Diario de León

Cayetano González: «Zapatero y Pedro Sánchez han blanqueado a ETA»

El leonés presenta ‘La gran traición. Los herederos de ETA tienen más poder que nunca’ (La Esfera de los libros) este martes en el Club de Prensa de Diario de León (Gran Vía de San Marcos, 8)

Cayetano González, en un acto junto a José Antonio Ortega Lara, con el que mantiene amistad y admiración.

Cayetano González, en un acto junto a José Antonio Ortega Lara, con el que mantiene amistad y admiración.dl

Pacho Rodríguez
León

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Ha visto, vivido y escrito de todo. Primero de periodista de raza, libreta en mano a la caza de una exclusiva o investigación. Veinte años en Vitoria desmienten al tango. Son mucho. Ahí estuvo Cayetano González Hermosilla (León, 1954). Y después fue director de Comunicación y Relaciones Institucionales del Ministerio del Interior de 1996 a 2001. Vivió tan de cerca experiencias que marcan, junto al entonces ministro Jaime Mayor Oreja, y que son historia persistente como es el caso del asesinato de Miguel Ángel Blanco o el secuestro de José Antonio Ortega Lara. Leonés de nacimiento, adolescencia y convicción presenta su nuevo libro, La gran traición, editado por La Esfera de los Libros, el próximo martes 3 de noviembre, a las 19.30 horas, en el Club de Prensa de Diario de León (Gran Vía de San Marcos, 8), junto a Joaquín Sánchez Torné, director de Diario de León. De su ciudad regala en la página de al lado unos jugosos recuerdos de niñez e infancia. Resulta que en tanta vida también había un tenista...

La gran traición es un libro que encaja por derecho en la categoría de los de alguien tiene que contarlo. Porque su experiencia trasciende a lo personal para moverse en los acontecimientos históricos que no sólo han dejado huella sino que influyen en la actualidad. «Zapatero blanqueó a ETA, primero, y Sánchez, después», afirma, y ya en el subtítulo de este libro, que contiene memoria, historia y política en un ensayo de 328 páginas, sostiene que «los herederos de ETA tienen más poder que nunca».

El libro navega así entre lo personal y lo que marcó la actualidad trágica de España en relación con la banda terrorista y su impregnación en la sociedad vasca. Hay ese toque personal cuando relata que «en el 96 me vine a Madrid al ministerio como director de Comunicación y tuve un contacto con el mundo de las víctimas y con el mundo del terror. No ya desde la perspectiva de un periodista que va con su bolígrafo, con su micrófono antiguo a grabar no sé qué, sino pues a ver lo terrible, porque fueron años muy duros, del 96 al 2001 que estuve en el ministerio. Son los años de Ortega Lara, de Miguel Ángel Blanco, de varios concejales del PP asesinados, de varios concejales del PSOE, de Fernando Buesa, que yo le conocía mucho y teníamos muy buena relación, y era una magnífica persona, portavoz del PSOE en el Parlamento Vasco. En fin, Ernest Lluch, el ex ministro de Sanidad que le matan en Barcelona aquellos años... Es decir, son años muy duros que a mí me dejaron una experiencia vital», remarca.

Jaime Mayor Oreja es el encargado del epílogo del libro y con José Antonio Ortega Lara mantiene una amistad y carño fraternal. ¿Y qué tal está Ortega Lara?, parece una pregunta obligada. Y ahí prevalece el relato humano de dos amigos que se conocen bien. «Para mí es el ejemplo de dignidad. Una persona que es capaz de aguantar 532 días en manos de unos terroristas que le secuestran y le tienen unas condiciones absolutamente inhumanas en un agujero ahí construido en una nave industrial de Mondragón. Pues yo cada vez que estoy con José Antonio, no te lo oculto, me emociono. Está bien, hace vida normal. Está, por supuesto, jubilado. Él vive en Burgos y le dedica horas, es muy fan, entre comillas, al tema de donantes de sangre. Él colabora con Cáritas, es un hombre creyente, que además yo creo que el tema de la fe, y lo ha explicado, no estoy desvelando ningún secreto, le mantuvo y le ayudó a mantenerse. Él cuenta que dialogaba a veces con Dios y que le echaba un poco la bronca en plan: oye, oiga usted, tu pasión duró una semana, pero es que la mía... Está siendo larga, sí, sí. Pues lleva ya bastante tiempo, a ver si lo acortas, ¿no? Decía todo eso. Lo contó en público».

