez en cuando? En primer lugar, el estoicismo es una filosofía práctica que valora las acciones y los actos por encima de la contemplación teórica (aunque reflexionar las cosas antes de actuar es, paradójicamente, parte del proceso). Es una filosofía centrada en lo que puede hacerse, y no un enfoque vital basado en la pregunta «¿por qué puedo hacerlo?». En esencia, se basa en la creencia de que no son las cosas en sí las que nos hacen sufrir, ya sean las personas, las situaciones o las circunstancias, sino cómo las percibimos: nuestros juicios. En este sentido, todo está en la mente. Si nos entrenamos para hacer mejores juicios, podemos eliminar el sufrimiento, el dolor y la ansiedad que nos asedian. El estoicismo busca controlar nociones negativas como el miedo, el enfado o los celos; no sólo porque se basan en juicios defectuosos, sino porque no nos ayudan a vivir sin estrés y suelen ocasionar malos resultados y conflictos.

En el extremo norte del ágora antigua de Atenas se encontraba la Stoa Poikile, el «pórtico pintado». Las stoas en la antigua Grecia eran pasillos cubiertos o columnatas, y formaban parte de un lugar de reunión público que se llamaba ágora. Los políticos iban a la stoa a hacer anuncios y proclamaciones; los juicios legales y los arbitrajes ocurrían en la stoa; allí se promulgaban las ceremonias y los sacrificios a los dioses; los comerciantes montaban puestos para publicitar y vender su mercancía y, quizá lo más importante, los filósofos se reunían allí para hablar y enseñar a cualquier persona que los escuchara. Se cree que el filósofo cínico Crates de Tebas (365-285 a. C.), conocido por haber regalado sus riquezas para vivir en las calles con los pobres de Atenas, ocupaba la stoa, pues fue allí donde aprendió del filósofo Diógenes de Sinope (404-323 a. C.). Crates era conocido como el «abrepuertas» por su popularidad, pues se decía que podía llamar a la puerta de cualquier vivienda de Atenas y ser recibido con los brazos bien abiertos. El historiador griego Plutarco (46-119 d. C.) describe a Crates como una persona que mostraba una disposición indómitamente alegre y vivía cada día «como si estuviera en un festival». Muy venerado por su sabiduría y su calma mental, a menudo las personas recurrían a Crates para arbitrar debates y disputas, así como para propiciar reconciliaciones con su «retórica reconfortante» y su «delicado juicio». Sin embargo, es posible que la mayor contribución de Crates a la historia sea haber sido el profesor de Zenón de Citio (334-262 a. C.), el fundador de la escuela filosófica del estoicismo.

El primero de los estoicos romanos más conocidos fue Lucio Anneo Séneca (circa 4 a. C.65 d. C.), que vivió una vida memorable. Séneca fue un polímata, versado tanto en griego y latín como en las artes y las ciencias. Escribió tragedias, poemas, ensayos y discursos, e hizo una aportación considerable a la filosofía mientras era político, asesor político y un exitoso hombre de negocios. Séneca el Joven, como se le conocía comúnmente, nació en la colonia romana de Córdoba, España.

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