Innova. LEÓN, un vivero de ideas
iniciativas como código activo o el club maker demuestran que en esta tierra las mentes se mueven por un mundo mejor. E l ser humano es la especie más fascinante del Planeta, sobre todo, por su ingenio. Una chispa que ha permitido salvar vidas, mejorar cultivos, incentivar el aprendizaje y demostrar que las ideas «made in León» cambian el mundo

Todo comienza con una idea. Un hilo del que tirar que puede cambiar el mundo. Un empeño personal o colectivo que puede desembocar en un gran descubrimiento. Y los leoneses, no se sabe si por el frío o por la cecina, han desarrollado un talento singular para crear. Recipientes especiales para mantecadas, el antecesor del dedal de costura, ruedas para automóviles o ascensores para subir a los árboles son algunos ingenios del siglo pasado, que se suman al invento del reloj más famoso de España, el de la Puerta del Sol, que sirve para marcar las campanadas de Nochevieja y que ideó José Rodríguez Losada.
Desde entonces, la innovación ha enloquecido. Las metas son posibles, alcanzables. Desde cohetes que pueden traer la nieve por obra y gracia de la estudiante de Ingeniería de 21 años, Laura González y su grupo, a domar el agua para que los cultivos beban lo necesario y cuando lo precisan, instalando sensores, placas de arduino y un mini ordenador puesto en marcha por los cinco emprendedores de LegioAgro. Una leonesa, Noemí de Castro, ha destruido la mala imagen de las matemáticas como asignatura hueso con un juego de ajedrez gigante salido de su mente; y en el centro de La Luz de Aspace recurren a la tecnología para resolver los deseos no expresados y la falta de movilidad de las personas con parálisis cerebral.
Impactar con ideas innovadoras, disruptivas y revolucionarias en un mercado tan competitivo como el actual no es sencillo. La mente no está preparada para ir en contra de la rutina, y busca encontrar inspiración en el ámbito que le rodea. Un hallazgo científico puede ser astuto, atractivo o estrafalario y, aun así, no salir nunca del laboratorio. Para transformar el mundo, una idea tiene que abrirse camino desde la mesa de diseño hasta el proceso de fabricación; lo que en la jerga de Silicon Valley se conoce como «aumento de escala». El futuro es impredecible, pero las innovaciones made in León constituyen una buena oportunidad de mejorarlo.
En el mundo cibernético, a las ideas que desarrolla el Incibe, Indra y Proconsi, se han sumado los proyectos farmacéuticos de Syva, Ovejero, Biomar, Chemo y otras empresas, en una carrera vertiginosa por la innovación de la mano de las nuevas tecnologías. Emergen como viveros de ocurrencias que marcan un camino de excelencia gracias a su esfuerzo.
En esta tierra, hay lugareños que intentan desvelar los misterios del cáncer; que saben colocar al frente de la batalla a un hongo bueno que salva las cepas de los viñedos, gracias al tesón del grupo investigador de Pedro Antonio Casquero; que aprenden, como Jairo Gomes y Juan Carlos Tranche, a recrear la Proporción Áurea en una cajetilla o un envase con impresoras 3D. Los leoneses han aprendido también a cultivar con pocas fatigas, con tractores que circulan solos en líneas rectas perfectas con GPS, que desafían a la niebla y a la noche. Saben recurrir a artilugios para determinar cuándo va a llover, dónde y cuánto. Empresas pequeñas, como Enriding, han creado una motocicleta eléctrica que desde Ponferrada compite con grandes consorcios internacionales.
Y es que las ideas pueden surgir en cualquier momento. La leyenda dice que Arquímedes pronunció la expresión «Eureka», sinónimo de lo encontré, al descubrir que el agua que se desplazaba al sumergir un cuerpo, era la misma que el volumen de lo sumergido. Su grito se produjo mientras se daba plácidamente un baño.
La primera línea de la vanguardia leonesa, tras muchos eurekas, reitera el mensaje de que es posible investigar y avanzar en grandes proyectos desde una ciudad y una provincia como León. El prototipo de un avión capaz de reconvertirse en helicóptero, sin piloto ni tripulación, y que podría ser de gran utilidad en catástrofes como la de Fukushima, lleva el sello hecho en León por manos de profesores y alumnos de Aeronáutica. Lo inesperado, lo no previsto, ha producido grandes descubrimientos, y el talento y la capacidad para transformar la sociedad, han construido desde la tecnología un mundo mejor.
