Obama desmiente a MacArthur
Como si tuviera en la cabeza la imprudente afirmación de George Bush el uno de mayo del 2003, cuando dio por concluida con éxito la guerra en Irak, Barack Obama, anunció el miércoles el principio del fin de la guerra en Afganistán sin ninguna mención a un triunfo. Los norteamericanos (y, con ellos, sus aliados) se irán sin sufrir una derrota militar, pero no es menos cierto que el presidente ignoró el recordado aserto del general MacArthur, el de Corea, quien dejó dicho que «no hay sustituto para la victoria». Pero la muerte de Bin Laden por mano de comandos americanos y sin más trámites hizo de tal sustituto porque dio al público lo que le faltaba en el registro psicológico: la venganza. Y los titulares de la prensa popular en los Estados Unidos al anunciarla, ahorran comentarios. Baste recordar que la aceptación de la gestión presidencial subió de repente diez puntos, aunque Obama no procede por consideraciones preelectorales y el calendario precisado ahora se acomoda a lo prometido cuando en noviembre pasado, a petición del Pentágono, autorizó el envío de 30.000 soldados adicionales para detener el auge talibán. El recurso a la ayuda de los aliados y el paraguas de la Otan (Operación Isaf) debía encarrilar la guerra, pero Obama se dio de bruces con ella en enero del 2008. Los socios respondieron como pudieron y la verdad es que con mérito, porque frente a opiniones públicas poco receptivas medio mundo envió tropas empezando por británicos, alemanes y franceses. Parece el principio del fin y el sentimiento oscila entre una frustración disimulada y un elogio del sentido común en días de grave crisis económica porque la guerra fundió 120.000 millones de dólares el año pasado. Los militares, a veces más realistas que los civiles en estos trances, lo han descrito muy bien. Esto dijo su número uno, el jefe del Estado Mayor inter-armas, almirante McMullen: «más fuerzas y más tiempo es, sin duda, el método más seguro pero no es necesariamente el mejor.. A fin de cuentas, solo el presidente puede determinar realmente el nivel de riesgo aceptable que podemos asumir. Y creo que es lo que él ha hecho». Más claro, agua.