Cosworth: Leyenda… ‘ovalada’
El retorno (45 años después) de la F1 a Madrid, con la añorada época del Jarama en la memoria y en el imaginario de miles de aficionados, revive leyendas: Ford Cosworth, joya motorística del óvalo, es una de ellas… de las leyendas V8.

Mitológico… Pocos como el Lotus 49, con Jim Clark al volante, representan tan bien el espíritu del motor Ford-Cosworth DFV V8.
Alianza… estratégica. ‘Double Four Valve’: 155 victorias en Grandes Premios disputados entre 1967 y 1983, 12 Títulos Mundiales de Pilotos y 10 de Constructores. El DFV (V8) no sólo es el motor más laureado de la Fórmula 1, también el símbolo de una época dorada (junto con el V12 de Maranello) en la innovación técnica y la popularización de la alta competición.
Primavera de 1967. A mediados de los 60, a instancias de Walter Hayes director de Relaciones Públicas de Ford Gran Bretaña, el óvalo decide financiar con 100.000 libras iniciales el desarrollo de un nuevo motor de carreras firmado por Mike Costin y Keith Duckworth… Cosworth. Objetivo: construir un V8 atmosférico de 3.0 litros ligero, compacto y potente para equipar, inicialmente en exclusiva, al equipo Lotus del ‘maestro’ Anthony Bruce… Colin Chapman, Elemento… estructural. El 4 de junio de 1967, debutaba en el G. P. de Holanda (Circuito de Zandvoort, Países Bajos), el Ford Cosworth DFV montado en el icónico monoplaza Lotus 49 y con dos leyendas al volante: Graham Hill y Jim Clark; el motor lograba la ‘pole position’, anotándose también la victoria en su primera carrera oficial… arrancaba la leyenda. Más allá del rendimiento dinámico y la culata de cuatro válvulas por cilindro, la gran evolución del V8 DFV era su concepción estructural: Chapman y Duckworth diseñaron el propulsor como una suerte de componente estructural del chasis del monoplaza, atornillándolo directamente al monocasco posterior, soportando la suspensión trasera y la transmisión. Una arquitectura que redujo drásticamente el peso total del coche, a la vez que aumentaba la rigidez torsional, marcando así ‘la senda’ que seguirían —desde entonces— la totalidad de monoplazas de F1. Fruto del impacto inicial, Ford tomaría una decisión estratégica fundamental: en lugar de mantenerlo como un componente exclusivo para su equipo oficial, permitiría a Cosworth comercializar el DFV V8 a cualquier escudería de la parrilla. Una apertura que cambiaría radicalmente la fisonomía de la Fórmula 1 durante la década de los 70: equipos independientes como Tyrell, McLaren, Williams, Brabham o March pudieron adquirir un motor competitivo, fiable y asequible, capaz de plantar cara a los grandes constructores de la época; así que, durante más de una década, la parrilla de la F1 estuvo dominada por el sonido inconfundible… del Ford V8. Aquellas 155 victorias oficiales atesoradas en el Mundial F1 se abrocharían en el Gran Premio de Detroit de 1983, con Michele Alboreto al volante de un Tyrrell, cerrando un ciclo legendario antes del desembarco masivo… de los motores turboalimentados.

Óvalo versus Cavallino


Pilotos… de leyenda
Para redondear… Pedro Martínez de la Rosa, el español pilotaría oficialmente para Jaguar Racing (Ford Motor Company) en 2001 y 2002, al volante de sendos monoplazas R2 y R3 animados por Cosworth-Ford V10; uniendo su nombre a los de otros insignes pilotos españoles en la F1: Emilio de Villota, Marc Gené, Adrián Campos y Luis Pérez-Sala.