Diario de León

josé maría fidalgo

el vendedor de sombreros

Lleva desde chaval en una de las tiendas con nombre propio de león. entró a los quince años en la camisería ruiz y allí sigue. los sombreros son su mundo. y sabe lo que vende

bruno moreno

bruno moreno

León

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Ha visto pasar la ciudad y la vida por un cristal de 56 centímetros de ancho que da a la calle Ancha. Allí, en su tienda, un comercio mítico que apenas ha cambiado desde que se abrió. La fecha figura en el contrato de arrendamiento: 29 de septiembre de 1926. Y desde entonces, sigue inalterable. Y hasta se diría que sin cambios. Madera en el mostrador, madera en la fachada, madera en la trastienda. Mucha historia. Muchas historias.

Camisería y sombrerería Ruiz. Sí, claro, la de la calle Ancha. Y en León, qué más hay que decir.

José María Fidalgo lleva allí desde que entró con 15 años como aprendiz. Llevaba los paquetes en bicicleta, nevara o no, a las casas de los clientes. Porque por aquel entonces, a los hombres «les daba cosa» ir cargados. Hay que ver. Claro que tampoco había bolsas, por decir algo en su descargo. Así que las tiendas y las tiendinas —no había súper ni cortesingleses — tenían mozos para envolver en papel de estraza lo comprado y llevarlo a domicilio.

De aquella, Chema Fidalgo cobrara 787 pesetas. Al mes. Mas alguna propinilla. Si se lo cuentan a Bárcenas... Se acuerda aún de los sabañones de las manos, tanto ir en bici calle arriba calle abajo. De aquella, la calle Ancha era más bien estrecha. Tenía asfalto para los coches que subían, asfalto para los que bajaban y dos aceras estrechinas para los abundantes peatones que iban de compras. Cuando se andaba. Hace tiempo. Décadas antes de la crisis.

Fidalgo es desde hace tiempo el dueño de la sombrerería Ruiz. Se la compró a los hijos del fundador, Benigno Ruiz. El señor Ruiz tenía 29 años cuando la abrió, la calle se llamaba de Fernando Merino y el comercio llevaba entrecomillado, «La Casa de las Corbatas».

Dicen que Merino, conde de Sagasta por gananciales, político, ministro y gobernador del Banco de España por carrera, y cacique leonés por costumbre, se paraba delante del escaparate de Ruiz camino de su farmacia, allí también, en la calle Ancha, cuando la vía que trazó el gran Vitruvio en tiempo de los romanos llevaba su propio nombre. El de Merino.

Llegas allí y entras como en otro mundo. Y sin embargo, está lo más nuevo. Perfectamente colocado en las estanterías.

Cientos de sombreros a los que Chema Fidalgo se refiere por su nombre. No son un sombrero, no, son un City Sport, Sombol, Mayser, Balmain, Stetson, Kangol. Y el legendario Panamá.

La clientela de Fidalgo es extensa y variada. En un rato en la tienda entran un caballero octogenario, un chico, una joven y una señora. De sus clientes habla maravillas. Y también de quienes directamente le ayudan a vender aunque estén a veces a miles de kilómetros. Brad Pitt, por ejemplo. Escuchando a Chema Fidalgo, nadie ha hecho más por la sombrerería moderna que el actor. Su gorra de pico pato es trending topic de compras. Aunque en León sigue llevándose la boina clásica, con poco vuelo, menos ostentosa que la vasca, de cuando la provincia era rica, ganadera, agrícola y minera.

Y aunque Pitt no ha estado nunca en la Camisería Ruiz, sí pasaron por allí políticos, actores, intelectuales y cantantes. Y hasta algún jinete al que se relacionó con una infanta de España. Pero de quien Chema Fidalgo guarda un recuerdo imborrable es de la polifacética artista argentina Nacha Guevara, viva reencarnación de Evita Perón cuando traspasó el umbral de la tienda de la calle Ancha. A ella le vendió Fidalgo una pajarita negra, a juego con su traje masculino sobre una inmaculada camisa blanca.

Y recuerda con nitidez el concierto que dio en León Joaquín Sabina. Nunca en su vida vendió tantos bombines.

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