Diario de León

Detección precoz del Alzheimer: cómo un análisis de sangre puede cambiar el diagnóstico

Un estudio liderado por el investigador de la ULE Miguel Ángel Rivas respalda el uso de un análisis de sangre como una herramienta prometedora para detectar alteraciones cerebrales y deterioro cognitivo asociados a esta enfermedad

Miguel Ángel Rivas, autor principal de la investigación.

Miguel Ángel Rivas, autor principal de la investigación.RAMIRO

Clara Barrio
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La detección temprana de la enfermedad de Alzheimer de forma no invasiva pronto podría ser una realidad. Un estudio científico llevado a cabo por Miguel Ángel Rivas, del Departamento de Psicología, Sociología y Filosofía de la Universidad de León, junto a investigadores del Instituto de Psicología de la Universidad de Santiago de Compostela (IPsiUS) y del Centro Singular de Investigación en Medicina Molecular y Enfermedades Crónicas (CiMUS) de la Universidad de Santiago de Compostela, respalda el uso de un análisis de sangre como una herramienta prometedora para detectar alteraciones cerebrales y deterioro cognitivo asociados a esta patología, incluso antes de que aparezcan síntomas clínicos evidentes. 

La investigación, publicada en la revista Alzheimer’s & Dementia: Diagnosis, Assessment & Disease Monitoring’, estudia la relación entre los niveles en sangre de una proteína llamada Tau fosforilada en la treonina 217 (p-tau217), el funcionamiento cognitivo y alteraciones microestructurales tempranas en el cerebro de personas mayores.

Según explica el investigador Miguel Ángel Rivas, “tradicionalmente, las pruebas diagnósticas para la detección del Alzheimer incluyen, entre otros métodos, la punción lumbar para analizar determinadas proteínas en el líquido cefalorraquídeo. Aunque esta prueba es fiable, resulta muy invasiva para los pacientes. Sin embargo, estudios recientes han demostrado que el análisis de este biomarcador en sangre permite alcanzar buenos niveles de sensibilidad diagnóstica”. “Esto supuso una revolución porque las analíticas de sangre son menos costosas e invasivas para los pacientes y, por lo tanto, potencialmente se podrán incorporar a las rutinas clínicas. Por el momento, se están empleando más en el entorno de la investigación, pero esperamos que dentro de unos años se trasladen a la clínica y sean mucho más accesibles y precisos los diagnósticos”, señala el científico.

En este contexto, su estudio nació “por ese interés en ver hasta qué punto diferentes niveles de p-tau217 obtenida en plasma se asocian con cambios neurodegenerativos en la microestructura cerebral”. Esta proteína es uno de los principales elementos implicados en el Alzheimer, ya que se acumula de forma anormal en el cerebro de las personas afectadas.

“En el área sanitaria de Santiago ya teníamos en marcha un estudio longitudinal sobre el envejecimiento y obtuvimos financiación para adquirir muestras de sangre de un grupo de participantes. Estas muestras fueron analizadas para buscar, entre otros biomarcadores, la proteína p-tau217. A partir de ahí, se nos ocurrió evaluar de qué manera diferentes niveles de este biomarcador en sangre están asociados con cambios en la microestructura del cerebro. Para ello, los participantes realizaron adicionalmente una resonancia magnética estructural a través de la cual pudimos evaluar medidas sensibles a la desmielinización y la neuroinflamación —cambios estructurales que están muy ligados a la enfermedad de Alzheimer”, detalla.

La investigación se llevó a cabo en 229 personas mayores de 50 años que participaron en el ‘Compostela Aging Study’, un proyecto de investigación centrado en la detección precoz del deterioro cognitivo del área sanitaria de Santiago. Primero, los médicos realizaron una evaluación clínica de pacientes que habían acudido a su centro de Atención Primaria por problemas de memoria. A continuación, las personas que quisieron participar en el estudio fueron derivadas a investigadores del Grupo de Neurociencia Cognitiva Aplicada y Psicogerontología de la Universidad de Santiago de Compostela, quienes le realizaron una evaluación neuropsicológica de diferentes dominios cognitivos como por ejemplo la memoria, la atención, las funciones cognitivas y el lenguaje. A partir de esta exploración, se obtuvo un diagnóstico clínico que clasificó a los participantes en: personas cognitivamente sanas, personas con rendimiento cognitivo normal en los tests, pero con quejas subjetivas de memoria (declive cognitivo subjetivo) y personas con rendimiento cognitivo bajo (deterioro cognitivo ligero). Posteriormente, estas personas realizaron pruebas de electroencefalografía y resonancia magnética estructural y funcional. De toda esa muestra, a las personas que cumplieron con determinados criterios se les dio la opción de realizar una analítica de sangre en el Hospital Clínico Universitario de Santiago de Compostela para analizar los niveles de beta-amiloide y p-tau217.

A diferencia de investigaciones anteriores que estaban más centradas en patrones globales de atrofia cerebral, el equipo empleó una técnica avanzada de resonancia que permite analizar con mayor detalle procesos neuropatológicos que impactan sobre la microestructura del tejido cerebral.

Los resultados del estudio revelaron que las personas con niveles elevados de p-tau217 presentaban alteraciones posiblemente ligadas a la neuroinflamación en el cerebro, especialmente en regiones relacionadas con la memoria, como el hipocampo, así como en áreas de la corteza cerebral y en la sustancia blanca. Por otro lado, los participantes con valores más altos de p-tau217 también mostraron un peor rendimiento en las pruebas de memoria, funciones cognitivas y lenguaje, por lo que refuerza la relación entre el deterioro cognitivo y este biomarcador plasmático en fases iniciales.

En la actualidad, investigadores del Grupo de Neurociencia Cognitiva Aplicada están llevando a cabo más estudios con este biomarcador para conocer cómo diferentes niveles de p-tau217 se asocian con diferentes trayectorias de cambio neurodegenerativo a lo largo del tiempo.

Miguel Ángel Rivas indica que este estudio recientemente publicado es “el primer trabajo en el que se han analizado cambios microestructurales sensibles a la mielina y la neuroinflamación utilizando este biomarcador p-tau217 en plasma” y su uso “está suponiendo una revolución en la capacidad diagnóstica de esta enfermedad en etapas tempranas, por lo que estamos yendo en la buena dirección, si bien estamos en una etapa muy temprana para ofrecer a los pacientes tratamientos exitosos que combatan directamente la enfermedad”.

En definitiva, el análisis de la proteína p-tau217 en plasma junto con técnicas avanzadas de resonancia magnética podría ayudar a identificar alteraciones microestructurales en personas con mayor riesgo de desarrollar la enfermedad. Estas investigaciones abren la puerta a futuros trabajos orientados al seguimiento temprano de la enfermedad de Alzheimer y al desarrollo de nuevas estrategias terapéuticas.

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