«Desterrado»
ÁNGELA FRANCO
E n el año 2004 José Paulino Ayuso editaba la Obra poética completa (1943-2003) , (Madrid, Cátedra, Letras Hispánicas, 2004). Por curiosidad consulté dicha publicación, con el ánimo de ver publicado el poema que ahora presento, con la sorpresa de que no se hallaba incluido. Ignoro si se ha publicado en alguna otra parte. Por el momento, pues, entiendo que ha permanecido inédito y ello me ha movido a darlo a conocer. Este es el texto, que no me cabe duda iba dirigido a Rafael Alberti, quien por entonces habitaba en Roma, muy cerca de la Academia Española de Bellas Artes, Piazza San Pietro in Montorio . El poeta gaditano había elegido el quartiere [barrio] del Trastevere , ubicado en la parte baja del monte Gianicolo [Janículo]. Desde la Academia se accede desde dos lados de la plaza, por medio de varios tramos de escaleras, serpenteantes las de la ladera desde el fondo de la misma, y rectas y pendientes las que prácticamente empalman con la propia fachada de la Academia, que desembocan directamente en via della Lungara . La verja de acceso se clausura durante la noche, mientras es transitable al público durante el día; éstas últimas eran de uso frecuente por quienes hemos disfrutado de la fortuna de morar en la Institución más prestigiosa de España en Roma. En mi caso concreto fueron tres años de permanencia, de 1974 a 1977, que supusieron un punto de inflexión en mi existencia posterior.
En aquel entonces era director don Juan Antonio Morales Ruiz, cuya calidad humana y capacidad de diálogo se pusieron a prueba en los años de su dirección. En mi recuerdo permanecerá siempre su bondad, cualidad poco frecuente, pero sustancial en su persona. Su delicadeza de espíritu se refleja en sus lienzos, cuya evolución temática y estilística han sido agudamente analizadas por Laura Arias Serrano, quien dedicó su tesis doctoral a su obra pictórica, que vio la luz bajo el título Juan Antonio Morales. De la Vanguardia al retrato de sociedad (Valladolid, Diputación Provincial de Valladolid, 2005).
Como prueba de agradecimiento. En la Academia Española de Bellas Artes eran hospedados muchos especialistas de las más diversas ramas del saber, del arte y de la cultura, que acudían a Roma para impartir conferencias, cursos, dar conciertos, etc., invitados por diversas instituciones. Deseo destacar en este sentido la extraordinaria labor de difusión de la cultura española de la mano de don Manuel Sito Alba, injustamente olvidado, ya fallecido tras una larga y dolorosa enfermedad, y de su esposa doña Elisa Ruiz García, catedrática de la Universidad Complutense, de Madrid, quienes me honraron con su amistad en mis años romanos. Su enorme inteligencia y eficaz gestión cultural significaron mucho para encumbrar el nombre de España en la Ciudad Eterna, sin alharacas, ni bombo y platillo. El doctor Sito Alba había establecido un lazo cultural entre los dos países y los propios italianos interesados por España iban ampliando el círculo a otros coterráneos, en una expansión indefinida. Tuve la oportunidad de conocer a muchos invitados, como la arpista Mª Rosa Calvo Manzano, el trío musical Schubert, entonces formado por Pedro Corostola [chello] y a su esposa Mª Carmen, ya fallecida, Pedro León [violín] y Andrés Soriano [piano], al P. Alonso Schökel, profundo conocedor de la Biblia, y tantos otros, que pisaron el salón del Instituto de España en Roma para dejar simiente de su sabiduría y arte. Para mí era un placer acudir a los más diversos actos de esta transposición de España en Roma, que tanto me enriquecieron.
Rafael Morales fue invitado en 1977 por Sito Alba para hablar de su poesía, no sólo en Roma, sino también en Nápoles. Comía con los becarios en la Academia, y departía con nosotros en aquel comedor, donde todos éramos iguales, alrededor de la gran mesa redonda, estableciéndose tertulias de lo más agradable, pues se mostró muy amable, simpático y abierto en sus juicios. Me pidió que lo acompañara a comprar un regalo para su esposa, Conchita Barba, a lo que naturalmente acepté. Un agradable paseo trasteverino, atravesando luego el Tevere nos llevó a un negozio en Largo Argentina, que yo conocía, donde adquirió un abrigo de terciopelo negro, que probé, pues según él, tenía un tipo parecido a su esposa. Me quedaba perfecto, y lo compró con gran alegría. Como prueba de agradecimiento, para mí excesiva, me regaló el poema, que dice así:
DESTERRADO
El mar, el mar, el mar...
