Diario de León

felipe zapico

Y sin cortar la coleta

muchos pueblos vieron los toros de cerca gracias a ‘zapiquín’. luchó por mantener a toda costa la afición y la plaza leonesa y desde hace 20 años es la voz de la fiesta en esta tierra

NORBERTO

NORBERTO

Publicado por
Emilio Gancedo
León

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Nunca he dejado de sentirme torero». «Voy por la calle con mi sombrero, me paro ante un escaparate, y me jaleo yo solo». Ese es el estilo de Felipe Zapico, el torero leonés de ayer, de hoy y de siempre. Matador, banderillero, empresario, apoderado, comentarista... por todas las fases de la Fiesta ha pasado este hombre recio y elegante, de mirada tan directa que levanta chispas en el aire, de hablar atropellado pero seguro, de sólidas convicciones y de humanidad sincera que se desparrama con brío y cálida camaradería tanto micrófono en mano como oteando desde el burladero o acodado en la barra del ‘Madrid’.

El arte norteño es robusto y admite poca veleidad. Es más áspero que el del Sur pero atesora gran hondura, un fondo de valor noble, directo, auténtico. El arte norteño nació en la leonesísima Santa Marina en 1932. Pero no es que naciera junto a la iglesia, no es que fuera bautizado en la iglesia, que también, es que nació en el mismo templo, pues el padre de Zapico era, al mismo tiempo, sacristán, zapatero y sereno. «No había otra forma de criar a seis hijos», recuerda el veterano diestro. Con 15 años, y enfebrecido por la afición que se iba fraguando en calurosos debates que tenían por hemiciclo la imprenta de los Pedrosa, agarró con un amigo el tren y se escapó de casa rumbo a Salamanca y luego a Sevilla.

«Íbamos agarrados a los topes de uno de los vagones, ¡hasta llegamos a perder la sensibilidad de los dedos!, lo pienso ahora y no sé cómo no marchamos a tomar vientos... la verdad es que la suerte me ha acompañado durante toda la vida». Cierto es, porque a lo largo de las 2.000 faenas enfrentadas por Zapico en todo el país, ha habido, por supuesto, revolcones, caídas, traspiés... pero nada serio. Una vez el asta le entró por la casaquilla y le salió por la hombrera, dura imagen desde el tendido, a la vista de la cual la familia se temió lo peor, aunque en realidad tan sólo resultaron afectados unos pocos cartílagos.

Después de aquella aventura en la que se inició como improvisado maletilla, llegaron las muchas novilladas, los toreos de iniciación, vaquillas que algunas eran auténticos toros con terroríficos pitones, y un debut como matador en el que, confiesa, «no tuve suerte». Vendrían después 35 sólidos años ejerciendo el siempre arriesgado, riguroso, preciso arte del banderilleo por todo el cuadrante noroeste («lo más grande es salir caminando tranquilamente, dejar al toro clavado, no marchar corriendo») y una etapa como empresario de plazas portátiles «nada fructífera», dice, aunque lo cierto es que merced a aquella actividad villas y pueblos que raramente (o jamás) soñaron con ver toros en vivo pudieron por fin hacerlo: Gradefes, Santa María del Páramo, Ponferrada, Toreno o Veguellina presenciaron corridas «gracias a Zapiquín», como se decía de aquella. Bien que una vez el estaribel se vino abajo en Villaseca de Laciana, pero fue a las ocho de la mañana y gracias a Dios no pilló a nadie debajo.

Zapico no ha parado. «En los 65 años que llevo en esto aún no me he cortado la coleta». Y así es: fundó, con Adolfo Hermida y Perelétegui, el Club Taurino de León. Luchó con fiereza, contenciosos incluidos, para que no se tirara la Plaza del Parque («todo lo hice por León, para que no se acabara la afición aquí») y hace 20 años empezó como comentarista en Televisión de León, cometido con el que continúa en la actualidad con toda la pasión del primer día; eso sin contar los innumerables homenajes, tertulias, debates, festejos, ágapes y tributos en los que Zapico siempre ha intentado unir los nombres de la Fiesta y León.

La piedra angular del toreo es, para Zapico, «sobreponerse al miedo», ese que todos tenemos. Torear sin miedo sería absurdo, «no tendría sentido». ¿Y qué sentía Zapico al ver un toro difícil, que se queda en los medios, antes de salir con las banderillas? «Coño, si viniera ahora un helicóptero y me llevara...» «Pero, como eres un profesional, vences el temor y sales al ruedo». ¡Ahí está la maestría!

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