Sin ti, no soy nada
Están los mercados financieros con los nervios a flor de piel. Con los ánimos y la confianza en carne viva. Bajo mínimos. En los últimos días, las Bolsas han reaccionado con histeria, casi con pánico, ante el rumor de que las grandes agencias de calificación podrían retirar a Francia su rating de triple A. Un rumor sin contenido real, puro humo, ha sido capaz de poner en jaque a los mercados de medio mundo, lo que demuestra la hipersensibilidad del dinero, es decir, el miedo extremo de los inversores.
De poco sirvió que al final, justo antes del toque de campana, Demócratas y Republicanos se pusieran de acuerdo en Estados Unidos para elevar el techo de gasto. Lo hicieron in extremis, apurando la copa de la incertidumbre y el desasosiego hasta sus últimas gotas. Es un acuerdo que no ha satisfecho ni a unos ni a otros, pero siempre es mejor un mal acuerdo que ningún acuerdo. Ha respirado relativamente tranquilo el presidente Obama y, sobre todo, han respirado todas las grandes economías mundiales. Porque un default en EE.UU. no hubiera afectado sólo al país de las barras y las estrellas, sino que se habría extendido en mancha de aceite por medio mundo...
El club de la triple A lo conforman Alemania, Australia, Canadá, Dinamarca, Estados Unidos, Finlandia, Francia, Holanda, Luxemburgo, Noruega, Reino Unido, Singapur, Suecia y Suiza. España perdió la triple A el año pasado. También Japón se ha quedado sin ella. Moody´s, de momento, mantiene su calificación de AAA para EE.UU., mientras Fitch tiene su nota en estudio. Espera concluir su revisión a finales de agosto, aunque la agencia ya ha dejado entrever que el acuerdo sobre el techo de gasto «es un primer paso en la dirección correcta y acorde con su máximo rating».
Para una gran economía es de vital importancia mantener la máxima calificación en, al menos, una de las grandes agencias. Muchas grandes instituciones de inversión y muchos fondos sólo puede invertir en deuda con la máxima calificación crediticia, lo que quiere decir que retirarán sus posiciones en deuda de EE.UU. cuando deje de ser AAA para todas las grandes agencias de rating. Esta situación, si llega a producirse, provocará dos problemas añadidos. Primero, que el Tesoro estadounidense se encontrará con serios problemas para financiar su déficit... siempre que los grandes inversores internacionales no optasen por modificar su estrategia. Es una alternativa. Segunda, que las ventas de títulos nominados en dólares harían caer seriamente la cotización del «billete verde».
Y tan grave es lo uno como lo otro. La diferencia entre que Estados Unidos mantenga o no alguna de sus triples A es tan grande como que el mundo entero entre en una profunda recesión o que, como dice el chiste, virgencita, virgencita, nos quedemos como estamos.