Pero Rafael no está.
Llegan las olas buscándole
y buscándole se van.
Todas las torres del puerto
claman en la soledad.
Pero Rafael no está.
El mar, el mar, el mar...
Ignoro cuándo fue escrito; solamente puedo establecer una fecha ante quem a 1977, por razones obvias. En cuanto a aventurar una fecha más o menos concreta, tal vez pudiera encuadrarse en el grupo de Los desterrados , que se ha datado en 1947, propuesta solamente en función del título, pues la temática general se refiere a grupos sociales marginados [los locos, los leprosos, los ciegos, los no amados, los tristes, las amantes viejas, los abandonados, los nostálgicos, los que lloran, los olvidados, los niños muertos, los que recuerdan, a los huecos que dejan los muertos, los suicidas, los que sueñan, los ancianos, los ahorcados, los idiotas], no a un personaje concreto, como es el caso. Me parece que podría entenderse como el precedente de una serie de poemas posteriores, consistentes en homenajes dedicados a amigos suyos y hombres por él admirados, que titula así: Federico [García Lorca], Miguel, el de la luz más limpia [Hernández], Pablo [Neruda], Llanto por César Vallejo, Gerardoalba [Gerardo Diego], Blas [de Otero], a Vicente Aleixandre, pertenecientes al capítulo Entre tantos adioses .
Densa y variada trayectoria poética. Su larga trayectoria poética en el tiempo fue densa y variada en temas. Los primeros poemas los dedicó al toro (1943), más tarde escribió sobre El corazón y la tierra (1946), Los desterrados (1947), Canción sobre el asfalto (1954), La máscara y los dientes (1962), La rueda y el viento (1971), Prado de sapientes (1982), Entre tantos adioses (1993), Poemas de la luz y la palabra (2003). El poeta se define como quien quiso encontrar y recorrer un camino propio, acogido al magisterio y guía de la generación de sus mayores. Descubre la experiencia del engaño y la injusticia. En Madrid, adonde se traslada desde su Talavera natal para iniciar sus estudios universitarios, truncados por la guerra, se relaciona con poetas de primera fila. Tras regresar a Talavera y permanecer allí un tiempo, vuelve a Madrid, donde cursa sus estudios universitarios y conoce nuevos amigos, como Gerardo Diego y José García Nieto. Cuentan también entre sus amistades José Gaos, el leonés Eugenio de Nora, José Hierro e Hidalgo, así como el poeta y miembro del partido comunista Blas de Otero, que contraería matrimonio por la Iglesia, con la cubana, de muy desgraciada existencia, Yolanda Pina.
Becado por el Gobierno portugués, residió unos meses en Coimbra, lo que le permitió efectuar la primera traducción al castellano de poemas de Fernando Pessoa. Tertuliano por naturaleza, era adicto a tertulias literarias y de lecturas poéticas, así como reuniones organizadas por revistas o instituciones. Su obra contiene un fondo emocional, formado por un vitalismo espontáneo y natural, feliz de contemplar la realidad en su belleza. Con sentido compasivo mira el fracaso humano, el deterioro de la fuerza y de la belleza. Ello le lleva a un cierto pesimismo ante el que reacciona a través de su poesía, expresada con intensidad y calidad de dicción. Penetrando más profundamente en su pensamiento, se rastrea un sentido religioso cristiano, más humanista que doctrinal. Obtuvo el Premio Nacional de Literatura en 1954 por Canción sobre el asfalto . A partir de 1957 abandona su labor docente por otros empeños literarios, en ocasiones acompañados de sinsabores, debidos a injustas intrusiones políticas. La rueda y el viento es producto de una beca de la Fundación Juan March en 1966. Acreedor de numerosos premios literarios, publicó su antología Por aquí pasó un hombre , merecido reconocimiento y homenaje de la Comunidad de Madrid, primer volumen de la Colección Poesía en Madrid .
Desde aquí deseo rendir mi humilde homenaje a este gran poeta, gloria de las letras españolas del siglo XX y comienzos del XXI, que nos ha legado una obra llena de lirismo y contemplación afectiva del mundo.