En la vuelta a lo global hace ese análisis político, mientras casualmente las encuestas dan a Bildu primera fuerza política en el País Vasco, como prueba de que ese «blanqueo» al que se refiere ha dado sus frutos. Y alude a un proceso en el que la educación y la propaganda anti España han ido de la mano. «Han sido educados así también. Sin duda. En los institutos, en todos los lados. No me gusta solamente ese cliché. En parte es cierto, pero en parte es cliché cuando se decía: es que en las ikastolas... Bueno, en las ikastolas y en institutos. Que no solamente en las ikastolas», asevera. Apunta González Hermosilla a una educación dirigida al menos hacia el desprecio a España. «Sí, exactamente. Cuando no en el odio. Es decir, porque todo lo que suena a español les produce un rechazo enorme. Yo creo que en el País Vasco, y es fuerte decirlo, porque es donde más atentados y muertos de ETA ha habido, sigue habiendo un clima de convivencia muy difícil. Es decir, los que se sienten vascos y españoles, las dos cosas a la vez, pues tienen complicado manifestar ese sentimiento. O sea, por ponerte un ejemplo, no digo tonto, sino simbólico: ¿tú no puedes poner la bandera de España en el balcón de tu casa si juega ese día España la final del mundial? No, porque eres tachado de fascista, de españolista, como mínimo, si no te agreden o te arrancan. Y más en zonas y en pueblos donde la gente de Bildu, la gente de la llamada izquierda abertzale, domina ese clima. Pero sin duda, hay un clima de división», dice. Y añade: «Entonces, bueno, tú me preguntabas cómo es posible que haya tantos vascos que pueden votar ahora, en el 2026, a Bildu. Bueno, pues porque la enfermedad y el odio sembrado ha cuajado. Lo que pasa es que, efectivamente, al no haber atentados terroristas, evidentemente, eso ha quitado presión, sobre todo a los que eran objetivos. Porque durante muchos años ha habido muchas personas en el País Vasco y no solamente policías o guardias civiles, sino ciudadanos que por su militancia política o porque se significaban en artículos en medios de comunicación o porque eran jueces o porque eran empresarios, pues tenían que mirar debajo del coche cada día que salían de su casa, del garaje, a ver si había una bomba lapa. O tenían que ir con escolta. Hubo muchos años que todos los concejales del PP y del PSOE tenían que ir con escolta porque todos eran objetivo, aunque fueses un concejal de un pueblo pequeñísimo», relata aludiendo al asesinato de Miguel Ángel Blanco.

La gran traición se presenta primero en el Club de Prensa de Diario de León, pero otra cita importante será en Madrid. «En Madrid será el 1 de diciembre, y me lo presentan José Antonio Ortega Lara y Jaime Mayor Oreja, que me dieron una gran alegría cuando les llamé y aceptaron, porque les tengo una gran admiración y un gran respeto», anuncia. Afirma Cayetano González también que «estas páginas son un homenaje imprescindible a las víctimas: Ellas son lo mejor de nuestra sociedad, su parte más noble, a las que nunca deberemos olvidar. Es una obligación defender su dignidad y exigir, a su lado, que la Justicia resuelva los casos pendientes». Y como tesis final, el libro del periodista leonés, quien estuvo en primera línea en la lucha contra el terrorismo y revive, a través de un intenso relato periodístico aquellos años de plomo, «expone el plan que han ejecutado el PNV (Arzallus dijo de ellos que eran unos descarriados, pero, en el fondo, unos patriotas), Rodríguez Zapatero, al negociar políticamente con la banda, y Pedro Sánchez, al blanquear su actual brazo político. Para los dos presidentes socialistas, ese plan forma parte de uno más ambicioso: la destrucción de la España constitucional del 78».

