joyería popular en la bañeza
Una belleza que protege
Las piezas del Museo de las Alhajas en la Vía de la Plata Representa la visión de un mundo campesino con necesidad de creer, celebrar y alejar el mal y la enfermedad

Cuestión de estilo. El traje y sus complementos, la indumentaria, identifica a su usuario. Nos pueden aportan información sobre su actividad, su trabajo su ocio e incluso sobre sus ideas y estilo de vida. Por tanto, no extraña que la misión del Museo de Alhajas en la Vía de la Plata, inaugurado recientemente en La Bañeza, no es otra que la de explicar al visitante la visión de la vida en una época histórica determinada, que engloba desde el XVI a principios del XX a través de sus trajes y la joyería tradicional que acompañaba a la ropa. Además, el museo del traje bañezano se ciñe a unas comarcas determinadas, ya que entonces los usos del vestir variaban de comarca en comarca e incluso de un valle a otro, en un tiempo en que no se daban los estándares que la sociedad mediática ha impuesto.
El Museo de Alhajas recoge la indumentaria más rica que se lució en la provincia de León: Valduerna, Valdería, Órbigo, Bañeza y Maragatería. No en vano, la etnógrafa Concha Casado, en su artículo Indumentaria popular leonesa en escritores y grabadores en el siglo XVIII y XIX , publicado en el número 54 de Tierras de León , el 31 de marzo de 1984, afirma que «Los trajes de la provincia de León se vienen encuadrando tradicionalmente por los estudiosos del tema dentro de la zona oeste , que es la que presenta más riqueza y variedad en la ornamentación [...]. Pero esto es únicamente cierto, en cuanto a León se refiere, para los trajes de las comarcas de la Maragatería, ribera del Órbigo y tierras bañezanas». Y continua diciendo que «Los trajes de la montaña o zona norte de la provincia, con influencias asturianas y santanderinas, tienen pocos adornos y escasísimos bordados [...]; la mujer apenas se adorna con joyas. Contrasta esta sencillez con los ricos trajes de la Maragatería y tierras bañezanas, comarcas en las que aún hoy puede admirarse sus trajes y joyas en las grandes fiestas populares».
Influencias culturales
El planteamiento de Casado, que apoya el etnógrafo, escritor y profesor José Luis Puerto, que se fija especialmente en las alhajas para calificar de importante la colección, porque «en alhajas se considera que todo el oeste (León, Zamora, Salamanca, Extremadura y Lagartera) la zona más valiosa de España y esas alhajas están en esta colección». Puerto añade, además, que las piezas se elaboraron en talleres populares, de plateros, desde el siglo XVI hasta hoy mismo y cuentan con tres influencias importantes: un sustrato prerrromano -"toda la antigua joyería ibérica y, hasta cierto punto, romana; las cuentas de pasta de vidrio ya las usaban los romanos-" y otra influencia semítica, judía y árabe -"en el Atlas marroquí y en Israel se utilizan joyas similares-". Por último, el cristianismo aporta el elemento religioso».
Los ejemplos que aporta el especialista para mostrar la influencia de la cultura ibera prerromana en la joyería del oeste español son la Dama de Elche y la Dama de Baza, cubiertas de collaradas. Además, señala la influencia de los plateros del Renacimiento en las patenas y tablillas, de las que el Museo de Alhajas en la Vía de la Plata posee «ejemplares excepcionales».
Otro dato que apuntala la importancia de la colección que la familia Carvajal-Cavero y el Ayuntamiento de La Bañeza muestran en la ciudad es, a juicio de José Luis Puerto la imposibilidad de reunir en la actualidad la colección, además del sacrificio económico que ha supuesto adquirirla.
En relación a los trajes, el escritor destaca la presencia de tras masculinos y femeninos «muy interesantes de algún área zamorana como Sayago y el traje charro salmantino, muy bien representado». La distribución de la colección en mundo infantil, de mocedad y adulto es otro de los aciertos de la exposición y encuentra bordados, «en mandiles, en sayas y chalecos de hombre muy elegantes, que utilizan elementos geométricos y vegetales, que encontramos también, a veces, en todo el oeste», además de la representación en las prendas del árbol de la vida, procedente «de Persia, de Oriente». El traje expuesto «nos lleva a los telares del ámbito leonés -"León, Zamora y Salamanca-" y, por tanto, cuentan con un gran valor por haber desaparecido estos». Los pañuelos de seda forman una colección «hermosa, con colores antiguos que sorprende, geometrías, elementos florales y zoomorfos con gran significación».
El díalogo del coral y la plata
La joyería popular -"Puerto prefiere el término alhajas a joyería-" se lleva la palma por su volumen: «El Museo Etnográfico Provincial de Mansilla de las Mulas sólo muestra una collarada y aquí se ven muchas y hay otras sin exponer», apunta. El diálogo entre el coral y la plata es propio de la joyería semítica y el coral tiene un carácter protector, según las creencias populares, que funciona a modo de amuleto: la rama de coral restaña la sangre de las heridas y regula la menstruación de la mujer», explica el profesor.
El siguiente tema que toca el especialista es el de los pendientes «variadísimos y riquísimos en el ámbito leonés», también protectores por la figura de la paloma. Puerto enumera los rosarios de azabache, los dijes (amuletos para proteger a los niños, las medallas caladas, los carretes o castillos, las patenas y los relicarios, que merecen un capítulo aparte por ser una pieza que en León se muestra sobre todo como «el jardín, con una pequeña representación en su interior con elementos vegetales». Entre ellos también resulta «muy específico el Agnus Dei, que se hacía en Roma, en el Vaticano, con las ceras de los cirios pascuales».
Joyería del oeste, que en el Páramo y en el oriente provincial no se da por tratarse de zonas «que están más castellanizadas y las alhajas ya no están presentes». Los adornos populares llegan de la Maragatería, La Valduerna, el Órbigo y las tierras bañezanas se dan tambien en Zamora (Sanabria, Aliste, Sayago y zona de Alba), en Salamanca (en la Sierra de Francia -"con el coral y la plata muy característicos-", la charra y los Arribes del Duero-" y baja a Cáceres (Montehermoso, se adentra en el centro por Toledo (Lagartera) e incluso llega a Huelva, apunta Puerto.
El pueblo «usó las alhajas por su carácter protector. Belleza que protege al que las porta, evita el mal de ojo, el alunamiento -"malestar generalizado y repentino, cambios de carácter, irritabilidad, falta de sueño y otros síntomas, atribuidos al cambio de fase lunar-", la erisipela -"enfermedad de la piel, la ictericia, favorecen la dentición de los niños y evitan males físicos y psíquicos», según el mundo de creencias de la época.
Indumentaria y alhajas para festejar y para los ritos de paso -"las bodas, los bautizos-", realizadas con lino, lana, seda, coral, plata, azabache y, en algún caso, incluso ámbar. Materiales a los que se da forma para proteger y que reflejan «un microcosmos de cultura que entendían sus gentes, muy coherente en esta sociedad campesina de la Vía de la Plata», concluye Puerto.
Las mejores alhajas las poseían los más acomodados, pero también entre los humildes se dan. Al repartir la herencia, estas «tenían tanta importancia como una casa o una pequeña tierra», manifiesta el profesor. Así han llegado a nuestros días.