Diario de León
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Es imprescindible para concebir la llegada de Gaudí a León, la influencia catalana, no exclusivamente del autor, sino de forma que podría considerarse casi «rocambolesca». Ya hemos visto que en Astorga un catalán, el Obispo Grau i Vallespinós, se responsabiliza por completo de ser el mecenas del arquietecto, pero en León, el entramado de conexiones catalanas es casi inimaginable.

El terreno para construir Casa Botines se compra en 1886 por parte de los comerciantes de tejidos leoneses, Simón Fernández y Mariano Andrés González-Luna (padre del que luego sería alcalde de la ciudad). El objetivo de la adquisición de los dos emprendedores es trasladar su negocio de tejidos que se encontraba en el número 8 de la Plaza Mayor, al nuevo edificio proyectado también como viviendas. Debemos de hacer aquí un inciso antes de continuar aclarando los lazos de unión con Gaudí.

Simón Fernández y Mariano Andrés regentaban un negocio de tejidos que había pertenecido al empresario de origen catalán, Juan Homs i Botines. Don Juan fundó un negocio textil y bancario que hizo poner su nombre en la vida comercial de la capital. Pero el casamiento del comerciante local Simón Fernández, primero con la hermana de Homs y posteriormente con su sobrina Teresa, propició que el leonés llegara a convertirse en socio de Juan Homs y Botines, y a la muerte de éste en 1876 se hiciera cargo del negocio textil conocido popularmente en la ciudad como «Casa Botines» junto a Mariano Andrés, tercer socio. Por tanto, antes de seguir nuestro relato, queda aclarado la procedencia del nombre del edificio levantado en la Plaza de San Marcelo, alejando leyendas que promulgan que en el edificio se fabricaban botines...

Hecha una pausa, volvemos a situarnos en temas judiciales relacionados con la adquisición de los terrenos del negocio textil de «Casa Botines». Diferentes pleitos con el ayuntamiento, relacionados con el rechazo que tenían las autoridades de la ciudad por dar los terrenos en la Plaza de San Marcelo, centro nuerálgico, a los dos comerciantes leoneses, retrasó el comienzo de las obras del futuro edificio hasta el 24 de mayo de 1891 cuando se resuelve el juicio.

Sin embargo, el primer contacto con Gaudí se remonta mucho antes del final de los pleitos con el Ayuntamiento y es cuando entra en acción la conexión catalana. Manuel Carriedo mantiene que «parece ser, que antes de que el Obispo Grau llegase a Astorga y dirigiese correspondencia con Gaudí, Simón Fernández y Mariano Andrés ya hubiesen contactado con el maestro catalán». En León había una colonia catalana muy próspera, existían mucho lazos comerciales entre ambas regiones e incluso, el canónigo de la Catedral desde 1876 a 1899, Cayetano Sentís i Gran, procedía de un pueblo cercano a Reus, ciudad natal del arquitecto, llamada Ruidoms, que se disputa el nacimiento de Gaudí con la otra localidad tarraconense. Un nuevo elemento entra en acción ahora, pues el arquitecto de la diputación por entonces era Francisco Blanch i Pons, que, además de ser también catalán, casualmente estaba casado con doña Ángela Cornet, pariente de Gaudí en Reus. Poco a poco vamos viendo las cantidad de lazos de unión inverosímiles que existía entre Gaudí y León.

Promotores

En la siguiente conexión, ya entran en juego los dos promotores de Casa Botines, don Mariano Andrés y Simón Fernández, que además de tener una tienda de tejidos en el número 8 de la Plaza Mayor, son representantes del Banco Hispano-Colonial de Barcelona, fundado por el marqués de Comillas, que era el suegro de Eusebio Güell, que como es sabido, fue el gran mecenas de la obra de Gaudí. Así pues, la relación comercial establecida entre Güell y los dos comerciantes permitió que el poderoso comerciante catalán pusiera en contacto a Fernández y Andrés con el arquitecto de Reus, y de esta forma, queda cerrado el círculo de la conexión catalana. En resumen, Carriedo, uno de los artífices de haber atado los cabos en el archivo histórico de Caja España, reconoce que, sin duda, «la suma de todos los elementos que forman la conexión catalana hicieron posible la llegada de Gaudí a la ciudad, una sola persona seguramente no hubiera bastado, porque el afamado arquitecto catalán no necesitaba venir a León».

Seguramente, nuestro curioso turista, tras sus investigaciones, haya recabado información para desviar su itinerario y llegar hasta la provincia de León, donde gracias al azar y la coincidencia, los leoneses y storganos tenemos la gran suerte de contemplar y disfrutar cada día de la obra de Antoni Gaudí, el arquitecto de los sueños.

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