Un convento semillero
Injertan y recuperan membrillos y peras que iban a extinguirse al localizarlos en el monasterio de San Miguel de las Dueñas Un ingeniero agrícola palentino ha conseguido recuperar un total de 50 eco tipos diferentes de perales, manzanos, cerezo
Un ingeniero agrícola ha recuperado en la localidad palentina de Castrillo de Villavega 50 eco tipos diferentes de perales, manzanos, cerezos, ciruelos, nogales y membrilleros a través de un proyecto para rescatar de la extinción frutales autóctonos que están a punto de desaparecer.
Aurelio Robles se propuso en el 2006 salvar los frutales autóctonos de la comarca de Tierra de Campos de la extinción a la que están abocados a medida que van desapareciendo las personas que se han encargado durante décadas de mantenerlos.
Por eso puso en marcha esta iniciativa que ha consistido en localizar ejemplares de interés con la ayuda de los testimonios de las personas más mayores de Castrillo de Villavega, coger varetas e injertarlas en un vivero con patrones frutales plantados al efecto, según explica este ingeniero agrícola especializado en horticultura. En cuatro años ha conseguido injertar 200 plantones de 50 eco tipos diferentes de variedades frutales únicas que no están tipificadas pero tienen una gran importancia porque son autóctonas, asegura Robles.
Ha localizado e injertado membrillos y peras de otoño recuperados del monasterio cisterciense de San Miguel de las Dueñas, en León, peras de Canuel, reinetas del pozo, del Camino, manzanas santiagueras, de la fábrica, nogales, membrilleros de olor, ciruelas claudias y «de cojón de fraile».
Todas variedades antiguas, a punto de desaparecer, de peral, manzano, cerezo, ciruelo y membrillero con unas características que las hacen «únicas».
Una iniciativa con la que Aurelio Robles pretende además luchar contra la invasión de variedades de frutales procedentes de otras latitudes y preservar «un patrimonio agrícola que durante generaciones ha servido de sustento a nuestros antepasados».
Y también porque las variedades frutales tan conocidas como golden, starking o royal gala no están adaptadas al clima y al terreno de la comarca terracampiña por lo que para su producción se tienen que usar productos químicos para combatir las plagas y enfermedades que les afectan, explica este ingeniero.
«El autóctono es por tanto un fruto más sano y saludable, que se cultiva en ecológico y que asegura la tan valorada seguridad alimentaria», asegura.
Pero además su producción requiere muy poco trabajo y podría convertirse en un cultivo alternativo a los que ya existen, abriendo nuevas estrategias de desarrollo para las zonas rurales.
De hecho Aurelio Robles va a poner en marcha el primer Huerto de Referencia Frutal de la zona, un Banco de germoplasma donde se plantarán todos los eco tipos locales recuperados para estudiar sus aptitudes agronómicas y determinar cuales son los más rentables.
Además este invierno se repartirán plantones entre los vecinos de la comarca que se comprometan a cuidarlos y mantenerlos, para garantizar así la supervivencia de estas especies en el tiempo.
El objetivo a largo plazo sería exportar este proyecto a otras zonas de Castilla y León y con el tiempo y la colaboración de toda la sociedad no sólo evitar que desaparezcan las variedades autóctonas que siempre han estado en el paisaje, sino aprovechar también una nueva fuente de riqueza que siempre ha estado ahí.