Diario de León

Rolls Royce: testigo… de un siglo artístico

Desde su fundación, Rolls Royce ha estado sistemáticamente asociada a importantes maestros del arte contemporáneo: Salvador Dalí, Andy Warhol, Henri Matisse, Pablo Picasso, Christian «Bebé» Bérard, Cecil Beaton y Dame Laura Knight… viajaron en Rolls.

Fantasma… ‘modelo artístico’ de RR

Fantasma… ‘modelo artístico’ de RR

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Phantom… estrella de RR. El modelo más estrechamente ligado al mundo del arte, el Fantasma, celebra su centenario en 2025.

La primera mujer elegida miembro de la Royal Academy of Arts, Dame Laura Knight, incluso llegó a utilizar un Rolls Royce a medo de ‘estudio móvil’, pintando desde su interior en hipódromos como Epsom y Ascot; incluso los más notables coleccionistas mundiales también sintieron el influjo de la doble RR: Jacquelyn de Rothschild, Peggy Guggenheim y Nelson Rockefeller. Durante 100 años y ocho generaciones, el Phantom ha pertenecido a algunos de los más famosos creadores de la historia moderna, y hasta se ha exhibido en galerías de todo el mundo como una obra de arte por derecho propio, desde colecciones institucionales (Saatchi Gallery de Londres y el Smithsonian Design Museum de Nueva York) hasta innumerables galerías independientes y diversos espacios de exhibición. «Durante 100 años, el Rolls-Royce Phantom se ha movido en los mimos círculos que los principales artistas del mundo. Es el momento perfecto para reflexionar sobre el infinitamente intrigante legado de este automóvil». (Chris Brownridge, director ejecutivo de Rolls-Royce Motor Cars.)

La coliflor… y el Fantasma helado

Salvador Domingo Felipe Jacinto Dalí i Domènech, Marqués de Dalí de Púbol; el artista español más conocido por su nombre abreviado, Salvador Dalí, siempre se esforzó por ocupar el centro de atención. Tras escandalizar al mundo artístico con sus excentricidades cuajadas de imágenes surrealistas: paisajes de pesadilla, animales quiméricos, comida sugerente y relojes derretidos… En el invierno de 1955, se le solicitó que dictase una conferencia en la parisina Universidad de la Sorbona: viendo una oportunidad de oro para crear ‘un momento’ en el arte moderno, Dalí tomó prestado el Fantasma negro y amarillo de un amigo y lo llenó con 500 kilos de coliflores. Después de un alocado paseo por las calles de París con s coche cargado de coles, Dalí se detuvo frente a la universidad y abrió de golpe las puertas del Phantom: las coliflores cayeron en cascada sobre el frío suelo de diciembre. Resulta discutible cuántos de los 2.000 asistentes a la conferencia recuerdan ahora su exposición «Aspectos fenomenológicos del método crítico paranoico», aunque su llegada antes de la conferencia se volvió legendaria. Tanto impacto tuvo que, para honrar esta desafiante actuación surrealista, Rolls-Royce encargó a un artista contemporáneo la creación de una original obra de arte inspirada en aquel momento, gloriosamente excéntrico y lleno de coliflores… del Phantom. Y tampoco sería este memorable momento la única ocasión en la que Dalí inmortalizase el Phantom: en 1934, el libro ilustrado «Les Chants de Maldoror» contenía una interpretación —surrealista, por descontado— del Phantom. En esa pieza, Dalí representaba el automóvil varado en un paisaje desolador y gélido, aparentemente congelado en la desolación: una imagen tan elegante como misteriosa, personifica la daliniana habilidad para yuxtaponer la opulencia… en lo absurdo.

