El arriesgado vicio de legar la memoria
Las sociedades místicas se postran desde siempre ante sus sacerdotes.
A su vez, es punto menos que imposible que éstos no recelen de la palabra escrita.
Grabar la realidad en piedra, en papiro o en lencería de cuero
se le antoja al poder una amenaza.
La razón es sencilla:
la escritura eterniza el instante,
ofreciéndolo intacto a los siglos futuros.
Los vestigios escritos abren paso a la Historia.
La Historia significa el comienzo del tiempo.
No un tiempo desasido y mitológico, sino un tiempo lineal.
Un vector unidireccional constante, hawkinsiano
que transforma la vida en algo irreversible.
Si la vida es fugaz y cada instante es único,
el individuo adquiere trascendencia.
El sentimiento antropocéntrico se presenta al banquete.
Trae a la libertad de compañera.
La corriente social de pensamiento
discrimina el abuso al ciudadano anónimo
en pro de un hipotético bien del colectivo.
No es de extrañar que incluso en nuestro tiempo
el escritor a veces padezca desconfianza.