917… el icono
En época de confinamiento, nunca viene mal volver la vista, y recordar victorias…
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‘Coche de carreras del siglo’… así de contundente, no le dolieron prendas al Museo Porsche, que el pasado año mostraba, en una espectacular exposición, la historia de… la leyenda: una auténtica obra de arte, firmada por Hans Mezger en clave V12 refrigerado por aire, capaz de ‘disparar’ al 917 por encima de 380 por hora. Durante cuatro temporadas, se convirtió en el ‘coc’ de los circuitos.
El 12 de marzo de 1969, sobre la ‘alfombra roja’ del Salón de Ginebra… arrancaba todo, el ‘santo y seña’ de Porsche, la primera de los 25 unidades de ‘producción reglamentaria’ para la homologación deportiva del ‘nuevediecisiete’, la mayoría de ellas vendidas a equipos semioficiales, muy en la línea ‘competición-cliente’ tan cultivada siempre por Stuttgart-Zuffenhausen… a 140.000 marcos ‘la tirada’, para el que acabaría convirtiéndose en toda una icónica leyenda, máxime porque Porsche tampoco fue -hasta ese momento- un fabricante especialmente dado a los ‘motorazos’, salvo, insistimos, en nuestro protagonista: V12 de 4.5 litros y 520 CV, ‘solidarizado’ con un cambio manual de 5 velocidades asentado, todo ello, sobre un chasis tubular de aluminio, cuya ‘romana’ no superaba los 45 kilos con, eso también, unos enormes alerones (tan en boga entonces… como hoy). Y para nada faltase en el desafío técnico, los tubos del chasis se llenaban de aire comprimido para que, a la menor fisura, un manómetro ‘pudiese advertir’ al piloto de una posible ‘fatiga de materiales’.
Incluso la nómina de ingenieros de Stuttgart-Zuffenhausen daba un paso más: chasis de magnesio en cuatro unidades ‘oficiales’ (la ganadora de Le Mans’ 71 y el célebre 917-10 Can-Am del Equipo Penske). También el titanio formó en ‘la nómina’ de elementos de suspensión, dirección, carcasa del cambio y ruedas; por no hablar del equipo de frenado: «lleva frenos de 917»… el mejor piropo lanzado en los boxes de la época.
Aunque, eso también, la mayoría de pilotos consideraban al ‘nuevediecisiete’ como un coche nada fácil de pilotar: la adelantada posición del piloto, prácticamente sobre el eje delantero, hacía especialmente difícil ‘sentir’ las reacciones, sobre todo si se le comparaba con su ‘mágico’ antecesor 908, nada que no solucionase el tiempo, y la paciencia, de los pilotos-probadores.
Las repletas vitrinas de trofeos en Stuttgart-Zuffenhausen, dan buena cuenta de lo que, en su día, representó el 917 en la trayectoria deportiva de su fabricante. ¡Glückwunsch!