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La siembra inteligente
las multinacionales haifa y dekalb investigan nuevas semillas y fertilizantes. E n un entorno de cambio climático las pérdidas a las que se arriesgan los agricultores crecen, como muy bien sabe el campo leonés. Utilizar variedades de semillas más resistentes y fertilizantes adecuados es lo que marca la diferencia de la rentabilidad. Las investigaciones en el maíz son prometedoras
La mejora en el rendimiento con el abono de liberación lenta en función de la temperatura es del 30%.
La agricultura de precisión, concretamente la siembra variable, y la introducción de fertilizantes más eficientes gracias a una nueva tecnología, y también menos contaminantes, forman un tándem que dará lugar a una forma de explotación no sólo inteligente, sino más sostenible, y con menos vulnerabilidad a los riesgos climatológicos. Una agricultura que ya es posible por ejemplo en el cultivo de maíz, según los estudios realizados por dos multinacionales punteras en las parcelas del Centro Tecnológico Agrovet, en Mansilla Mayor. La multinacional israelí Haifa es líder global en suministro de nitrato potásico, nutrientes especiales para plantas y productos químicos industriales; y ha desarrollado este proyecto de investigación con la multinacional norteamericana Dekalb, líder mundial en semillas. A través del programa Retos-Colaboración han realizado los ensayos de investigación en el centro leonés para mejorar los rendimientos de las producciones a nivel local.
Así lo explica Sara Fidalgo Rey, responsable del Departamente Agronómico de Agrovet, que explica que «el cambio climático está afectando de manera sustancial al rendimiento agrícola, de manera muy marcada en la provincia de León. Las variedades de siembra utilizadas en maíz, remolacha o trigo de manera convencional no son capaces de adaptarse a las nuevas exigencias agroambientales, provocando pérdidas económicas importantes». Por eso «se hace necesario introducir nuevas variedades de cultivos sembrados, pero también de fertilizantes adaptados a estas nuevas exigencias climáticas. Además, también los fertilizantes deben cumplir con los actuales y exigentes requisitos medioambientales». Con esta filosofía, «las dos multinacionales están realizando ensayos en nuestro centro, para poner de manifiesto los avances más sofisticados en estas materias».
Fidalgo Rey señala que los ensayos realizados en León ponen de manifiesto «la gran apuesta de Dekalb, a parte por desarrollara los mejores híbridos del mercado, por la agricultura de precisión, y en concreto por la siembra variable; mientras que Haifa introduce en Europa a través de este proyecto una nueva tecnología de fertilizantes más eficientes y no contaminantes».
La siembra variable consiste en «depositar la densidad de semilla óptima según la textura del suelo y la variedad de maíz a sembrar». Para eso es «necesario tener la certeza de que la variedad está totalmente adaptada a las condiciones edafoclimáticas de la zona, y de que el fertilizante utilizado se aplique a una dosis eficaz sin producir ni pérdidas ni contaminaciones ambientales».
Para mejorar la rentabilidad de una explotación hay que partir, por tanto, del conocimiento del terreno. «No es lo mismo un suelo arenoso que un suelo arcilloso, de la misma manera que hay variedades de maíz que tienen mayor rendimiento a mayor densidad y otras que con menos densidad ofrecen un mayor rendimiento». Esa es la causa por la que hay que analizar antes la explotación para «sembrar la densidad requerida según la textura del suelo y el híbrido a sembrar, poniendo el óptimo metro a metro de la parcela para obtener el mayor rendimiento en cosecha y ofrecer la mayor rentabilidad posible al agricultor».
La experiencia trata de combinar dos herramientas fundamentales para la agricultura: los ensayos del suelo y la dosis de siembra. «Es una relación que hasta el momento no se tenía en cuenta, porque hasta ahora la preocupación se ha centrado en la relación entre el análisis de suelo y la fertilización».
Para la realización del ensayo para las dos multinacionales se escogieron las variedades de maíz de Dekalb DKC5362 y DKC5031.
En el ensayo se utilizó también un novedoso fertilizante, analizando las necesidades del cultivo, el ciclo y la densidad de la siembra, «por lo que es necesaria una mejora de las formulaciones tradicionales de los abonos, que en muchos casos no permiten aportar al cultivo los nutrientes que necesita en cada etapa del desarrollo». Y que provoca que buena parte de esos nutrientes se pierdan para el cultivo pero contaminen las zonas.
Sara Fidalgo Rey destaca que «los datos del ensayo son abrumadores. Modificando la densidad de siembra y el abonado en función de la textura del suelo los resultados se incrementan de forma independiente en suelos arenosos y arcillosos. Se obtienen mejores resultados que con el modelo de siembra tradicional, es decir, con menos dosis de planta por hectárea y un 30% menos de abono se consiguen mejores producciones».
De hecho, se puede pasar de 16.312 kilos por hectárea a 21.103, en función de los procedimientos empleados, según muestra la investigación.
El ensayo se llevó a cabo en parcelas del Centro Tecnológico Agrovet, aplicando cuatro tratamientos con fertilizantes para comprobar el comportamiento del maíz, en la campaña de 2018. La superficie del ensayo se dividió en cuatro bandas, en las que se probaron cuatro tipos de fertilización: el tradicional, con dos tipos de abonos de liberación controlada y por último con el abono CoteN, que ha desarrollado Haifa. La diferencia de rendimiento entre el primer tipo y el cuarto es la señalada.
El ensayo señala que las semillas se plantaron en mayo, y el crecimiento de las plantas fue bastante homogéneo durante el período vegetativo, aunque con el método tradicional las plantas mostraban menos vigor y un color amarillento. Además se realizaron distintas mediciones y tratamientos (herbicidas) hasta el momento de la cosecha, en diciembre. La diferencia del rendimiento entre el método tradicional de fertilizante y el más novedoso puso de manifiesto que (con un control de peso en seco con el 14% de humedad) éste último mejoraba la cosecha en un 30%; y ofrecía además un porcentaje más elevado de proteína en el grano.