Isdefe-ULE, el cerebro técnico leonés de la UME
A través de una alianza estratégica, la Universidad de León y el Ministerio de Defensa desarrollan soluciones tecnológicas avanzadas para transformar el conocimiento técnico en herramientas operativas que optimicen la gestión de emergencias y la respuesta ante incendios forestales

Diego Domínguez es el director de la cátedra Isdefe-ULE.
La gestión de emergencias como los incendios forestales es una problemática que cada verano pone en jaque a las unidades de emergencias. En León, esta herida permanece abierta después de que el fuego arrasara la provincia durante la pasada época estival y se cebara con casi toda la provincia, aunque con especial incidencia en la comarca del Bierzo. Aunque la materialización de ciertos riesgos es inevitable, la preparación y planificación estratégica son fundamentales para minimizar su impacto. En este ámbito, la innovación tecnológica se posiciona como el principal catalizador, un segmento en el que la Universidad de León ejerce un papel determinante.
A través de la Red Horizontes, la empresa pública Isdefe –dependiente del Ministerio de Defensa y especializada en ingeniería, consultoría y asistencia técnica en ámbitos estratégicos– ha creado un ecosistema orientado al desarrollo de actividades de prospectiva y análisis tecnológico. Para la consecución de sus objetivos, Isdefe trabaja en estrecha colaboración con universidades y centros referentes de toda España y, desde febrero de 2025, con la Universidad de León (ULE). Diego Domínguez, director de la cátedra, explica que el objetivo es «ser capaces de darle a Isdefe y al propio Ministerio un conocimiento técnico puntero y actualizado sobre investigación y tecnología». «Financiamos actividades de diversos grupos de investigación de la Universidad de León para elaborar informes sobre el estado de la técnica y desarrollar proyectos que validen tecnología útil en la gestión de situaciones de emergencia. Esto incluye el desarrollo de simuladores inmersivos para entrenar a la Unidad Militar de Emergencias (UME) y simuladores de la evolución de incendios o inundaciones», recalca Domínguez.

Imagen de archivo del despliegue de la UME en el incendio en Yeres el pasado verano.
Dentro de Horizontes, el valor diferencial de la ULE radica en su especialización en «soluciones tecnológicas para emergencias en las que interviene la UME», una circunstancia que se debe a su proximidad a la unidad ubicada en el Ferral del Bernesga y a la recientemente creada Unidad de Drones de este cuerpo de élite militar. En la actualidad, la cátedra del centro leonés tiene en marcha tres proyectos, donde abordan el desarrollo de Plataformas Estratosféricas (HAPS), cartografía de combustibles forestales orientada a la gestión de los incendios y la generación de escenarios e interoperabilidad en sistemas de simulación (HLA). Para la ejecución de estos programas, la cátedra cuenta con cinco grupos de investigación «con conocimiento previo en gestión y preparación de emergencias». «El grupo de Robótica se encarga de los aspectos informáticos de los simuladores que necesita la UME. Los grupos de Física de la atmósfera (GFA) y Ecología aplicada y detección (GEAT) se especializan en el análisis y modelado de incendios forestales y meteorología. El grupo Documentación, Reconstrucción y Análisis de Objetos Complejos y Entornos Naturales (Dracones) del Campus del Bierzo elabora mapas de combustible forestal para los simuladores. Finalmente, el grupo de Tecnología Aeroespacial (GITA) se especializa en las plataformas estratosféricas para vigilancia y comunicaciones durante emergencias a través de imágenes y asistencia durante la intervención», detalla el investigador.

