Diario de León
Emanuele Trevi regresa con 'La casa del mago'.

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Hay libros que solo por el comienzo merecen toda una oportunidad. Algo así ocurre con La casa del mago, de Emanuele Trevi. El autor al servicio del libro. Que ya de primeras se presenta así, como una inmersión en la vida privada de Emanuele Trevi: el viaje interior de un hijo en busca de respuestas tras la muerte de su padre. Más frases para enganchar que puede que sirvan pero que no superan el propio texto, que nace de la brillantez del autor a la hora de determinar qué sentimientos quiere hacer llegar. Más: Un hijo enfrentado al enigma de su padre, un reputado psicoanalista: un viaje íntimo tan inquietante como esclarecedor. Un texto donde la escritura parece ser el único camino hacia la curación.

A partir de ahí: «Ya sabes cómo es». Cuando mi madre me hablaba de mi padre, no tardaba en llegar al quid de la cuestión, siempre idéntico: para afrontar cualquier asunto con aquel hombre enigmático, con aquel cubo de Rubik sonriente y bigotudo, había que «saber cómo era». Yo pedía luces y ella me devolvía a las tinieblas más oscuras con su perpetua muletilla, más parecida a un conjuro mágico que a un pensamiento racional: «Ya sabes cómo es». Por lo demás, era evidente que ella tampoco sabía cómo era; no lo sabía nadie, puede que ni siquiera el mismísimo Niño Jesús, ese infalible conocedor de los secretos más recónditos del alma, como me aseguraban las monjas en el colegio. Pero yo seguía rumiando: ¿a cuento de qué tenía la gente que ser de una determinada manera y obligar a los demás, por su propio bien, a saberlo? ¿No podíamos ser todos iguales y santas pascuas? Por aquel entonces, yo era un niño de lo más normal, perfectamente adaptado: una versión en miniatura del adulto en que me convertiría, sin cumbres ni abismos.

«Ya sabes cómo es». Esa frase, repetida como un conjuro por la madre de Emanuele Trevi durante su infancia, encierra el misterio que atraviesa este libro: la figura esquiva de un padre tan fascinante como inaccesible, porque su hijo, en realidad, nunca supo cómo era.

Mario Trevi, célebre y reservadísimo psicoanalista junguiano, fue para muchos un «mago» capaz de sanar las almas heridas; para su hijo, una presencia distante, casi irreal. Crecer a su sombra significó aprender pronto a ocupar un lugar secundario, a aceptar las distracciones y los silencios del padre. Tras su muerte, un legado incómodo: un apartamento que nadie quiere comprar, todavía impregnado de las vidas «torcidas» que durante décadas pasaron por allí en busca de consuelo. Emanuele decide mudarse a ese espacio y, al hacerlo, se adentra en una investigación íntima y literaria que se traduce en un descenso a la memoria, una exploración de la locura y un diálogo entre vivos y muertos. Los recuerdos familiares, el psicoanálisis y algunos episodios tan extraños como reveladores –una misteriosa visitante nocturna, una empleada doméstica que desordena más que limpia, una relación inesperada– sirven al autor para desentrañar el enigma de un hombre que no dejó nada sobre sí mismo por escrito.

Emanuele Trevi nos ofrece su novela más personal y conmovedora: un libro luminoso e irónico sobre uno de los vínculos más exigentes –el que une a un padre y a un hijo–, en el que la búsqueda del otro se convierte inevitablemente en la búsqueda de uno mismo. Un texto ágil y tierno, divertido e inesperado.

Emanuele Trevi (Roma, 1964) es novelista, ensayista y crítico literario. Colabora habitualmente con Il Manifesto y Corriere della Sera. Autor de más de una docena de obras, en 2012 fue galardonado con el Premio de Literatura de la Unión Europea por Algo escrito, que ha sido traducida a quince lenguas.

A vueltas con el padre Trevi alcanza reflexiones definitivas, al menos como forma de enunciar la propia existencia. Cuantos más años cumplo, más claro tengo que mi padre llevaba razón: me siento cada vez menos verdadero y menos falso. Hay algo ahí en medio. He aprendido a confiar en las cosas que ocurren dos veces, que se quedan suspendidas entre dos alternativas. Cuando me siento feliz, cuando abro los ojos por la mañana, por ejemplo, me imagino que unos dedos finos e invisibles, delicados como lo serían los dedos de los ángeles, han desatado durante la noche los nudos de las contradicciones y de las decisiones. Puede que en los sueños que tengo y olvido haya parejas de acontecimientos que revolotean por el alma como palomas enamoradas, como notas musicales repetidas. Podría haberle pedido aclaraciones a mi padre, o que me explicara otras muchas cosas, pero a mí me gustaba estar con él, no aprovecharme de su sabiduría.

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