entre Reinas, zánganos y obreras
fábricas del elixir dorado
Producida arduamente por las abejas, la miel es considerada un elixir por sus valiosos compuestos y sus innumerables propiedades

Andrés Fuentes, apicultor de Tabuyo, posa en el Museo de la Miel junto a la famosa abeja Maya.
No apagan llamas ni se sumergen a metros de profundidad, sin embargo su trabajo es considerado «de riesgo». Son apicultores, personas que cuidan abejas con el propósito de obtener de ellas un beneficio en forma de miel, polen, cera o jalea real. Más de 500 personas, 350 asociadas en la Asociación Leonesa de Apicultores (la segunda más importante de Castilla y León), se dedican en la provincia a esta profesión que pone sus vidas «al límite» de picaduras.
Hacerse apicultor no requiere grandes inversiones ni posesión de terrenos, pero sí un profundo conocimiento de la biología de las abejas, las técnicas de manejo de las colmenas modernas y las enfermedades mas importantes que padecen. «Hay mucha gente que tiene paneles para consumo propio o por afición ya que se han criado viendo a sus familiares trabajar en ellos, pero siempre viene bien estar al tanto de las plagas que acechan a estos insectos o de nuevas técnicas», explica el presidente de la Asociación Leonesa de Apicultura, Domingo Díez.
Consciente del riesgo que corre trabajar con estos insectos, la asociación, que cuenta con 14.500 colmenas censadas, ofrece a sus socios entre otras ventajas, protección ante terceros de las posibles responsabilidades que pueda ocasionar la realización de la actividad apícola. «Entre nuestros servicios ofrecemos veterinario propio, seguros de responsabilidad civil, robo, daños e incendio», concreta Díez.
No por ello exentos de peligro, los «cuidadores de abejas» se mueven entre las colmenas enfundados en sus trajes de apicultor, guantes, botas y máscara. «Es raro trabajar con estos insectos y no sufrir picaduras, pero si no eres alérgico no hay peligro», asegura Andrés Fuentes, apicultor de Tabuyo con más de 25 años a sus espaladas trabajando en los colmenares. «Con todos los años que llevo en el negocio nunca he sufrido picaduras graves, pero sí es cierto, que como cualquier otro animal, las abejas huelen el miedo y si te ven con temor son más propicias a atacar», señala. Y es que, aunque parezca paradójico entre los sucesos más trágicos que recuerda Fuentes, no se encuentra ningún picotazo fuerte ni una pésima producción de miel, sino un paraje ennegrecido por el fuego. «El incendio que azotó este verano a los montes del Teleno ha dejado pérdidas irreparables en los colmenares destrozando el 50 por ciento de ellos. Hemos pasado de tener 600 a 300 colmenas, y lo peor de todo es que no se conocerá las condiciones en las que se encuentran las abejas que sobrevivieron al fuego hasta la próxima primavera», lamenta.
Otro de los afectados por este siniestro fue el pedáneo de Luyego, Ángel Abajo, quien a otro nivel, para consumo propio, también posee dos colmenas en los montes de Tabuyo. «En mi caso las pérdidas fueron menores, pues la miel que yo recolecto es para autoconsumo, aunque también perdí el 50 por ciento de las colmenas», afirma Abajo, quien lleva una década dedicando su tiempo libre a la recolección de miel. «Todo empezó hace 10 años, y desde entonces en lugar de echarme azúcar en el café me echo miel», añade.
En cuanto a la cantidad de miel del Brezo (nombre que recibe la producida en los montes del Teleno), Fuentes calcula obtener unos 20 kilos por colmena. «En cada panal viven 80.000 abejas, entre ellas, una reina, un gran porcentaje de obreras y muy pocos zánganos ya que ofrecen poca rentabilidad», concreta. Otro de los productos, aunque en menor cantidad, «800 kilos anuales», que este apicultor obtiene gracias a las abejas es el polen. Extraído de las flores, los insectos forman pequeñas bolas con él y lo almacenan en pequeñas celdas especialmente dedicadas a este fin.
Época de recolección
Al igual que en el campo, una buena climatología, sin excesivas lluvias ni temperaturas muy bajas, influye en una buena producción de miel. Julio y agosto suelen ser los meses elegidos por los apicultores para vaciar los paneles, aunque depende de la zona. «Hay gente que recolecta la miel una vez al año, otros dos. Todo depende de la cantidad que se produce, las características con las que se trabaja, y del clima donde seencuentran ubicadas las colmenas», destaca el presidente de la Asociación Leonesa de Apicultura.
En cuanto al sabor de la miel un factor clave en él es la alimentación que han recibido previamente sus productoras. «Cada apicultor decide como alimentar a sus insectos, si de forma diferente a la reina que al resto o a todos por igual», explica Fuentes, quien en su caso opta por «la miel» como único alimento en todas sus colmenas.
Las técnicas utilizadas para la recolección también son muy diferentes entre los apicultores, quienes deben escoger entre varias posibilidades, como el uso de humo para obligar a las abejas a retirarse hacia el área de cría, la limpieza de los insectos mediante un cepillo de cerdas suave, y el uso de un ventilador mecánico para soplar las abejas que están en el cuadro.