Diario de León

CUANDO VOLAR ES rutina

A 4.000 metros de la tierra

Siempre que puede, Moncho cambia el casco por la vela, coge la adrenalina como compañera y se lanza con su parapente a recorrer valles, acantilados, mares de nubes o cordilleras. en fin, a ver el mundo desde otro lado

Víctor Rodríguez, más conocido como Moncho, disfruta al atardecer de un vuelo en paramotor, modalidad en la que compite a nivel profesional.

Víctor Rodríguez, más conocido como Moncho, disfruta al atardecer de un vuelo en paramotor, modalidad en la que compite a nivel profesional.

Publicado por
sonia vidal álvarez
León

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Ser invisible, leer el pensamiento, viajar en el tiempo… Volar. Si a cada ser humano se le concedieran tres deseos, varias de estas cosas estarían entre ellos. Uno se resigna a pensar que la mayoría quedarán en meros sueños, pero todo imposible se le antoja al hombre como un reto que superar y ya en la prehistoria observaba a las aves y envidiaba su capacidad. El deseo de alcanzar el cielo siempre ha estado presente y no pocos perecieron en el intento. Cual Ícaro y Dédalo atrapados en el laberinto, nuestros antepasados construyeron alas con madera y plumas que balanceaban con la falsa esperanza de obtener el resultado esperado. Fracaso tras fracaso, prueba tras prueba, hoy surcar el cielo es el pan de cada día; si los hermanos Wright o Dumont levantaran la cabeza no creerían el milagro. No hace falta hablar de aeronáutica, fuselaje o pistas de aterrizaje, es mucho más sencillo que todo eso: basta con una vela de 3 kilogramos, el atuendo adecuado y, eso sí, ganas de volar.

A Víctor Rodríguez, ‘Moncho’ para casi todos, lo que le sobran son ganas. Con sólo 23 años a sus espaldas, este leonés bombero de profesión, ya es una nueva promesa del parapente y el paramotor, dos deportes minoritarios pero que cada día conoce y practica más gente. La diferencia entre ambos es simple: la existencia o no de un motor que el piloto lleva a la espalda y le propulsa. El kit está en la vela flexible que, a modo de paracaídas, permite aprovechar el aire y las corrientes térmicas para ascender, descender o planear. Moncho asegura que «cualquiera puede volar», la edad, la talla o el peso no son obstáculos para empezar a practicar uno de estos deportes, a los que considera «casi más una ciencia» por su unión con la naturaleza. Especialmente es el parapente el que más depende de la meteorología y conocer sus condiciones es fundamental para aprender a volar. Para empezar, explica Moncho, hay que hacer un curso de iniciación en el que enseñan cosas básicas como despegar, interpretar las nubes o saber cuándo sopla el viento ideal. «Utilizas un medio natural que es el aire, hay que estar atento a las previsiones meteorológicas y sorpresas hay pocas. No hay corrientes que aparezcan mágicamente, con el tiempo uno sabe dónde se mete y dónde puede tener problemas», comenta el joven deportista.

Después de casi cinco años realizando vuelos y, sobre todo, observando a otros profesionales, Moncho ha tenido el privilegio de recorrer a ‘vista de pájaro’ toda la provincia, así como viajar con su equipo a cuestas por varias comunidades autónomas y países. Es poco habitual ver a un leonés mirar al cielo a la espera de que un parapentista lo cruce, pero la provincia no está falta de «despegues famosos», como se conocen a los puntos idílicos para echar el vuelo con el parapente. Es el caso de Sabero, Rodiezmo y el Pico Muelas (en León); o Corullón y toda la Sierra de Gistredo (en El Bierzo). Sin embargo, para despegar con motor es necesaria una explanada grande en la que poder correr para coger velocidad, así, Chozas de Abajo o Villaseca de la Sobarriba son zonas ideales para esta modalidad. Si hablamos a nivel mundial, los Alpes y la Duna du Pyla (en la costa francesa), son los lugares más visitados de todo el planeta por los amantes del parapente.

El día 1 de su vida en las alturas

A los 16 años, a Moncho no sólo le llegó la edad del pavo o el amor por el baloncesto, como a muchos de los chicos de su edad. En sus manos cayó el catálogo de un curso de parapente que rezaba: «para los más atrevidos»; y la curiosidad y la tentación hicieron mella en él. Como cosa del destino, en aquel papel encontró la posibilidad de ver su sueño hecho realidad, «de pequeño siempre imaginaba cómo sería volar y quería ser piloto. Ahora lo soy de otra manera», relata Moncho.

«Mi madre ya está curada de espanto, pero al principio fue difícil». Como era menor de edad tuvo que pedir la autorización de sus padres y «durante la semana antes de comenzar el curso apenas pude dormir pensando en cómo iba a ser», recuerda aún con la sonrisa pícara de un niño ilusionado. «Fue muy ameno, —relata el joven deportista— empiezas desde el suelo conociendo el material y el equipo. Un día levantas la vela como si fuese una cometa, la controlas poco a poco, comienzas a despegar desde alguna ladera y, por fin, llega tu primer gran vuelo».

Desde ese día han pasado ya casi siete años y Moncho sigue emocionándose al pensar en ello. «Es una sensación indescriptible», asegura, «al principio todo son vuelos en condiciones muy seguras y poco a poco uno va adentrándose en el mundillo, conociendo gente, volando más a diario... Cada vez tienes más seguridad, pero lo importante es no saltarse ningún paso. El resto lo hace la experiencia», añade.

Ahora, se ha convertido en el presidente del Club Vuelo Libre de León, formado por alrededor de 45 pilotos. «Soy el más joven e intento moverme todo lo posible, pero todos hacemos porque esto tire hacia adelante». Por su trabajo como bombero dispone de mucho tiempo libre al mes por lo que dedica entre tres y cuatro días a la semana para salir a volar, «entre nosotros nos animamos y quedamos para ir juntos», comenta.

No es fácil abrirse camino y llegar a ser reconocido en cualquier deporte, pero a Moncho no le faltó iniciativa desde el primer día y en el 2007 abrió su propio blog para dar a conocer y compartir su afición y lo espectacular del parapente y el paramotor: www.parapente.net/blogs/moncho. Vídeos, fotos, crónicas y curiosidades amenizan este espacio personal, «comienzas con las pocas visitas de tus amigos, pero si buscas patrocinadores y te promocionas un poco lo consigues. ¡Hoy por hoy tengo casi 20.000 visitas al mes!», comenta todo orgulloso. Asegura también que adquirir el equipo no es excesivamente caro y los patrocinadores son la mejor forma de costearse uno. «El aparato para vuelos biplaza —con silla para el piloto y un pasajero— es una de las mejores adquisiciones que he hecho». Esta estructura le permite compartir su deporte con sus amigos, familiares y conocidos, aquellos a lo que —asegura— «tanto les doy la turra». Con éste, Moncho puede mostrar a todo el que quiera lo que él denomina como su mundo y enseñarles lo que es volar: «Baja uno mucho más contento por lo que han disfrutado ellos con la experiencia que por el vuelo en sí», confiesa el joven bombero.

Cuando se le pregunta por el futuro, no le ve cercano ni fácil, pero no duda en querer «llegar a ser alguien en la competición de paramotor y seguir mejorando como piloto». Sueña —y luchará por ello— con permanecer e ir escalando puestos en el equipo nacional y llegar a participar en un mundial. Sin embargo, lo más importante es lo más sencillo: «Volar. Volar como siempre desearon nuestros antepasados».

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