Cistierna, nada quedó y nada llegó
El final de las minas de Sabero fue la crónica de un cierre anunciado. Las alarmas llevaban tiempo disparadas, pero fue en febrero de 1991 cuando quedó patente lo que parecía inevitable. Los trabajadores de la compañía iniciaron una larga campaña de movilizaciones para reclamar soluciones que paliasen el inmenso daño que se haría a toda la comarca. Y la verdad es que ideas, planes y proyectos no han faltado, pero casi veinte años después de la minería nada quedó y de lo prometido, poco llegó por no decir nada.
El 18 de abril de 1991 arrancaba la larga lucha con el encierro de 20 miembros del comité de empresa de Hulleras de Sabero en la sede de la Diputación de León para reclamar alternativas ante el previsible cierre. Dos días más tarde, cien mineros se manifestaban ante el Palacio de los Guzmanes, sede de la institución provincial, para mostrar su apoyo a los encerrados, que aún permanecerían hasta el día 25 con su acto de protesta.
Días después, el 11 de mayo de 1991, una manifestación con 2.500 personas recorrió Cistierna contra el cierre de Hulleras de Sabero y el día 22 la protesta se trasladó a las calles de León.
Pero todos esos esfuerzos se hicieron inútiles porque la propia empresa y la Dirección General de Minas confirmaron el cierre definitivo de la explotación.
El 11 de octubre de 1991 el comité de empresa y la dirección de la compañía firmaron el finiquito, que los trabajadores respaldaron semanas después en un referéndum en la propia mina. De los 596 trabajadores, votaron 515, y 419 lo hicieron a favor del cierre, 91 en contra, y hubo otros cuatro votos en blanco y uno nulo. Así pues el 13 de diciembre se dio por cesada la actividad en la mina, el 26 de diciembre se paralizó el lavadero de Vegamediana y el 31 de diciembre se cerraron las oficinas de Sabero. Sólo continuaría activa unos tres años la explotación a cielo abierto.
Una esperanza frustrada
En medio de este proceso surgió una fecha clave, la del 14 de diciembre de 1991, el día en el que se crea la Mesa de Sabero para buscar empresas con el objetivo de recolocar a los mineros que desde el día anterior se habían quedado sin empleo. Las administraciones acuerdan ese 14 de diciembre la creación de un fondo compensador de 4.650.000 euros (775 millones de pesetas).
Son momentos de gran actividad para buscar alternativas y apenas dos semanas después la Mesa de Sabero se reúne el 30 de diciembre para informar de que las primeras empresas que desean instalarse en la comarca -”Confort Metalográficos y Construcciones Metal de Sabero-” crearán 38 empleos. La propia mesa asegura que tiene otros siete proyectos en proceso de estudio para generar 306 empleos en la comarca.
Todo eran esperanzas, aunque para muchos aquello levantaba excesivos recelos. Y fue el propio presidente de la Diputación, Agustín Turiel, el que a la salida de una reunión de la Mesa de Sabero afirmó en tono jocoso que «el único acuerdo que hemos tomado es no hacer declaraciones a los medios de comunicación» para a continuación llamar «pobrecitos» a los periodistas que habían soportado las tres horas largas de la reunión.
Y ese gesto fue el preludio de la realidad que se vivió en la comarca en los siguientes años. Con acuerdos o sin ellos, el paso del tiempo fue cruel, con una reindustrialización que no llegaba y con una población en la comarca en caída libre, ya que la gente tuvo que optar por buscarse un empleo en otro lugar a medida que las prestaciones del paro se iban acabando.
Segundo intento
Meses después, una nueva luz de esperanza llegó en abril de 1992 cuando el alcalde de Cistierna y diputado provincial, Carlos Alvarez, logró la cesión de 30.000 metros cuadrados para la creación del polígono industrial de Vidanes. Muchas fueron de nuevo las esperanzas alentadas por el inicio y por el fin de las obras, pero cuando la urbanización ya estaba concluida las empresas no terminaban de llegar.
Por aquel entonces el protagonismo fue para la Herrera de Sotillos de Sabero, donde por fin se instaló la primera empresa real, Conformados Metalgráficos, que daba trabajo a una veintena de personas, pero que apenas duró un par de años.
Y mientras, el auténtico bombardeo de nombres de empresas que desean instalarse en la comarca siguió siendo constante aunque la realidad es tozuda y los proyectos no cuajaban, entre constantes críticas al límite establecido por el Ministerio de Industria para subvencionar el 50% de los proyectos. Siempre con la eterna sospecha de que muchos supuestos emprendedores llegados de fuera sólo buscan cazar subvenciones, el protagonismo lo empezaron a asumir los propios habitantes de la zona, con proyectos como Morcillas Morvega, Champiñones, Muebles Prado o Tecoi, así como el empresario leonés David Alvarez, que instaló la empresa Valles del Esla.
En el polígono de Cistierna, ubicado en Vidanes, sólo sobreviven en estos momentos la empresa de legumbres Seprolesa y Quesería Peñacorada, mientras en las naves próximas otras aventuras como Envases Naturales, Encofrados Leoneses o Enervisa -”que llegó a tener 170 trabajadores en 1999 y cerró en 2004-” pasaban sin gloria pero con bastante pena.
Con el paso de los años han llegado otras pequeñas empresas más familiares y recientemente se ha instalado donde estuvo Enervisa la empresa Apaicachana y su filial Cisener que dan trabajo a una treintena de personas.
La realidad de la comarca es que el cierre de la minería sin antes haber contado con un plan previo de reindustrialización ha llevado a la zona a una situación de agonía poblacional, que se ha acentuado aún más en los pueblos pequeños y en las localidades del municipio de Sabero.
El respiro dado por esas pequeñas empresas no ha servido, no obstante, para que los habitanes de la zona se hayan olvidado las promesas de reindustrialización que nunca se hicieron reales.
Y es que como dijo un día un sindicalista minero berciano «hay que luchar para que la minería del Bierzo no se convierta en otro Cistierna-Sabero».