Diario de León

Una vida mirando las estrellas: la Vía Láctea desde El Bierzo

PASIÓN POR LA ASTROFÍSICA. Irene Abril Cabezas aprendió a mirar a las estrellas desde El Bierzo, con el que mantiene fuertes lazos familiares y sentimentales. Con una joven, pero ya brillante carrera investigadora, la física realiza su tesis en cosmología en el Departamento de Matemática Aplicada y Física Teórica de la Universidad de Cambridge

Irene Abril investiga en su doctorado en Cosmología en Cambridge. BENITO ORDÓÑEZ

Irene Abril investiga en su doctorado en Cosmología en Cambridge. BENITO ORDÓÑEZ

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El espacio ha sido siempre su pasión. Y las matemáticas y la física sus materias favoritas, en las que ha encontrado también desde el instituto referentes femeninos que hicieron que «viera como una posibilidad para mi construir mi carrera en esos campos». Contemplar la Vía Láctea desde La Silva, el pueblo del abuelo, «era espectacular». Una admiración que sus padres (ella berciana, y los dos ingenieros de Caminos) alimentaron desde el primer momento con experiencias y campamentos científicos. El talento de Irene Abril Cabezas (Madrid, 1998) es evidente, y los muchos premios que jalonan su corta pero intensa trayectoria así lo acreditan.

En octubre inició un nuevo camino, los cuatro años de doctorado en Cosmología que realizará de la mano del profesor Blake Sherwin en el Departamento de Matemática Aplicada y Física Teórica de la Universidad de Cambridge. Allí investigará sobre el fenómeno de la lente gravitacional, y seguirá analizando la caracterización del polvo cósmico. Aquello que le permite adentrarse en el origen de las estrellas y el universo. Y no se conforma con cualquier cosa, ha experimentado hasta dar con aquello que realmente estimula sus ganas de aprender. «Dedicas muchas horas a la investigación. Si no te gusta lo que haces, no tiene sentido».

 

Una cadena de premios

La física de ascendencia leonesa fue ya premio nacional (tercero) en sus estudios de Educación Secundaria, y premio también de la Comunidad de Madrid. Graduada con honores en el bachillerato, su puntuación estuvo entre las 100 mejores de los 28.000 alumnos que ese año realizaron el examen de acceso a la universidad. Durante sus estudios universitarios contó con becas de excelencia de la Comunidad de Madrid, y se graduó en Física en la Universidad Complutense con Premio Extraordinario Fin de Grado en 2021. Antes había obtenido ya el premio de las Ciencias Arturo Duperier, y había sido seleccionada por varios programas de estudiantes.

«Me gustaban mucho las matemáticas, pero lo veía un poco abstracto. Me gusta más ‘tocar’ las cosas, por eso acabé estudiando físicas. Pero siempre he sabido que iba a ser astrofísica».

Mientras estudiaba su carrera dedicó veranos y tiempo libre a investigar. «En eso no he tenido vergüenza. Si acabas la carrera no tienes nada, nadie quiere contratarte. Así que envié muchos correos». Su primer destino fue Andoya Space Center, en Noruega. «Se trataba de una investigación de instrumentación, me pasé el verano arreglando (y acarreando) cables para un instrumento que analizaba la ionosfera. Fue un trabajo bastante físico, pero estaba claro que no era para mi».

Su segundo verano de experimentación la llevó a la Universidad de Oxford, en el Subdepartamento de Astrofísica. «Allí estuve haciendo reducción de datos de telescopios. Cuando se toman datos con estos instrumentos en medio está la atmósfera, es como mirar a través de una piscina, ves algo borroso. La reducción de datos consiste en analizar las imágenes y calibrarlas, saber qué tienes que tomar en cuenta de lo que te llega. Conocer de qué datos puedes fiarte. Es un trabajo bastante intenso, que está bien pero tampoco me divertía».

 

Las maestras

Aunque, como de todo se aprende, «durante ese estudio conocí a Jocelyn Bell Burnell», la científica que codescubrió los púlsares. «Aunque luego el Premio Nobel se lo dieran a otros colegas, y no a ella. Conocer su discurso fue muy impactante, y se convirtió en mi mentora, hemos consultado mucho».