¿Cómo es posible que en el treinta aniversario de la muerte de Miguel Ángel Blanco y la liberación de Ortega Lara, los herederos políticos de ETA puedan hacerse con el gobierno del País Vasco y Navarra? ¿Quiénes han colaborado a enterrar el recuerdo de las víctimas? ¿Dónde está la sociedad española y, especialmente, la vasca tres décadas después? Cayetano González busca las respuestas.

León, siempre en el corazón. Por Cayetano González

Dice el refrán que «uno no es de donde nace, sino de donde pace». Pues en mi caso ese refrán falla estrepitosamente, porque aunque llevo más de cincuenta años fuera de la ciudad donde nací, nunca me he ido de León. Creo que lo importante es mantener las raíces donde uno vino al mundo, y en mi caso, están muy enraizadas en la Legio VII Gemina Pía.

Tengo unos recuerdos magníficos de mi infancia y juventud en León, y eso se lo debo principalmente a mis padres, ya fallecidos, a mis hermanos, que formábamos una familia feliz y muy unida.

Estudié el parvulario en las Discípulas de Jesús —tengo entendido que años más tarde pasaron por esos pupitres Rajoy y Zapatero, con lo cual ya se ve que el nivel fue bajando…— y el bachillerato en los Maristas. Cómo no acordarme del hermano Tomás, todo corazón, e impulsor del equipo de balonmano; del director, el hermano José Luis Ampudia, más serio, pero una gran persona.

Cómo no acordarme de un tiempo en que salía corriendo del colegio al mediodía para ayudar en Misa de 13.30 en San Isidoro a D. Gonzalo, que me agradecía siempre esa ayuda, mínima por otra parte, que le prestaba y que me consoló un día que le ayudé, no recuerdo si en una primera comunión o en una boda, y me dijo que seguro que los contrayentes o sus padres me harían un buen regalo, que todavía estoy esperando…O cómo no acordarme del esplendor de nuestra Catedral, la pulchra leonina, de sus impresionantes vidrieras.

Cómo no acordarme de mi práctica del tenis en el que entonces se llamaba el Casino de León y ahora es el Club Peñalba. Llegué a ser campeón de dobles infantil con mi amigo Paquito, el hijo de Mariano, el encargado del bar. Formábamos una pareja imbatible, un servidor muy ducho con un drive potente y Paquito con un revés impecable. Con el paso de los años —yo ya estaba fuera de León— Paquito fue alcalde de León por el PSOE y muy amigo de ese leonés nacido en Valladolid llamado José Luis Rodríguez Zapatero. Me acuerdo que en una reunión en Moncloa, él era Presidente del Gobierno, al final de la misma, en un aparte le dije que yo había sido muy amigo de Paquito, lo que provocó la siguiente pregunta de Zapatero: «¿Que tú has sido amigo de Paquito?», en un tono de incredulidad y sorpresa, porque en aquella reunión, le afeé, por supuesto educadamente, que no hubiera ido a clausurar un Congreso Internacional de Víctimas del Terrorismo celebrado en Valencia y organizado por el Observatorio de Víctimas del Terrorismo que yo dirigía en la Fundación CEU-San Pablo. Le aclaré que hacía años que no tenía relación con él, cosa que creo que le tranquilizó al Presidente.

Cómo no acordarme de los domingos por la tarde animando a la Cultu en La Puentecilla al grito de «la Cultural jaja, la Cultural jaja, sabe lo que quiere, gana donde va». Recuerdo con horror, era entonces un crío, los insultos proferidos al árbitro no por los varones que estaban cerca de mí, que también, sino por las mujeres, cuyos epítetos eran de un grueso calibre y me dejaban espantado.

En fin, en mi vocación al periodismo tiene mucha «culpa» el periódico decano de la ciudad, el Diario de León, que era el que se leía en mi casa, complementado algunos días, sobre todo cuando el Real Madrid ganaba títulos —lo cual era muy frecuente— por el Marca que traía mi padre.

Todos estos pequeños recuerdos y muchos más que me ahorro por falta de espacio hicieron, como he dicho antes, que mi infancia y juventud hasta los 17 años que me tuve que ir a estudiar la carrera de Periodismo fuera de León, permanezcan en mi recuerdo, en mi memoria y en mi corazón. Soy leonés y siempre lo seré. ¡Viva León!

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