Seat León
Diseño emocional...
Del «garabato» en papel, al «pantallazo» en ordenador. Del «moldeado» en arcilla, al primer «martillazo», Del prototipo «de salón» a las unidades preserie y, de ahí... al escaparate del concesionario. La sugestiva historia del «nacimiento» de un coche… que lleva el nombre de nuestra ciudad

A pie de obra. Desde el presidente de la compañía al último trabajador, todos implicados en el lanzamiento de un nuevo modelo que, en este caso, cumple su tercera entrega desde que, allá por 1999 Seat, lanzase a la palestra automovilística española —precisamente aquí en León— uno de los modelos que, con el paso de los años, ha acabado por convertirse en santo y seña , en abanderado comercial de la empresa española que orbita en la órbita —valga la redundancia—del consorcio germano de Volkswagen, dónde también militan Audi y Skoda, además de la propia VW.
Eso sí, conviene recordar que Seat es la única compañía del abigarrado sector automovilístico que tiene capacidad para el diseño, desarrollo, fabricación y posterior comercialización de automóviles en España.
Desde su sede central en la localidad barcelonesa de Martorell (ver cuadro adjunto) Seat lanza a los cuatro vientos —como exportador— hasta el 80% de su producción a través de una nutrida red comercial que opera en 75 países del todo el mundo.
Así que, en todos y cada uno de los 350.000 coches que salen anualmente de las cadenas de montaje de Seat, se advierte un proceso de unidad productiva y de espíritu de empresa, un reto en el proceso productivo o, como gustan de manifestar los responsables de la compañía, «solamente invirtiendo en calidad desde el principio y durante todo el proceso evolutivo de producción, es posible satisfacer las exigencias de la clientela».
Filosofía que —lógicamente— también se plasma en la recién estrenada tercera generación del León, en cuyo proceso la compañía ha invertido 800 millones de euros, con el consiguiente incremento de productividad y flexibilidad de fabricación, que trae aparejado el hecho de que Seat se consolide como el primer inversor industrial en I+D+i de España -(sic) Andreas Tostmann, vicepresidente ejecutivo-.
Y hasta llegar ahí… ¿Cuánto camino recorrido en el parto ? Pues tanto como ilusiones puestas en un diseño ilusionante —emocional para sus dibujantes — que «deberá» gustar al público y, a la vez, propiciar —por la puesta a punto de sus componentes mecánicos— satisfacción al volante e impecables maneras ruteras.
Eso, por no hablar de los beneficios que suponen, para Seat, las sinergias del grupo industrial al que pertenece: plataforma compartida para la producción de distintos modelos destinados a diferentes segmentos; la llamada «plataforma modular transversal», que ha permitido reducir significativamente los tiempos productivos de esta tercera generación del León con respecto a su inmediato antecesor y de la que también saldrán las futuras versiones del León: el tres puertas y el familiar, que compartirán catálogo en los próximos meses con la actual carrocería de cinco puertas.
Pero es que también «salen» de ahí otros modelos, como es el caso de los Altea, Altea XL y su versión «campera» Freetrack.
La evolución de la especie en la familia del Seat León, que nació en 1999 y tuvo su segundo vástago en 2005, se plasma ahora, casi mediada la primera década del XXI, en un coche emocional , como gustan definirlo sus padres biológicos , que habitan en el Centro Técnico de Martorell, a tiro de piedra de Barcelona y donde se cuecen las ideas automovilistas firmadas por la Sociedad Española de Automóviles de Turismo desde principios de los noventa… del siglo pasado. Antes, ya se sabe, todo nacía en La Zona Franca, cuyas instalaciones -debidamente remodeladas y puestas al día- se dedican ahora a la estampación de piezas de carrocería; así que, Martorell, devenida hoy en auténtica ciudad industrial que ocupa lo que 400 campos de fútbol… con tren y todo (47 kilómetros de vía férrea para conectar la factoría con el puerto barcelonés) y donde laboran 14.000 personas, ha acabado por convertirse en el corazón empresarial y productivo de «una» Seat futuristas y que atesora, eso también, una ingente cantidad de secretos automivilísticos en forma de nuevos proyectos que, con mayor o menor «certidumbre», acabarán por llegar al consumidor en los próximos años en forma de nuevos modelos con la firma de la «S», noveno productor mundial y segundo europeo de automóviles.
Definir «el concepto» es una de las primeras tareas del equipo creador del León, y de cualesquiera otros modelos de la marca; de forma que los técnicos se ponen manos a la obra —nunca mejor dicho— en la elaboración de un producto «que guste» y que resulte tan comercialmente viable como competitivo en lo práctico y en lo dinámico.
Un coche, no se olvide, entra por los ojos , pero también debe ofrecer seguridad, practicidad de uso y satisfacción al volante; máxime cuando se trata de un modelo que, como el León, se destina a luchar en uno de los segmentos —el de los familiares compactos— más competidos del panorama automovilístico europeo y mundial y en el que, por ende, se concentran casi el 40% de las ventas de coche en España.