En la ciudad también es destacable el logro de cuatro padres, una madre y un escolar por intentar domar la tecnología, mostrando a los escolares del colegio Quevedo cómo se programan videojuegos, animaciones y música. Lo han hecho este curso de forma altruista, amena y fuera del horario lectivo, convencidos de que es una puerta al futuro laboral de los pequeños. La experiencia de enseñar a un hijo a programar, como hacen en Código Activo, parece que es la nueva versión de ayudarles a andar en bicicleta.
Esa corriente de solidaridad, que demuestra que la ciencia no es fría, recorre también otras latitudes de la provincia. La creadora de Tribulanis, Natalia Fernández, elabora muñecos con ‘conciencia’. La ropa de la que nos aburrimos, la que sobra, se ha transformado en un buen medio para cambiar el mundo de su mano. Esta emprendedora visionaria soñó con un planeta más justo y solidario, donde el reciclaje permitiera mejorar el medio ambiente y los niños aprendieran a respetar y disfrutar el entorno que les rodea. Hace dos años se puso manos a la costura y creó los Tribulanis. Unos juguetes artesanales, que se elaboran con textiles reciclados que provienen de sobrantes de confección industrial y de prendas usadas recogidas en dos puntos de la provincia: Via Factum, en León, y el Hogar del Pensionista de Villamanín. Para el relleno usa picada de tela o plásticos PET (de consumo) que también se reciclan. Fiel a su idea, dedica el 10% de las ventas a proyectos solidarios, a través de oenegés, como la instalación de un ascensor en un Hogar del Pensionista. También incorpora un DNI a cada muñeco que sirve para obtener descuentos en la tienda on line y en los talleres y actividades que realiza. En el último taller usó marionetas con cejas, boca y ojos articulados para mostrar a los pequeños cómo gestionar sus emociones. Cada Tribulani es único, original e irrepetible y lleva consigo esa tarjeta que certifica su autenticidad y su numeración. A parte de contribuir a mejorar el medio ambiente y nacer con una misión social, su confección integra a mujeres en riesgo de exclusión social, a través del Centro de Información, Asesoramiento y Mujer (Ciami) de Villaquilambre.
La frescura de Natalia da esperanza sobre el potencial de la juventud. De hecho, los integrantes del nuevo Club Maker de la Universidad leonesa poseen esos ojos llenos de curiosidad e ilusión tan necesarios para aportar soluciones al mundo que les rodea. Con unas ganas tremendas de fabricar cosas colaborando unos con otros, los setenta miembros de esta nobel asociación de universitarios, quieren romper la barrera de los típicos cerebritos aislados en su laboratorio para aprovechar las mentes de cada uno y las habilidades de todos en un trabajo en equipo. Y funciona. Ya han creado drones ultraligeros capaces de surcar el aire a 200 kilómetros por hora dirigidos por unas gafas FPV (First Person View), que aportan una sensación de volar increíble. También un curioso robot, en forma de araña, al que ponen a ‘soñar’ para que sea capaz de pensar cómo podría llegar a caminar, gracias a la inteligencia artificial. Programar para que su algoritmo genético le permita sacar una conc lusión de cómo empezar a moverse es complicado, pero no imposible. Si las personas podemos, se empeñan en plasmar esa capacidad en la tecnología. Quizás pueden descubrir un wifi en spray que permitiera siempre estar conectados, o cómo hacer prosperar plantas en el desierto; poner en marcha una máquina de combustible infinito u otra para interceptar asteroides que no impacten con la Tierra. Cuando se observa algo, se percibe un olor o se escucha una determinada canción, las neuronas asocian esas percepciones con alguna circunstancia previa y conforman una idea. Es la magia de la imaginación. Esa que funciona en León. Determinadas situaciones potencian la creatividad, aunque «cuando llegue la inspiración, que me encuentra trabajando», como comentaba Picasso.