Diario de León

CANTO RODADO

Con espíritu comunero

Villalar confío a la ordenación territorial el fin de los desequilibrios entre provincias. ¿Acaso reconocen que el actual no funciona?

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León

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Siempre he tenido simpatía por el movimiento comunero. Bravo, Padilla y Maldonado, nos enseñaban en la escuela, fueron los héroes malditos de aquella revolución de villas y ciudades, y de muchos clérigos, contra un rey extranjero con ínfulas de emperador y recaudador de impuestos para pagar guerras.

Un gobierno socialista instituyó en 1986 el 23 de abril como fiesta de la Comunidad, efémerides que León vive todavía de lejos y con aprensión y risión al rebautizarlo como día de León en Asturias o en Ikea. El PP también tuvo cierta aprensión a Villalar hasta que, consolidado en el poder, optó por unirse y engullir al enemigo , ahora entrañable amigo.

León sigue al margen en pétrea pose. PP y PSOE no menean el tema en casa, por si los votos, mientras en Valladolid firman el manifiesto. El leonesismo, que cuenta con representación en las Cortes de Castilla y León desde 1995, hizo de francotirador de la fiesta autonómica que, nos guste o no, es de obligado disfrute también en el territorio leonés.

Esta vez ha sido el pequeño comercio el que se ha sublevado contra el festivo autonómico al coincidir con el sábado de gloria. No sólo en León. También en Valladolid y en otras provincias. Con la que está cayendo y las calles llenas de turistas (esa era la esperanza) cerrar el comercio cuatro días seguidos era suicida. Haya paz y devuélvanse los días de descanso. Hasta de dentro de 40 años no volverá a reproducirse la revuelta , si es que quedan comerciantes.

El manifiesto de Villalar, que leyó ayer el periodista leonés Óscar Campillo en la campa institucionalizada, abogó por la ordenación del territorio como la clave para acabar con las «desigualdades económicas y sociales entre municipios y provincias, la emigración de jóvenes, el envejecimiento y la despoblación». La cuestión es saber cuál es el modelo de ordenación territorial que cumpliría con ese mandato. ¿Acaso reconocen ahora que el actual no funciona? Sería un notición.

La Fundación Villalar muestra en su web el mapa de los lugares comuneros: se concentran en las provincias de Valladolid y Palencia, justo en el punto, del pretendido eje transeuropeo de la A-62, donde ahora se despliega el mayor polígono industrial de la Comunidad a lo largo y ancho de 353 hectáreas, el Parque Industrial Canal de Castilla, justo al lado del enclave logístico regional de la red Cylog. No vamos a echarle la culpa a los comuneros de la coincidencia. Qué va. No nos dejemos atrapar por la Historia. Vivamos en presente.

Lo que se decide en esta franja es la centralidad y el eje de comunicaciones desde Oporto hasta Irún, el paso de todas las mercancías y de todas las personas, ni más ni menos. Todo concentrado en el mismo punto. Eso es ordenación del territorio. Me gustaría pensar, como Andrés Trapiello, Premio Castilla y León de las Letras, que las palabras de Villalar no se las lleva el viento. Claro que, según dijo el escritor, no son tanto las palabras como su sentir. ¿Qué hay detrás de las palabras? La mayoría de las veces nada. Aire. En tiempo de elecciones nos abren calles, señor alcalde, y nos traen nuevos vuelos, no esperábamos menos del consejero Silván. Algo es algo.

Gracias al premio que la Junta ha dado a Trapiello hemos recordado, también por sus palabras, a Ramón Carnicer a quien se lo negó injustamente.

El problema de León no es Villalar, son las palabras con que se llena la boca a León. Y mientras, León, quieto, petrificado, como las estatuas del puente. Afortunadamente hay leoneses y leonesas que no se paran. Como la Asociación de Pendones del Reino de León que hoy concluye en Val de San Lorenzo las exposiciones que han puesto en valor esta rica tradición. Por cierto, las grandes instituciones leonesas, incluida la Diputación, no han estado a su lado. La ayuda ha llegado de la Fundación Siglo de la Junta. Paradojas.

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