Maserati. El tridente rosso... trionfale

El Gran Cabrio Sport renueva su estética y gana en prestaciones

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JAVIER FERNÁNDEZ
León

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Llegará en verano. Dentro de un par de meses se pondrá a la venta la versión Sport de uno de los descapotables de referencia en el catálogo de la mítica marca del Tridente. Ligeros cambios estéticos y tecnológicos, un motor algo más potente y también más eficaz en consumos y emisiones, con una tarifa... aún sin determinar.

Aún con los cambios propuestos en la ligera renovación de este sugestivo descapotable, Maserati continúa manteniendo su identidad original: el motor V8 de 4.7 litros y 450 CV, una decena más que su antecesor. Lo mismo que sucede con la entrega del par motor, que sube de 49,9 a 52 metros/kilo, mientras se han reducido significativamente los consumos: un 6% de rebaja, lo que da una idea de los esfuerzos técnicos llevados a cabo por el fabricante.

El prestacional V8, se une aquí al mismo cambio que monta el Quattroporte Sport GT, la caja automática de 6 velocidades MC-Auto Shift, con un optimizado software que permite también ganar un par de kilómetros de punta: de 283 a 285 por hora. Como cabe suponer, también los demás parámetros técnico-dinámicos se han revisado alza, montándose ahora un esquema de suspensiones «Skyhook» con tarados más firmes (mayor deportividad) y unos discos de freno ventilados y perforados, que proporcionan una respuesta de frenado aún más inmediata y con mayor resistencia a la fatiga.

Aún con resultar poco apreciables para el gran público, las pinceladas estéticas de esta versión Sport no dejan de tener su enjundia: inserciones de color negro en la parrilla delantera y en los grupos ópticos, nuevos faldones laterales en color carrocería y discretos apéndices aerodinámicos.

Con el estreno del color Rosso Trionfale, Maserati rinde culto al color nacional que la marca utilizaba en los coches de carreras de la década de los cincuenta, especialmente cuando en 1957 Juan Manuel Fangio ganó su quinta corona mundial de Fórmula Uno al volante del célebre 250F… rojo.

Aquel mítico monoplaza de motor delantero (inyección directa y 310 CV) diseñado por el inefable Gioacchino Colombo (padre de otras muchas realizaciones en Ferrari) en colaboración con Bellentani y Giulio Alfieri (fundador del Tridente). Entre 1954 y 1957, se construirían una treintena de unidades del 250F, que acabaría convirtiéndose en uno de los más populares monoplazas de la época y, paralelamente, uno de los modelos «competición-cliente» imprescindibles en la F1, tan apreciados por los pilotos oficiales de la marca como por privados y semi-oficiales.

Además del Chueco Fangio y del español Paco Godia, uno de «nuestros pioneros» en la F1, las diversas evoluciones del 250 F irían a parar a manos de: Stirling Moss, Roy Salvadori, Luigi Villoresi, Onofre Marimón, Jean Behra, Eugenio Castellotti, Froilán González, Piero Taruffi, Masten Gregory, Carroll Shelby, Peter Collins, Mike Hawthorn… Cualquiera que tuviese apetencias de victoria, tenía «obligatoriamente» que montarse en un Maserati 250 F.

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Con el título del 57 llegaría, lamentablemente y por razones económicas (ya ven, nada nuevo bajo el sol), la retirada oficial de Maserati de las carreras para, según rezaba la nota firmada por los hermanos Orsi, «potenciar la construcción de coches de Gran Turismo»... y en «esas» estamos; para muestra, el botón de muestra del renovado Gran Cabrio Sport.