Diario de León

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León

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Silencioso, sin mantenimiento y cada vez más «autónomo» el motor eléctrico comienza a tomar carta de naturaleza en el ánimo de los fabricantes con —incluso— ciertas «mínimas» aplicaciones prácticas que ya pueden verse -y comprarse, si se desea- en los catálogos de algunos fabricantes. De ahí a sostener que el automóvil eléctrico sea «ya» una realidad… va un mundo: el que separa la realidad de la ficción automovilística.

Es verdad que todos los principios tienen —valga la redundancia— sus «principios», así que habrá que seguir expectantes al desarrollo de una energía limpia que, cuando menos, viene poniendo los mimbres para que, en su día, se haga realidad.

Mientras esa «realidad» llega, conviene no olvidar los esfuerzos tecnológicos que está llevando a cabo una industria, la automotriz, para ofrecernos -a los usuarios- vehículos cada vez más potentes y, aunque pueda parecer un contrasentido, rápidos y prestacionales.

¿Alguien podía ni siquiera soñar, hace sólo un puñado de años, con un consumo medio alrededor de 5/6 litros en motores -y coches- cuya potencia juguetea con los 200 CV?.

¿Y con coches «grandes» exentos del Impuesto de Matriculación por sus bajas emisiones contaminantes?

Optimización aerodinámica, neumáticos de baja resistencia a la rodadura, sistema «Start&Stop» de arranque-parada automática del motor en detenciones prologadas, motores híbridos gasolina/eléctricos o diésel/eléctricos en coches «normales»… por ahí van los tiros tecnológicos en una industria, la del automóvil, últimamente bien castigada —bien lo saben los vendedores— por una —¿irredenta?— crisis económica que, a corto plazo, no parece atisbar luz al final del túnel.

Setenta y un millones de vehículos se venderán en todo el planeta al final del presente ejercicio 2011 (alrededor de 800.000 en el mercado español) y se aventuran 103 millones para 2020.

Cien millones, de esos 103, seguirán moviéndose con motores de combustión interna (asociados o no a un eléctrico) mientras escasamente 3 millones de vehículos serán exclusivamente eléctricos.

Según las predicciones, en ese «año 20» las emisiones de CO2 se moverán entorno a 95 g/km y cinco años después —largo me lo fiais— se habrá mejorado en un 30% esa cifra; es decir, alrededor de 70 g/km de CO2, la mitad que hoy o, si se prefiere, alrededor de 3,0 litros de consumo medio para los motores de gasolina y 2,6 para los gasóleos.

Así que, alarmismos fuera, dejemos trabajar a la vanguardista tecnología térmica y no nos dejemos llevar por cantos de sirena con la «inmediata necesidad eléctrica» cuando esa tecnología —todavía incipiente por autonomía— debe seguir «sus tiempos». Lo contrario —»correr» demasiado—, podría llevar a trompazos técnicos y, lo peor, al rechazo generalizado de la audiencia.

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