La cátedra Isdefe-ULE se integra en la Red Horizontes.
Si bien el director asegura que «estamos lejos del ensayo de catástrofes en entornos virtuales porque excede la capacidad de la universidad y requiere de mucho músculo industrial», el papel de la cátedra es «dar a la UME el conocimiento necesario para que puedan pedir a la industria estos simuladores». «Es un objetivo a largo plazo. Actualmente, los simuladores de incendios son limitados; buscamos un simulador que sea capaz de predecir el comportamiento del fuego y permita reproducir ese comportamiento en una sala de entrenamiento virtual para los operadores. Queremos que en el futuro el fuego responda a la intervención de los operarios (como el uso de mangueras) en una sala de entrenamiento virtual coordinada, algo que hoy no existe como producto comercial», recalca.
Por otro lado, las Plataformas Estratosféricas son la otra gran baza en la que trabajan los investigadores, concretamente el grupo de tecnología aeroespacial de la ULE, y que prometen ser la próxima revolución en la gestión de las emergencias. «El grupo tiene casi una década de experiencia en esta área con la Agencia Espacial Europea y otras empresas del sector. Para monitorizar la superficie de la Tierra contamos con drones que se pueden volar desde Tierra para observar desde cerca la situación, pero tienen un radio de acción corto. En el otro extremo se encuentran los satélites, que cubren áreas muy grandes con resoluciones pequeñas y, además, el satélite tarda en volver a pasar por el mismo sitio un tiempo. Por ello, las Plataformas Estratosféricas, también conocidas como pseudosatélites, operan a 20 kilómetros, donde apenas hay viento, usan paneles solares y pueden tener un vuelo permanente casi ilimitado sobre una zona (días o semanas). A diferencia de los drones (corto alcance) o satélites (pasan cada varios días), estas plataformas ofrecen monitorización constante, vídeo y comunicaciones en grandes áreas sin interferir con la aviación convencional», explica el científico.
A pesar de que el desarrollo tecnológico es crucial para la gestión de emergencias, conocer la cartografía es esencial para poder predecir el comportamiento y tomar decisiones adecuadas a cada caso. El noroeste es especialmente “sensible debido a las condiciones climatológicas y al propio terreno” y particularmente a los incendios forestales debido a la gran cantidad de combustible generado en invierno debido a la humedad y al clima seco que favorece la propagación del fuego. «En la cátedra contamos con grupos especialistas en comprender la atmósfera y cómo evolucionan las condiciones atmosféricas y en la recreación del terreno. Conocer el tipo de combustible —si es matorral o pinar, que es muy inflamable— ayuda a identificar las zonas de mayor peligro, predecir la velocidad y la dirección del incendio. Esto permite a los gestores de la emergencia decidir la mejor forma de afrontarla: si tienen tiempo para crear un cortafuegos o si deben desplazar medios urgentemente a una zona», detalla.
Para atajar una crisis, la interoperabilidad debe poder garantizarse, ya que «una de las mayores dificultades en una emergencia es el exceso de información procedente de diversas fuentes». «Necesitamos un sistema superior que pueda procesar todos estos datos. En una emergencia intervienen muchos medios y hay un exceso de información que una persona no puede digerir sola para tomar decisiones. Los sistemas de mando y control deben procesar toda esa variabilidad de fuentes para extraer solo la información útil para tomar decisiones. Para ello, todos deben usar los mismos protocolos e interfaces digitales para que la información se procese en un único sitio y sea útil para la gestión de emergencia», recalca.
En este sentido, la Inteligencia Artificial (IA) ya se posiciona como una de las tecnologías más prometedoras en la gestión de riesgos debido a «su idoneidad para procesar y resumir volúmenes ingentes de datos en información útil para predecir escenarios basados en históricos». También por su capacidad de «gestión de flotas de vehículos autónomos, tanto de tierra como de aire, sin necesidad de un piloto por cada unidad». En este ámbito, igualmente las Plataformas Estratosféricas «están recibiendo mucho impulso en los últimos años». Aunque no existen vehículos operacionales porque «están en fase de pruebas», es una tecnología con mucho futuro y en la que la Universidad de León es puntera en España.

Resumen de la cátedra Isdefe-ULE.
En definitiva, la cátedra Isdefe-ULE posiciona a León como el cerebro de Defensa y las Emergencias y muestra cómo la unión entre una empresa pública como Isdefe y la Universidad permite anticiparse a las crisis del futuro. Como destaca su director, Diego Domínguez, «para la Universidad de León es una gran oportunidad formar parte de una red nacional en la que están representadas grandes universidades de España como la Universidad Politécnica de Madrid, la Universidad de Alcalá o la Universidad de Zaragoza».
«Trabajamos con grandes referentes en distintos nichos tecnológicos como parte de la red de apoyo tecnológico e innovación de Isdefe y queremos que el conocimiento de León pueda llevarse a la aplicación real. Esto permite cumplir una de las grandes misiones de la Universidad, que es la transferencia de conocimiento desde los despachos y laboratorios a aplicaciones reales para la gestión del día a día y recursos del Ministerio. El hito máximo sería que las recomendaciones y soluciones tecnológicas desarrolladas en la ULE permitan que, cuando la UME actúe en una emergencia real, lo haga de forma más eficaz y eficiente, salvando vidas gracias a ese conocimiento», concluye.