15 minutos de fama… Warhol

Una suite del neoyorkino Hotel St. Regis, en Manhattan, alojaba cada otoño e invierno a Dalí. Sería allí, en 1965, donde conociese a un joven artista visual: Andy Warhol; el fotógrafo británico David McCabe captaría ese momento seminal en el arte: «Dalí convirtió todo el evento en teatro, Andy estaba petrificado», recordaría más tarde McCabe.
Considerado como el sucesor natural de Dalí, Warhol acabaría convirtiéndose en uno de los artistas más influyente del siglo XX.
Eso sí, a diferencia de su mentor él sí poseía un Phantom de 1937 que, en 1947, había sido convertido en un ‘shooting break’.
En 1972, Andy y su agente suizo, Bruno Bischofberger, pasaban por una tienda de antigüedades en Zürich donde el automóvil estaba en venta: dicho y hecho, Warhol lo compró en el acto y lo envío a Nueva York; lo mantendría hasta 1978, cuando se lo vendió a su amigo, y manager, Fred Hughes.
Homenajeando al duradero impacto del ‘Pop Art’, Rolls-Royce ha encargado a un artista contemporáneo capaz de reimaginar el Phantom en, como cabe suponer, el estilo que impulsó ese audaz estilo de Studio 45 a la corriente cultural dominante.

'Espíritu del Éxtasis’.

'Espíritu del Éxtasis’.DL

Espíritu del Éxtasis’… arte para cada Phantom

Esta tradición de colaboración artística —y conexión— con los más provocadores creativos del mundo, se remonta a la ‘noche de los tiempos’ en la trayectoria de Rolls-Royce: un artista plástico esculpía el símbolo más perdurable en la iconografía de la marca.
Desde 1911, los automóviles RR se han honrado en lucir una de las mascotas más famosas del mundo: el ‘Espíritu del Éxtasis’, originalmente creada por el prolífico Charles Robinson Sykes.
Tras obtener una beca en el Royal College of Art de Londres; en 1902, el Honorable John Douglas-Scott-Montagu, segundo Barón Montagu de Beaulieu, contrataría a Sykes para que le suministrase las ilustraciones de su revista ‘The Car Illustred’.
A renglón seguido, Montagu le pediría Sykes que crease una serie de pinturas que representasen su Rolls-Royce Silver Ghost; unas imágenes que no pasarían desapercibidas a Claude «CJ» Johnson, primer director comercial de RR, quién encargaría seis óleos a Sykes que mostrasen Rolls-Royce llegando a lugares como la ópera, los campos de golf y el arroyo de salmón, para ilustrar el catálogo 1910-11 de la compañía automovilística.
Poco después, aún a pesar de la antipatía que Sir Henry Royce ‘profesaba’ al concepto, «CJ» decidió que Rolls-Royce necesitaba una mascota oficial: Sykes recibía el encargo de una escultura inspirada en la imponente estatua griega ‘La Victoria alada de Samotracia’, que había admirado en el parisino Louvre.
Sykes capturó su impacto, creando una figura más etérea capaz de expresar mejor su experiencia de viajar en un Rolls-Royce; de hecho, su hija Jo recordó que estaba «muy impresionado por la suavidad y velocidad del coche»; imaginando que, incluso un ser tan delicado como un hada podría viajar en el capó… sin perder el equilibrio.
Sea cual fuere la principal inspiración de Sykes, «CJ» quedó encantado con la nueva mascota, nombrándolo proveedor exclusivo en 1911; a partir de entonces, el artista supervisaría personalmente a su equipo de producción, sucediéndole su hija Jo en 1928.
Hasta que, en 1948, Rolls-Royce asumiese la producción interna, es posible que todos los propietarios de un Phantom poseyesen, sin saberlo, un ejemplar original de Sykes.
Aunque ahora se le recuerda más por su trabajo con RR, Sykes disfrutó de una exitosa carrera como artista. Su obra sigue siendo muy valorada, y escrupulosamente conservada en varias colecciones institucionales, como el Museo Británico y el V&A de Londres. «Phantom: un lienzo y un catalizador».
Ahora, al cumplirse el centenario, Phantom cobra mayor relevancia —si cabe— que nunca.
Para creadores y coleccionistas, sigue siendo a la vez un lienzo y un catalizador, que ofrece a los visionarios pensadores algo excepcional: una forma de expresión personal, atemporal y plena de propósito… incombustible, irrepetible Fantasma.
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