cada manada reclama su territorio
El fruto de una colonización
La evolución de esta especie en Castilla y León es un fiel reflejo de su innato comportamiento expansivo. Los lobos, que hace treinta años sólo estaban presentes en el norte, han conquistando el sur en busca de nuevas zonas para desarrollarse

Subida al puerto de Pandetrave en busca de las huellas del lobo ibérico.
Viven en familias jerárquicas, denominadas manadas, y de todo el grupo sólo se reproduce la pareja alpha, que la forman los ejemplares dominantes de cada sexo. Después de dos meses de gestación, la hembra ‘alpha’ pare una camada de entre cuatro y ocho cachorros, que abandonarán la manada para crear la suya propia en otro lugar. Así, el lobo se convierte en un animal colonizador.
La evolución de esta especie en Castilla y León es un fiel reflejo de su innato comportamiento expansivo. Los lobos, que hace treinta años sólo estaban presentes en el norte, han ido conquistando el sur en busca de nuevas zonas en las que desarrollarse y alimentarse.
El sentimiento colonizador, que llevan impreso en los genes, ha hecho su trabajo; hoy por hoy, todas las provincias albergan lobos reproductores.
Mientras que en los años setenta tan sólo 15 ó 20 manadas habitaban la región, en la actualidad alrededor de 200 familias ponen en jaque a cientos de ganaderos.
Y es que de entre todos los grandes carnívoros, el lobo es, sin duda, el más problemático para el hombre por su elevada tasa de natalidad y su general tendencia a la expansión.
En los ochenta, a pesar de que la especie ya había superado los momentos más precarios —vividos en las décadas de los sesenta y setenta—, la Unión Europea comenzó a gestar la Directiva Hábitats. Una norma que, en contra de varias investigaciones, terminará por calificar al lobo del sur del Duero como «especie prioritaria de protección estricta», en 21992.
Sin ir más lejos, un estudio nacional —promovido por el Instituto para la Conservación de la Naturaleza (Icona) en 1988— ya arrojaba datos más que esperanzadores para la continuidad del lobo en la Comunidad. «En el cuadrante noroccidental de España, la población ocupa la mitad septentrional de Castilla y León y con tendencia a la expansión», concluía el estudio, realizado cuatro años antes de que la directiva europea entrara en vigor.
«En España, por entonces (años ochenta), existían dos poblaciones: una potente en el norte, sin problemas y con vocación de expandirse; y otra residual en Sierra Morena, en estado muy crítico y a punto de extinguirse», explica el director general del Medio Natural, José Ángel Arranz.
Precisamente para separar esta población residual de Sierra Morena, Europa sitúa como límite el Duero. Al norte, al lobo se le considera una especie cinegética, mientras que al sur está estrictamente protegido.
Una decisión que provocará que este cánido, con el tiempo, se afiance en todas las provincias de Castilla y León. «En el momento que hay un cambio normativo (1992) y se relaja la presión sobre la especie, el lobo empieza a colonizar», concreta Arranz.
La organización social, «cerrada» y «estructurada», de las manadas no tardó en hacerse notar, la colonización del sur había comenzado. «Cuando la hembra dominante cría con el macho dominante, éstos expulsan a los subadultos para que creen su propia manada en nuevos territorios», narra.
Así, el lobo ibérico se va haciendo con el sur, porque en el norte no quedaban territorios por conquistar.
En 1997, cinco años después de aprobarse la directiva europea, diversos trabajos confirman la tendencia expansiva que apuntó Icona en el 88. La directiva europea parece que hace aguas.
La recuperación del lobo se consolida y este cánido se hace presente en nuevos territorios al este y al sur del Duero. Es más, en los años noventa, las poblaciones ocupan Zamora, Valladolid y el norte de Salamanca. En 1998 se detecta su reproducción en Segovia y, dos años más tarde, en Ávila. Castilla y León ya es suya.
El lobo ibérico continúa con su afán colonizador y busca nuevos territorios más allá de la Comunidad. Consigue extenderse hasta el norte de Portugal y las comunidades de Galicia, Asturias, Cantabria, y algunas zonas montañosas de Álava y La Rioja. Al mismo tiempo, otro lobo también se extiende en España, por los pirineos franceses y catalanes. Es el Canis lupus italicus , una subespecie procedente de la población del centro y oeste de los Alpes, distinta al signatus de la península Ibérica.
El lobo coloniza paulatinamente territorios. Lugares en los que los humanos ya no están acostumbrados a convivir con esta especie.
Todo cambia cuando este cánido llega a una nueva zona, y más aún para los ganaderos que se ven obligados a cambiar su tradicional sistema de explotación. «En el norte hay muchos más ejemplares. El 80% está allí, pero sólo provocan el 20% de los daños que se producen anualmente», advierte el director general del Medio Natural.
La experiencia y la cotidianeidad son las mejores armas para luchar contra el lobo. En el norte los ganaderos viven desde siempre con la presencia de este animal, mientras que en el sur ya se han olvidado de su existencia. Entonces, como en el cuento, cuando ya nadie se lo espera, el lobo aparece y pilla de improviso a los pastores y a sus ovejas, terneros, y vacas. Cualquier menú es válido si es capaz de saciar el hambre. «La gente del norte está habituada, saben cómo cuidar el ganado y cómo tienen que pastorearlo. Llevan toda la vida conviviendo con el lobo», destaca Arranz.
El problema se acentúa en el sur, donde los animales duermen en cercos sin pastores ni perros guardianes. Compatibilizar su presencia con los humanos y el ganado se convierte en todo un reto.
Así nace el Plan de Conservación y Gestión del Lobo, aprobado mediante el Decreto 28/2008, que tiene la finalidad de mejorar la compatibilidad de la especie con la ganadería extensiva.
El plan incluye medidas como el fomento del pastoreo o el uso de mastines para vigilar el ganado. La Junta ya ha donado cerca de un centenar de ellos —criados en la granja cinegética leonesa de Valsemana— a pastores de Salamanca, León y Ávila.
Otra de las propuestas es la instalación de vallados como medio de protección ante el ataque de estos depredadores. En cuanto al control, la doble consideración del lobo en el territorio de Castilla y León sólo permite la caza al norte del río Duero. Al sur puede realizarse únicamente ante determinadas situaciones recogidas en la Directiva Hábitats.
Los 94.273 kilómetros cuadrados, que ocupa Castilla y León, convierten a esta región en la más extensa de Europa. La zonificación de la Comunidad para un correcto desarrollo del plan se antoja indispensable.
«Es imposible gestionar por igual las poblaciones de este carnívoro en un territorio tan amplio y heterogéneo», concreta Arranz.
El plan divide la Comunidad en tres zonas —bajo criterios biológicos y sociales—, en ellas, las medidas preventivas se aplican con distinta intensidad, pero con un mismo objetivo: minimizar el conflicto con la ganadería.
Castilla y León es la comunidad europea con mayor número de ejemplares, pero la Directiva Hábitats, «inexplicablemente», continúa vigente.