Aquel verano estuvo también en la Academia Sinica Institute of Astronomy and Astrophisics de Taiwan, donde trabajó en la caracterización del polvo de la Vía Láctea. «El polvo nos interesa a los astrofísicos porque cuando miras a través del telescopio te oculta parte de lo que quieres ver. Por eso es necesario conocer bien sus características, para poder eliminarlo de lo que queremos analizar».

En aquel proyecto utilizaron binarias de rayos X, «un objeto de dos estrellas, una un agujero negro o una estrella de neutrones y otra una estrella evolucionada, más grande, que le pasa materia a la otra. Cuando esto ocurre se forma un disco de acreección y se transforma en dos chorros de energía. Si hay suerte, uno mira en dirección a la Tierra e ilumina todo el camino, desde el agujero negro o la estrella hasta nosotros. Y durante ese camino se ha encontrado todo el polvo de la galaxia, es una señal que nos viene directamente y que nos permite conocerlo».

Ese trabajo sí interesó realmente a Irene Abril. «Ahí empecé a conocer algo que realmente es relevante para mi trabajo de doctorado. Porque sabemos de qué está formado el polvo cósmico, pero no tenemos mucha idea de por ejemplo cuál es el tamaño de sus granos. Y no es un entorno homogéneo, hay polvo en varias direcciones, y tampoco conocemos cómo caracterizarlo bien. Tenemos muchísimas preguntas sin resolver».

 

Investigadora

En el otoño de eses año (2019) la física de ascendencia berciana investigó también en el prestigioso Max Planck Institute for Astrophysics, en Alemania. «Allí realicé un proyecto de dinámica de estrellas. La Vía Láctea, que es nuestra galaxia, es una galaxia de disco, que no es homogéneo. Hay una barra que gira a una velocidad distinta a las estrellas, y eso nos puede dar mucha información sobre cuál fue el proceso de formación de la galaxia. Con este proyecto ideamos un método para caracterizar e intentar estudiar cuál es la velocidad de rotación, para constreñir cuál es el proceso de formación de las galaxias. Junto a mis supervisores y dos investigadores de la Universidad de Columbia, en Nueva York, publicamos un trabajo sobre lo que descubrimos en este proyecto».

Y unos meses después investigó en el Institut de Ciènces del Cosmmos de la Universitat de Barcelona, con la profesora Licia Verde, una reconocida cosmóloga con la que propuso realizar el doctorado. Sin embargo, ella misma la orientó hacia Cambridge.

En la prestigiosa universidad británica realizó un máster de Estudios Avanzados en Astrofísica, que consiguió con una beca. «El proyecto de investigación se centró en la emisión de 21 centímetros de hidrógeno. Se trata de analizar cómo fueron las primeras estrellas y las primeras galaxias. Y el hidrógeno es muy importante para nosotros. En el origen está el llamado polvo cósmico de microondas. Primero es una ‘sopa’ de fotones, protones y electrones, que está muy caliente. El universo ya es un poco mayor, así que se ha enfriado y esas partículas dejan de interactuar con él. Protones y electrones se juntan y se forma el hidrógeno neutro. Los fotones viajan libremente por el espacio porque no tienen nadie con quien interactuar, y esos fotones son lo que llamamos fondo cósmico de microondas. Eso está a nuestro alrededor».

El hidrógeno neutro brilla a esa frecuencia de 22 centímetros. «Muestra cómo se formaron las primeras galaxias y las estrellas. Estas emiten rayos ultravioleta que ionizan el hidrógeno y electrones y protones se separan. El universo está totalmente ionizado y no vemos esto. Inicié un proyecto para estudiar la formación de las primeras estrellas».

Y ahí se quedó ya en la Universidad de Cambridge para realizar su doctorado. «Estoy estudiando el fondo cósmico de microondas. Caracterizando el polvo, para detectar fondos gravitacionales primordiales. Por eso necesitamos medir el fondo cósmico de manera muy precisa, y para ello necesitamos caracterizarlo. El proyecto que ahora comienzo permitirá estudiar cómo caracterizar mejor ese polvo».

La investigación para desarrollar la tesis doctoral durará cuatro años. Investiga el fenómeno de la lente graviacional, con el objetivo de «seguir avanzando en el desarrollo de herramientas para continuar con el conocimiento del universo».

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