Destinado a un perfil de cliente «joven y dinámico», también aficionado al diseño, el nuevo León , en palabras de James Muir, presidente de la compañía, «simboliza la marca Seat, ya que combina avanzada ingeniería con diseño elegante». «Es la piedra angular de nuestra ofensiva de producto y por primera vez en su historia, la gama León se ampliará a tres carrocerías que conformarán una oferta muy completa».
Aunque, y sobre todo, el nuevo León destila el también nuevo lenguaje estilístico de Seat por los cuatro costados, como gusta de incidir otro de los padres de la criatura , el doktor Matthias Rabe, vicepresidente de I+D, «incluso parado, parece que esté en movimiento»; aseveración que viene avalada por las proporciones de nuestro protagonista: voladizos cortos, vías anchas y batalla larga; con lo que el León se inscribe en la nómina de modelos capaces de combinar a la perfección el carácter deportivo (siempre subyacente en el ADN de la marca) con unas evidentes posibilidades de utilización familiar… Fácil, ¿verdad? Pues no tanto cuando se trata de plasmar la idea sobre cuatro ruedas.
Así que, además de los padres ideológicos , los putativos del nuevo León habrá que buscarlos —y encontrarlos— en prototipos tan sugerentes como los concept —ya saben, «prototipos de salón»— como el IBE, IBL o IBX, en cuyas fuentes bebe el nuevo León para… añadir una dosis de emoción al asfalto, un regalo para la vista desde cualquier ángulo y, por descontado, haciendo gala de una marcada estética deportiva.
Nitidez de líneas y transmisión vital del diseño es lo que ha pretendido comunicar, en 4,24 metros de longitud, el dibujante Alejandro-Mesonero Romanos… y le sobraron cinco centímetros —que es lo que tiene «de menos» con respecto al anterior modelo— al director de Diseño cuando se puso manos a la obra en plasmar lo que -se supone- le rondaba por la cabeza: un porte sólido y seguro capaz de reafirmar el carácter dinámico e independiente del nuevo coche —eso, al menos, es lo que afirma el continuador de tan literario apellido— en referencia a su criatura que -eso también- alarga su batalla en seis centímetros entre ejes lo que, además de propiciar mayor habitabilidad, enfatiza, por mor de unos recortados voladizos, la «presencia» de unas ruedas tan generosas… que acaban por convertirse en santo y seña del efecto visual del nuevo modelo.
Eso, y los faros, tanto delanteros como traseros, que acaban por marcar las pautas del innovador diseño: tecnología led integral en un frontal que adquiere así personalidad propia en una suerte de perfiladas líneas luminosas que, a más de verse a la legua , propician un aspecto de lo más atractivo y modernista. Una iniciativa —opcional eso sí— sin precedentes en la marca y con la que el nuevo León marcará pautas en el segmento de militancia: es la primera vez que se adopta esta avanzada tecnología en un modelo compacto.
Es, (lucha cerrada entre departamentos, ya se sabe) la eterna disquisición entre diseño y tecnología… puede que aquí hayan ganado ambos, desde el momento en que los faros led integrales combinan la elegancia de su diseño con un alto poder lumínico, además de reducir drásticamente su consumo de energía y de aumentar sensiblemente su vida útil.
Ahí va un apunte para los amantes de las curiosidades tecnológicas: con una temperatura de color de 5.500 kelvin, la iluminación de estos ingenios se aproxima a la de la luz de día y, por consiguiente, no cansa a la vista.
Otro… apunte: en el Centro Técnico de Martorell hay un túnel de 40 metros capaz de reproducir fielmente el aspecto de una carretera por la noche.
Y esto es sólo una parte de lo que allí se cocina , porque allí se dibuja del primer al último trazo estilístico, del primer al último tornillo, del primer al último elemento que acabará, al final de la cadena de montaje, por configurar «un coche». Y de allí, a manos del cliente… concesionario mediante, claro está.
Aunque también está claro que nuestro protagonista, y sus «circunstancias», habrán recorrido un largo camino —alrededor de cuatro años tarda en «materializarse» un coche nuevo— hasta que llegue a rodar por calles y carreteras: toda una travesía del desierto en clave optimización aerodinámica, ensayos de resistencia de materiales, de conjuntos mecánicos completos —y complementarios—; millones de kilómetros de pruebas en las más diversas —y adversas— condiciones dinámicas y climáticas; de verificar hasta el más mínimo detalle en cuestión de seguridad activa (utilización práctica) y pasiva (protección de ocupantes); pinturas exteriores y combinación de tonalidades interiores; análisis de rumorosidad para analizar, tras el paso de los prototipos por la «sala acústica», hasta el mínimo ruidín que emane de su funcionamiento.
En suma, y no es pequeño el reto, capacidad creativa, industrial y productiva para conseguir poner de acuerdo, combinar en armonía, el diseño con la técnica para, al final, cronometrar diez horas… que es lo que, a golpe de eficacia , cada León tarda en fabricarse; en 500 diarios, está actualmente marcado el ritmo productivo de una factoría cuya capacidad puede alcanzar las 2.000 unidades diarias.
Cuatro años y más de cinco mil piezas… nos contemplan.